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La danza española regresa al Liceu

Un programa doble del BNE de marcado contraste despide el curso del Gran Teatre

Pablo Meléndez-Haddad

Un momento de la coreografía ’Zaguán’, de Anrtonio Najarro. 

Un momento de la coreografía ’Zaguán’, de Anrtonio Najarro. 

El Ballet Nacional de España (BNE) regresa al escenario del Liceu después del éxito alcanzado en 2015 con ‘Sorolla’. La noticia no se centra solo en el programa doble que se presentará hasta el 3 de agosto, sino también porque marca la despedida de Antonio Najarro como director de la compañía en los últimos ocho años, al haber agotado el mandato.

Para tan especial ocasión se han escogido dos de las coreografías más exitosas del director, 'Zaguán' y 'Alento' –estrenadas en Madrid en junio de 2015–, ejemplos del giro que Najarro impuso en estos años al frente del BNE en el que fusionó su especial concepción del flamenco tradicional con diferentes corrientes de la danza, con especial acento en el patrimonio dancístico español. En rueda de prensa afirmó que abandona el cargo “con una sensación muy grande de satisfacción” y apuntó estar convencido de haber logrado “dar visibilidad a la danza española y al ballet de España, posicionándolo en un lugar de excelencia”.

Tradición y modernidad 

El programa de amplio espectro y marcado contraste comienza con ‘Zaguán’, sobre música del guitarrista y compositor Jesús Torres –especialista en acompañamiento para bailarines–, de corte flamenco y que aúna el arte de diferentes creadores contemporáneos como son Mercedes Ruiz, La Lupi y Marco Flores, pero que no deja de mirar la tradición al incorporar esa ‘Soleá del mantón’, de Blanca del Rey. La obra cuenta con la dramaturgia de David Picazo, la iluminación de Nicolás Fischel y figurines de Yaiza Pinillos.

Un momento de 'Alento', pieza basada en la música del argentino Fernando Egozcue.  / FERNANDO MARCOS

‘Alento’ es una creación de Najarro sobre música del compositor y guitarrista argentino Fernando Egozcue –con Manuel Coves al frente de la Simfònica del Vallès–, en la cual la base de danza clásica española se mezcla en “una mirada muy personal” inspirada por una partitura en la que incluso se atisba el tango. El vestuario lo firma la catalana Teresa Helbig y el diseño de iluminación es de Nicolás Fischel.

La nota agridulce de la marcha de Najarro, que se reincorporará a su propia compañía, está en la precariedad de muchos de los bailarines que conforman el BNE. Según afirmó, en estos años se ha tenido que enfrentar “a unas condiciones en los contratos que no soy yo el que las decide” y que no duda en calificarlos de “precarios”.

Temas: Música