CRÍTICA DE LIBROS

'Degenerado' de Ariana Harwicz: alegato final

La escritora argentina da voz a un pedófilo asesino y se arriesga escribiendo contra la Historia

La escritora argentina Ariana Harwicz.

La escritora argentina Ariana Harwicz.

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Ricardo Baixeras
Ricardo Baixeras

Crítico literario

Especialista en en literatura latinoamericana

Escribe desde Barcelona

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 “La mente es como un trineo inmundo que nos arrastra por malos caminos dejando huellas para que nos atrapen”. Así da inicio este texto degenerado, violento, salvaje, celiniano y beckettiano, de imposible lectura para oídos finos -abstengánse también moralistas- y que plasma la voz corrupta de un pedófilo acusado de matar a una pequeña. En una novela de poco más de 100 páginas Ariana Harwicz (Buenos Aires, 1977) ha sabido mostrar el alegato final de un hombre hacia su propio destino, pero el texto supera esta primera lectura. Porque 'Degenerado' pretende también “escribir contra la Historia… contra los jueces que designan la Historia, hay que escribir todo al revés”. La lengua tampoco goza de la imposible absolución, la lengua culpable, la lengua indecente, soez, impúdica gozosa de lo impuro.

Incrustar la mente del lector en el mismísimo corazón mental de un incestuoso asesino bastaría para convertir esta novela en algo más que una de tantas novedades editoriales. Si no fuera suficiente sepan que Harwicz ha sabido delinear el “deseo último, el más intestinal, el único deseo genético [que] es haber vivido ese fantasma”. Haber vivido, entonces, que hay una distancia sideral entre la escritura y lo real, sea lo que fuere porque “escribir no prueba nada del hombre que escribe. Lo que escribe uno no lo escribe. Escribir no es vivir. Vivir no es nada”.

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Por su pequeña ambición, este texto es un aviso del talento que ya está por venir: despiadado, épico en su pequeñez y sabiendo que la sed de mal mueve montañas y que el infierno son los otros.