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CRÓNICA

Ramon Mirabet, por tierra, mar y aire en Pedralbes

El músico de Sant Feliu de Llobregat mostró su cara más espectacular vistiendo sus canciones con arreglos orquestales y coros infantiles

Jordi Bianciotto

Ramon Mirabet, en su actuación en el Festival Jardins Pedralbes

Ramon Mirabet, en su actuación en el Festival Jardins Pedralbes / SERGI PARAMÈS

En su tercer disco, ‘Begin again’, haciendo honor al título, Ramon Mirabet practica un giro drástico y deja atrás la estética del cantautor con ocasionales guiños a Nueva Orleans para sumergirse en un paisaje pop en busca de profundidad emocional. Pensando en grande, como si su propósito fuera asaltar los sentidos del oyente por tierra, mar y aire, el músico de Sant Feliu de Guíxols envolvió sus canciones este jueves en el Festival de Pedralbes con frondosos arreglos de cuerda y masas corales infantiles.

Se trató de la puesta en escena que Mirabet ofreció el pasado abril en el Palau, presentada en aquel momento como única y que se prestó a repetir por una vez. Arropando a su banda, ya de por sí amplia (siete músicos), ocupó el fondo del escenario la orquesta de veinte músicos de cuerda dirigida por Marc Timón, un especialista en esta clase de misiones, a quien últimamente hemos podido ver dando cobertura a Maldita Nerea o en los conciertos ‘dance’ de 25º aniversario de Flaix FM.

Lírica reconfortante

Arreglos sedosos en el arranque de la noche con el ‘crescendo’ revelador de ‘Just so real’, una canción que pregunta al oyente qué pasaría con su vida si se liberara de sus miedos y actuará atendiendo a sus instintos. Mensaje en línea con un álbum que apunta a los nuevos comienzos, a valorar las cosas auténticas de la vida, a apreciar los vínculos afectivos… ‘Literatura Mirabet’ con efectos reconfortantes y facturada, como es común en su obra, en inglés, lo cual convierte al cantautor en un caso único de triunfador en casa cantando en esa lengua.

El nuevo disco marcó la pauta a través del dinamismo de ‘Riptide’, con cuerdas peliculeras, y piezas con quiebros dramáticos como ‘The feast and the bones’ o la bastante digna de Coldplay ‘Things that often come to stay’. De ahí a otros registros: la densidad ambiental jamaicana de ‘Man next door’ (la pieza que Massive Attack grabó en ‘Mezzanine’) y las repescas de etapas anteriores, del lirismo con ‘pedal steel’ de ‘Happydays’ al exotismo hawaiano de ‘For the lady’. Y en ‘Come as you are’, dos coros de una veintena de niños cada uno, multiplicando la épica.

Mirabet disfruta del escenario y de los diálogos instrumentales, si bien alargar las canciones no siempre las hace mejores. En el clímax de la noche, después de lucir ‘a cappella’ su voz quebrada y soul en la nana ‘Este niño chiquito’, la espectacularidad parecía ser la meta, con los coros gospelianos de ‘Wake up’ y, en fin, los cerca de setenta efectivos de la noche entregándose a los ‘hits’, ‘Home is where the heart is’ y ‘Those little things’, tirando la casa por la ventana ante un público que no podía hacer más que dejarse llevar.