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FESTIVAL DE MÚSICAS AVANZADAS

Los heterodoxos reinan en el Sónar

La californiana Holly Herndon, con 'PROTO', espectáculo que integró la inteligencia artificial, y la siria KÁRYYN, con su turbulenta propuesta electrónica, destacaron en la segunda jornada del festival

Jordi Bianciotto

Ambiente y público en la segunda jornada del Festival Sonar 2019

Ambiente y público en la segunda jornada del Festival Sonar 2019 / FRANK VINCENT

Después de la música hecha por seres humanos, y la facturada con toda clase de artefactos electrónicos, llega la música creada por máquinas que piensan. Ella se llama Spawn y es una pequeña criaturaprovista de inteligencia artificial,de la cual se sirvió la intrépida artista californiana Holly Herndon para ampliar la paleta sonora de su espectáculo ‘PROTO’, una de las propuestas más intelectualmente estimulantes y a la vez bellas de este viernes en el Sónar.

Con ‘PROTO’, título del nuevo disco de Herndon, la ciencia se hizo espectáculo majestuoso de la mano del artificiero digital Matt Dryhurst y de un coro de cinco integrantes que construyó una celestial amalgama que podía hacer pensar en unas voces búlgaras en versión miniaturizada. Composiciones levantadas sobre andamios de ingeniería electrónica y envueltas en un aura poética, que se reservó incursiones ‘a cappella’ y desprendió señales humanistas con vestigios de remotos ritos litúrgicos. No pareció, pues, que Herndon desee minimizar el papel del ser humano en las artes ni que sitúe a la máquina en un plano superior: trató a Spawn, la criatura, como a un miembro más de la familia y contó con ella para que, en uno de los temas, procesara y creara “un nuevo modelo vocal” a partir del canto del público.

Bellas pesadillas electrónicas

Otra de las figuras del día tuvo igualmente que ver con esas periferias artísticas en las que el Sónar pone este año uno de los acentos. Hablamos de la artista siria, afincada en California, KÁRYYN, amiga de The XX y de Björk, con quien, por lo visto, cruza influencias de ida y vuelta. Algo del halo de la islandesa se pudo percibir en esas canciones suspendidas entre claroscuros, con su voz entre el balbuceo y el quiebro catatónico, acompañadas de riegos electrónicos un tanto alarmistas, con microcirugía ‘glitch’ y arrebatos industriales. Belleza convulsa, con memoria tormentosa, en la que, quizá, sobrevuelen los fantasmas de su maltratado país de origen, y que mantuvo al público que llenó el auditorio del SonarComplex pegado a las butacas.

Actuación de Virgen María en el Sónar / efe / ENRIC FONTCUBERTA

Más canónico fue el pase electrónico de SebastiAn, el músico y productor francés que estuvo detrás del último álbum de Charlotte Gainsbourg, ‘Rest’, entre otras valiosas misiones. Tiene un disco nuevo en camino, ‘Thrist’, que saldrá a la venta en octubre, ocho años después de su debut, y lo adelantó en el festival. Temas como el que da título al trabajo, con los que SebastiAn se alejó del synth-pop melancólicode su musa y tiró de texturas más gruesas y invasivas, con reflejos de electro-house suficientemente musculosos para retener al público que llegó a llenar el SonarHall. Espectáculo sin espectáculo, con estética de ‘dj’ a palo seco, un aspecto este que en el Sónar, donde hay tanta fantasía plástica, pudo generar desilusión.

Rap y arpegios de piano

También de Francia vino Lomepal, alias de Antoine Valentinelli, tipo rudo con corazón de oro, rapeando con vigoroso ‘flow’ y cantando sobre aplicadas melodías al piano con resonancias clásicas. De su segundo y último disco largo, ‘Jeannine’, salieron canciones propensas al drama pop como la muy estimable balada pirómana ‘Tropbeau’. Y en la atiborrada y festiva plaza mayor del Sónar, es decir, el Village, hubo menús más luminosos y, sobre todo, bailables, y no a base de bagatelas precisamente: honores para el japonés Dj Krush, pionero del trip-hop instrumental con álbumes de cabecera como ‘Meiso’ (1995), y un presente moderadamente inquieto, el de ‘Hip-hop generation’, portador de doctos ‘beats’ atemporales.

Pero la segunda jornada de Sónar fue otras muchas cosas, como el escenario de la ‘performance’ de Los Voluble, viejos colegas del Niño de Elche ya conocidos en el festival, con sus recursos maquinales y sus proyecciones activistas: imágenes de Inés Arrimadas, en el Día del Orgullo LGTBI, de Madrid, solapadas con un persistente “dame más gasolina”, del éxito de Daddy Yankee. Y el plató para las fantasías techno un tanto hardcore de Virgen María, descarriada identidad escénica de María Forqué (hija de Verónica Forqué),relamiéndose con el cruce de sexo y religión de su epé ‘G. O. D.’, bendita ecuación que no se agota.

Temas: Sónar