Ir a contenido

CRÓNICA

Peralada estrena un 'Tirant' de mirada posmoderna

Joan Magrané presenta su cuarta ópera en el festival ampurdanés

Valèria Gaillard

Escena del Tirant de Magrané, en Peralada. 

Escena del Tirant de Magrané, en Peralada.  / TOTI FERRER

“Debemos apostar por la nueva creación porque, de otro modo, en 30 años, no tendremos óperas”. Christina Scheppelmann, directora artística del Gran Teatre del Liceu presentaba con esta advertencia la primera ópera contemporánea coproducida con el Festival Castell Peralada'Diàlegs de Tirant e Carmesina'. La sensación de estar dando otra vuelta de tuerca más en materia lírica flotaba en el ambiente el día de su estreno, el jueves pasado en Peralada, una cita que no se perdió la 'consellera' de Cultura, Mariàngela Vilallonga, así como tampoco los compositores Héctor Parra o Albert García Demestres.

De entrada, el trío estelar formado por Joan Magrané (compositor), Marc Rosich (dirección de escena) y Jaume Plensa (espacio escénico) prometía una noche sugerente y -digámoslo ya sin demora- el Tirant fue recibido con gran entusiasmo por parte del público. El mérito se lo llevaron sobre todo los jóvenes cantantes: la mezzosoprano Anna Alàs i Jové, la soprano Isabella Gaudí y el barítono Josep-Ramon Olivé.

Juego de relaciones

Alàs, de gestualidad poderosa y persuasiva, interpretó dos papeles simultáneamente (Viuda Reposada/Plaerdemavida), matizando su voz según si era una u otra. Gaudí, que debutaba en Peralada, fue dando volumen a una Carmesina que se debatía entre la virtud y el deseo. L’ECHO Rising Star Josep-Ramon Olivé encarnó un Tirant candoroso, justo lo que pide este papel, sin duda el más desagradecido de estas “variaciones” de la novela caballeresca de Joanot Martorell. Rosich, que ya había llevado a escena la novela con Calixto Bieito, se ha centrado en la relación de seducción entre los dos jóvenes, cuyo traje blanco, solo atravesado -en el caso de Tirant- por un rastro rojo del destino, delata su pureza de alma. Dos enamorados, en definitiva, que se ven manipulados cual marionetas por la miserable Viuda Reposada, pero también por la dionisíaca Plaerdemavida. 

La puesta en escena, muy minimal, potencia el juego de relaciones entre estos cuatro personajes encerrados en sus laberintos. Plensa, que no pudo asistir al estreno, jugó con el concepto ventana –luz y sombra, verdad y mentira–, con unas "finestres" perfiladas de neón rojo que se van encendiendo a medida que avanza el 'in crescendo' dramático de la obra. 

Ingenioso vestuario

Cabe destacar el vestuario, a cargo de Joana Martí, que gestiona con ingenio el doble juego Viuda/Plaerdemavida, así como resuelve escenas delicadas con belleza y poesía. Por ejemplo, el polivalente camisón blanco y sedoso de Carmesina, cuya cola se ensancha hasta convertirse en una sábana tras la cual los amantes consuman el “breve” y tan deseado acto sexual. Cuando Tirant, a su regreso de la guerra, muere en brazos de Carmesina, en las ventanas se puede leer “UTOPÍA".

La cuarta partitura operística de Magrané, compositor en residencia en el Palau de la Música, define musicalmente cada personaje en una amalgama plástica de influencias dispares y, con sus disonancias inquietantes, abre la grieta que proyecta una mirada posmoderna al texto de Martorell, casi feminista y atravesada por el humor. 'Diàlegs de Tirant e Carmesina', una propuesta de Òpera de Butxaca i Nova Creació, se podrá disfrutar de nuevo en el Foyer del Liceu en febrero.