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MÚSICA CLÁSICA

Un Wagner mudo en el Liceu

La Simfónica del Liceu interpreta `El Anillo sin palabras¿ de Lorin Maazel

Pablo Meléndez-Haddad

Josep Pons, al frente de la Simfónica del Liceu. 

Josep Pons, al frente de la Simfónica del Liceu.  / A. BOFILL

De entre los arreglos y composiciones que realizara el recordado director de orquesta y compositor estadounidense de origen francés Lorin Maazel, su ‘Anillo sin palabras’, un extracto orquestal del ciclo ‘El anillo del nibelungo’ de Richard Wagner, continúa teniendo plena vigencia. Así lo demostró Josep Pons al mando de la Simfònica del Liceu en el último programa de la temporada que acabó con una gran ovación.

Maazel –autor de la ópera '1984' basada en la novela homónima de George Orwell–, cogió la monumental gesta wagneriana con la idea de transformar en una pieza de concierto las partes instrumentales de la 'Tetralogía'integrada por cuatro obras que en total suman más de 15 horas de música reduciéndolas a algo más de hora y cuarto. Pero Maazel fue más allá de lo que habría hecho cualquier arreglista, ya que no se limitó a crear una simple 'suite' orquestal, sino que también modificó el orden de las diferentes secciones según su propio discurso dramático y reorquestó pasajes en los que la voz cantada tenía protagonismo en la obra de Wagner. Como resultado consiguió un discurso del todo coherente y un buen resumen articulado de los muchos motivos musicales de la obra sin caer en repeticiones excesivas.

Esencia de tetralogía 

Creado en 1987 para la Filarmónica de Berlín, su ‘Anillo sin palabras’ mantiene la esencia de la gran obra del compositor alemán sacándole partido a los momentos más conocidos y populares del ‘Anillo’ original, y la Simfònica del Liceu supo sacar brillo a este friso fantástico al mando de su titular con una maderas y una percusión especialmente inspiradas, al igual que la cuerda grave. Pons fue midiendo la lectura con inteligencia y adecuada intencionalidad, llegando cómodo a los diversos clímax y vertebrando de este modo, y de la mejor manera, su interpretación, aunque para más de uno de los wagnerianos acérrimos que asistieron a la velada faltó algo de contundencia y de decibelios. Con Wagner se suelen cargar las tintas, pero la obra del compositor es mucho más que potencia desmedida.