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HOTEL CADOGAN (3)

La Duras, el Mekong y el deseo

La escritora hizo de la Indochina francesa donde nació en 1914 el lecho de su escritura

Olga Merino

Marguerite Duras.

Marguerite Duras.

Paseábamos el otro día con Graham Greene por el Saigón colonial, y en ese territorio, en la ciudad pútrida, repleta de vicios prohibidos, resulta imposible esquivar el fantasma de Marguerite Duras, quien hizo de la Indochina francesa, donde nació en 1914, el lecho de su escritura. Cada una de sus páginas nace allí, entre los arrozales, las selvas y la soledad. Su manantial brota en la niña que fue, colona pobre, "más vietnamita que francesa, siempre descalza, sin horarios, sin modales, habituada a contemplar el largo crepúsculo sobre el río, la cara quemada por el sol". Ah, la Duras. El pitillo, el cárdigan, las gafas de pasta grandes, como si acabaran de prestárselas.

Su infancia entera es líquida, agua por todas partes: los manglares, el lodo rojizo, el delta, bandadas de niños flacuchos, embadurnados de azafrán contra los mosquitos, sobre todo, el río. Si la obra de la escritora francesa pudiera sintetizarse en una fotografía, en una sola gota de ámbar, el insecto atrapado sería sin duda el encuentro entre la colegiala de 15 años -sombrero de hombre, zapatillas de baile de lamé dorado- y el chino rico de la limusina, ambos a bordo del transbordador que atraviesa un brazo del río Mekong, en la calima húmeda del deseo. Una imagen indisociable ya de la película de Jean-Jacques Annaud, aunque luego la escritora se enojara con el cineasta y renegase incluso de su propia criatura, la obra que la inspiró: 'El amante' (1984). Dijo que era "una mierda", una novelita de quiosco; que la escribió borracha.

Tampoco había para tanto, pero las estanterías del Hotel Cadogan, sus baldas de caoba victoriana -'mahogany', qué bien suena-, no conservan ejemplar alguno de 'El amante', sino de una obra anterior, publicada aquí, cómo no, por Tusquets, que anda celebrando medio siglo de feliz alumbramiento. Se trata de 'Un dique contra el Pacífico' (1950), la semilla de todas las semillas, la novela donde irrumpe por primera vez el personaje de la madre, esa viuda desesperada en el empeño inútil de salvar las tierras anegadas. La madre que 'empuja' a la niña a los brazos del amante que los saque de la ruina. Ella, la Duras, tuvo que construirse otro dique: "Escribir ha sido siempre lo único que llenaba mi vida, lo único que me separaba de la locura".