19 sep 2020

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LAS MEJORES CANCIONES DE AMOR (3)

El amor paterno según Warren Zevon

El cantautor estadounidense da una visión negrísima del asunto en 'Lawyers, guns and money'

Ramón Vendrell

Warren Zevon.

Warren Zevon.

Ni en el caso (improbable incluso cuando ambos estaban vivos, dicho sea de paso) de que los amantes se llamaran Rocío Jurado y Bambino tendría el amor de pareja la fuerza del amor de mamá y papá por sus hijos. Tampoco es comparable el amor a Dios, al menos desde que los fieles no se dejan asar a la parrilla por Él, como hizo san Lorenzo. Tan poderoso es el amor materno y paterno que sobre él reposa una injusticia flagrante y sin embargo intocable, el verdadero núcleo del 'statu quo', no otra que la herencia (a su vez la única explicación de la existencia de la propiedad privada). El principal motivo de desigualdad en el mundo no hay político que lo cuestione porque hacerlo sería exponerse a terminar como san Lorenzo. Por si no fueran suficientemente dañinos ese amor irracional y, sobre todo, sus consecuencias, los hijos se aprovechan de mala manera. Es lo que cuenta Warren Zevon en 'Lawyers, guns and money' (1978).

El narrador de esta canción en primera persona es un calavera al que se le complica la vida cuando se lleva a una camarera a la cama («como suelo hacer», farda). «¿Cómo iba a saber / que ella estaba con los rusos?», se pregunta misteriosamente. 

El crápula nos da información escasa, aunque sugerente: «Estaba apostando en La Habana» y «ahora me escondo en Honduras». Nada más sabemos de él.  Lo importante, en cualquier caso, es lo que hace en una situación crítica un sujeto al que imaginamos con más de un tiro pegado. Le pide a su padre: «Manda abogados, armas y dinero». Estribillo imbatible. Ni se le pasa por la cabeza pedirlo por favor. ¿Por qué va hacerlo, si sabe que el amor de su padre, sin duda un hombre acaudalado, hacia él es infinito, entre otras cosas porque una de sus prioridades vitales, quizá su prioridad vital, es dejarle una herencia?

Por increíble que parezca 'Lawyers, guns and money' no es la mejor ni la más negra canción de 'Excitable boy', disco al que pertenece. O no claramente.