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DANZA EN EL FESTIVAL GREC

Cesc Gelabert baila un solo con el cuerpo "al límite"

A sus 66 años el veterano coreógrafo estrena en el Mercat de les Flors 'Framing time', una obra inspirada en música de Morton Feldman

Marta Cervera

Cesc Gelabert, en un momento de ’Framing time’. 

Cesc Gelabert, en un momento de ’Framing time’.  / RAMÓN EGUIGUREN

A sus 66 años Cesc Gelabert (Barcelona, 1953) se resiste a dejar las tablas. El bailarín y coreógrafo nunca se cansa de ponerse a prueba. Lo ha hecho toda su vida. Este miércoles estrena en el Mercat de les Flors, dentro del Grec, otro solo, 'Framing time'. Se trata de una pieza muy personal y compleja que ya bailó en Nueva York el pasado otoño.

El espectáculo se realizó gracias a su alianza con el centro del aclamado Barishnikov y se inspira en la música minimalista de Morton Feldman 'Triadic Memories', que interpreta al piano en directo Pedja Muzijevic. La coreografía destila algunos de los movimientos más característicos de Gelabert, que los conjuga con la música de Feldman y la iluminación, diseñada por Burke Brown, otro elemento clave, como también lo es un elemento escultórico con el que juega el intérprete.

Laboratorio para explorar

"Los solos han sido mi laboratorio, me sirven para explorar cosas", declara. En este, lo difícil es encajar los movimientos con una música tan peculiar, disonante y repetitiva. Aunque, por suerte, Muzijevic interpreta la pieza en, aproximadamente, 50 minutos. Para Gelabert 'Framing time' es un poco un compendio de su trabajo. "En él hay movimientos que he hecho toda mi vida". Y acto seguido une sus brazos, se levanta y lo muestra haciendo esa curva zigzagueante ascendente con ellos. La danza le sale por los poros. Aunque, admite, el cuerpo ya no es el mismo. A sus 66 años sabe que el adiós a los escenarios está cada vez más cerca. "El cuerpo está al límite", reconoce. Pero cuando baila siente una paz interior que le hace olvidar todo lo demás. En escena se concentra y se deja llevar. "Bailar es muy satisfactorio. Siento que aprovecho la experiencia y tengo una claridad interior muy útiles a la hora de comunicar con el público. Hay menos interferencias".

Presencia

A la hora de valorar su carrera resume: "Más que preocuparme en desarrollar mi propia escuela de danza me he centrado en tener una presencia". Recuerda que, cuando acabó la mili, había la escuela Limón, la Cunningham, la Graham... pero a él le interesó beber de todos y desarrollar su propia personalidad, la base de todo artista. "No solo yo. Aquí en Catalunya ha habido muy buenos profesionales pero no hemos estado adscritos a ninguna escuela. Cada compañía que hay o ha habido tiene su estilo. Aún así, siendo diferentes, hay algo que nos une a todos. Creo que se puede hablar de un sello 'Made in Barcelona'".

La libertad, la experimentación, la apertura de miras están en su ADN, como ya demostró en su último trabajo estrenado en el Teatre Nacional de Catalunya (TNC). "En él, partí de algo que no había hecho nunca. Un trabajo donde todos teníamos voz desde el primer momento, construido entre todos, sin jerarquías entre el intérprete, el músico, el iluminador...". 

Gelabert podría estar hablando horas de danza, a pesar de lo maltratada que está en España. "Aquí las nuevas generaciones buscan salir fuera, tener contactos en Europa y trabajar allí". No es extraño teniendo en cuenta lo mucho que han bajado las contrataciones en los últimos años en nuestro país. Su compañía, sin ir más lejos, tuvo que dejar su local de toda la vida. Quizá por ello, además de su múltiples proyectos, está enfrascado en un libro donde plasmará todas sus ideas. Su título invita a soñar: 'El que m'agradaria que fos la dansa'. Podría leerse como el testamento de un profesional con una extensa trayectoria. Desde que dejó Arquitectura para crear contrucciones efímeras con su cuerpo ha elaborado 150 coreografías. "El libro recoge mis pensamientos sobre la danza, desde la perspectiva del arte, pero también de la vida".