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CRÍTICA

Purcell revive en el Palau

El Cor Jove del Orfeó Català luce todo su potencial en `Dido & Aeneas¿

Pablo Meléndez-Haddad

Un momento de la interpretación de ’Dido & Aeneas’ 

Un momento de la interpretación de ’Dido & Aeneas’ 

El Ciclo Coral Orfeó Català, en asociación con el Grec 2019, recuperó este montaje de la ópera de Henry Purcell ‘Dido & Aeneas’, una coproducción con Òpera de Butxaca i Nova Creació estrenada en 2013 y que ya se había repuesto en 2015 debido a su especial utilidad pedagógica para foguear adecuadamente a un coro –de fundamental peso específico en la obra– en los avatares de un escenario operístico. Por eso mismo esta vez el protagonismo se volvió a centrar en el Cor Jove del Orfeó, cuyos entusiastas integrantes supieron moverse con aplicación ante las propuestas del director de escena del espectáculo, Marc Rosich. Esteve Nabona, director del grupo coral, llevo con comodidad y adecuada tensión teatral la batuta de esta breve pero deliciosa ópera en un prólogo –hoy perdido– y tres actos que puede considerarse como uno de los grandes aportes de Purcell, el más importante de los compositores ingleses que se dedicaron a la lírica anteriores a Benjamin Britten.

Este sencillo y eficaz montaje, en un Petit Palau repleto, supo subrayar en las cualidades dramáticas y expresivas de la obra ayudándose de las proyecciones videográficas de Aleix Viadé y de la iluminación que firma Sylvia Kuchinov. Nabona, con gesto claro y excelente sentido del lenguaje musical –contrastando, matizando, siempre atento– se puso al mando de un reparto compacto que incluía nombres como los de una correcta Elisenda Arquimbau como la triste Dido abandonada, un poderoso y sonoro Pau Bordas como el aventurero y rompecorazones Aeneas, una ágil y expresiva Serena Sáenz en el papel de Belinda, un todavía en ciernes Alberto Baena como Sorceress –fueron demasiadas las notas poco afinadas–, una voluntariosa Anna Niebla interpretando a la Segunda mujer, con Amalia Cuena y Txell Sánchez como las brujas principales, a quienes se unieron diversos solistas del Cor Jove como marineros, cortesanos y brujas. La parte instrumental corrió por cuenta de la orquesta barroca Ars Musicae de Mallorca, un conjunto solvente que conoce muy bien la obra y que contó con Bernat Cabot como concertino. El Cor Jove supo adecuarse a su papel protagonista con un canto uniforme y equilibrado en todas sus cuerdas, muy en su estilo.