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CRÓNICA DE MÚSICA

Gustavo Dudamel emociona en el Palau

El director venezolano conmueve con su Mahler ante la Filarmónica de Múnich y el Orfeó Catalá

Pablo Meléndez-Haddad

Gustavo Dudamel & Orfeó Català i Cor de Cambra, en el Palau de la Música

Gustavo Dudamel & Orfeó Català i Cor de Cambra, en el Palau de la Música / A. BOFILL

Lleno total, entradas agotadas, retransmisión en directo en ‘streaming’ y grabación para ofrecerlo por televisión en varios países... El regreso de Gustavo Dudamel a la temporada del Palau de la Música Catalana se transformó en todo un acontecimiento. Es lo que tienen las estrellas mediáticas como el joven y consagrado director venezolano, más todavía si está al mando de una de las mejores orquestas del mundo como es la de los Filarmónicos de Múnich interpretando a Mahler y, además, junto al Orfeó Català... En esta primera parada de una breve gira que también llevará a los artistas a Madrid, Mallorca y Múnich con la ‘Segunda Sinfonía, Resurrección’, del genio mahleriano, resultó ser una fantástica conjunción de astros que ofreció sobre el escenario de Domènech i Montaner una interpretación memorable que se refrendó con más de diez minutos de ovaciones.

Y es que ya en los primeros compases Dudamel mostró sus cartas, cargando las tintas para subrayar los contrastes y así brindar ductilidad y crear los efectos dramáticos a los que se presta esta impresionante partitura. Mahler y su inmenso y misterioso mundo interior, así lo permiten en esta obra de renuncia y de –probablemente– vana esperanza. Dudamel arrancó su enfoque con un sentido de marcha fúnebre profundo, denso, para después dar paso a un segundo movimiento grácil y casi bailable. Los planos sonoros aparecieron siempre en su sitio y el maestro –sin partitura, ‘of course’–, subrayaba las indicaciones de expresión, dinámica y agógica para crear su propia versión, extrovertida e impactante.

Conteniendo el aliento

Impresionó el detallista trabajo en cada una de las secciones, toda una vivencia sonora en la que las melodías saltaban de una familia a otra con gran flexibilidad para llegar al ‘Urlicht’ casi sin solución de continuidad. La obra, que bebe de la colección de ‘Lieder’ del ciclo ‘Des Knaben Wunderhorn’ (‘El cuerno maravilloso del muchacho’) contó con la mezzosoprano Tamara Munford, quien aportó un canto muy sentido y una voz profunda y bien coloreada sobre todo en los graves, su punto fuerte a pesar de no ser una contralto, que es lo que indica el autor. El público contuvo el aliento ante ese canto de extrema belleza, una de las páginas más conmovedoras de toda la producción de Gustav Mahler.

El espectacular movimiento final fue toda una fiesta, con un Dudamel igual de desbocado que el ‘padre’ Mahler, consiguiendo de ambas solistas –entonces se unió la soprano Chen Reiss–, del centenar de músicos y de los más de cien ‘cantaires’ del Orfeó extremadamente controlados –y sin olvidar a la eficaz banda interna, de equilibrado sonido– una prestación impresionante en la que se valoraron silencios y fortísimos por igual. El público, enloquecido, agradeció el monumento degustado con igual generosidad que el que caracterizó la interpretación. Toda una experiencia