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AMBICIOSA MUESTRA

La historia está en Dalí

Con la ayuda de la Fundació Gala-Salvador Dalí, el Grimaldi Forum de Mónaco dedica su gran exposición monográfica de verano al genial pintor de Figueres en el 30 aniversario de su muerte

Mauricio Bernal

 ’Dalí, una historia de la pintura’,  en el Grimaldi Forum de Mónaco.

 ’Dalí, una historia de la pintura’,  en el Grimaldi Forum de Mónaco. / JC VINAJ

Hay una línea directa y a la vez tortuosa que conecta el 'Paisaje del Empordá', pintado en 1916, con 'Copia de un Rubens copiado de un Leonardo', pintado en 1979, y esa línea se llama Salvador Dalí. El genial pintor de Figueres es objeto de la gran exposición de verano en el Grimaldi Forum de Mónaco y las comisarias de la muestra han hecho el esfuerzo de anteponer la obra al personaje, la pintura a la anécdota, a resultas de lo cual pasan estas cosas: que el espectador se puede deleitar con el placer de caminar junto al artista desde el principio hasta el final, o sea, desde que era un joven con inquietudes en su Empordà natal hasta que en su Empordà natal se fue preparando para recibir a la negra dama, tantos años después. Enfermo pero inmortal. No es casualidad que la exposición se llame como se llama. 'Dalí. Una historia de la pintura'.

La muestra proclama que se puede mirar la historia de la pintura mirando la historia de la pintura de Dalí

Pero no se llama así solo por eso: se llama así porque Dalí más allá de su propia historia es en sí mismo historia de la pintura, del modo en que solo puede serlo un artista conectado con su tiempo, pero también con su pasado. El gran pilar que según la comisaria Montse Aguer sostiene la muestra es "la relación de Dalí con la historia del arte", "tanto con sus contemporáneos como con sus maestros del pasado", lo que hace que la exposición extienda sus tentáculos sobre nombres y corrientes que de un modo u otro formaron parte de la vida artística de Dalí, y por ahí desfila todo: el impresionismo, las vanguardias europeas, la abstracción, los americanos –con Warhol a la cabeza–, pero también Vermeer –su querido Vermeer–, y Velázquez, y Picasso, y Rafael. La exposición proclama: se puede echar un vistazo a una parte de la historia de la pintura entendiendo la historia de la pintura de Dalí.

Inauguración real

'Dalí. Una historia de la pintura' está llamada a ser el gran acontecimiento expositivo del verano en Mónaco, en este Grimaldi Forum que desde su apertura en el año 2000 ha acogido una gran exposición monográfica en los meses efervescentes de la Costa Azul.  Warhol en el 2003, Picasso en el 2013, Bacon en el 2016. Los pendones con las cuatro letras están por todas partes. El príncipe Alberto de Mónaco presidió este viernes la inauguración. Se llegaba así al final de un camino que empezó cuando la institución monegasca se puso en contacto con la Fundació Gala-Salvador Dalí para expresar su deseo de conmemorar con una gran exposición el 30º aniversario de la muerte del pintor. Fue una conjunción de intereses. Montse Aguer, directora de los museos de la fundación, ha comisariado la muestra. La curadora de la fundación, Laura Bartolomé, es la comisaria adjunta. La exposición ha dispuesto de hasta 3.000 metros cuadrados para explayarse en su relato e incluye más de 160 piezas entre pinturas, dibujos y fotos, con material de la fundación, el Museo Reina Sofía, el Museo Dalí de San Petersburgo (Florida) y una colección particular.

La exposición incluye más de 160 piezas entre pinturas, dibujos y fotografías, principalmente

Puede que no estén las obras famosas de Dalí que todo ferviente del pintor de Figueres espera encontrar en una exposición suya, las icónicas, pero la ambición de la muestra no es la suma de grandes éxitos. Pertenece más al orden de lo sutil: "En cierto modo es una reivindicación de cómo Dalí se ve a sí mismo como pintor", dice Bartolomé. En este contexto son fundamentales los '50 secretos mágicos' que el artista publicó en 1948, tratado sobre la pintura impregnado de la voluntad de alumbrar un volumen técnico a la vez que filosófico. Fue un momento cumbre: entonces, Dalí sintió que era lo que había querido ser siempre, un clásico, y a partir de entonces lo proclamó. Era inmortal. Ese año, al volver a Portlligat después de su extensa aventura americana posó para la cámara junto a su padre sosteniendo orgulloso un ejemplar del nuevo libro. Tremendo. Cómo llegó ahí y lo que ocurrió después, lo cuenta la exposición.