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CRÓNICA DE ÓPERA

La gran 'Tosca' de Liudmyla Monastyrska

La soprano ucraniana triunfa en su regreso al Liceu con su interpretación del personaje protagonista de la ópera de Puccini

Pablo Meléndez-Haddad

Liudmyla Monastyrska y Jonathan Tetelman, en ’Tosca’

Liudmyla Monastyrska y Jonathan Tetelman, en ’Tosca’ / A. BOFILL

Regresó al Liceu la popular ‘Tosca’ de Puccini, y lo hizo en el montaje de Paco Azorín para el Gran Teatre y el Maestranza sevillano que tanto le debe a la excelsa iluminación de Pedro Yagüe. La propuesta escénica una vez más dio muestras de su magia teatral, con un primer acto muy conseguido que mira a una Roma atemporal y que encuentra en el cuidado vestuario del fallecido Isidre Prunés y de Lluna Albert el necesario anclaje en la historia y en el tiempo. El homenaje al teatro y a las bambalinas que plantea Azorín –la escenografía es del propio director de escena– toma rasgos más atrevidos en el segundo acto para concluir soltándose el pelo en el tercero, con Cavaradossi fusilado en un espacio escénico pleno de poesía y Tosca lanzándose al vacío no del Castillo de Sant' Angelo, sino de su propia escenografía tirada por tierra.

La dirección de actores subraya todo lo que tiene de intimista esta ópera de tintes ‘veristas’, consiguiendo que la narración nunca caiga en el letargo. Y si se le devuelve a Angelotti la importancia que tiene en la trama, es el personaje de Scarpia el que gana nuevos aires al brindársele inusitados rasgos de humanidad.

Desde el podio John Fiore apoyó a los cantantes y aportó contrastes dinámicos y dramáticos, lo que valorizó su discurso como muy pasional al equilibrar los decibelios en los momentos precisos, a lo que la Simfònica del Liceu obedeció sin complejos y con un gran sonido, dejándose llevar por esta música que es todo pasión. Buena labor la del Cor liceísta, así como la de los muchos –excesivos– figurantes.

Encabezando el reparto regresaba al Liceu la soprano dramática Liudmyla Monastyrska después de su Manon Lescaut del curso pasado; el de Floria Tosca es un personaje que conoce hasta el más mínimo detalle, y así lo demostró con un fuerte carácter y melodramático, un fraseo desbocado y un amplio dominio de la tesitura, sin problemas en los agudos y con los graves más que consolidados. Coqueta, celosa, diva, la Tosca de Monastyrska convence y emociona al darle a cada frase acentos marca de la casa.

Tetelman, como Cavaradossi

El jovencísimo tenor Jonathan Tetelman debutaba el papel de Cavaradossi en sustitución de Fabio Sartori, construyendo un personaje algo tímido pero creíble en lo dramático, de agudos heroicos, aunque poco vigoroso en la proyección vocal. El cantante estadounidense de origen chilote (de la isla de Chiloé, en el sur de Chile) lució una voz cálida y con tendencia al ‘vibrato’ que el tenor sabe controlar. Este papel, que todavía debe decantar, es el más dramático de los que tiene en repertorio, que van del Duca a Rodolfo, Werther o Pinkerton.

El barítono uruguayo Erwin Schrott apostó por un Scarpia siempre pendiente de sus movimientos como el gran actor que es, intentando dar credibilidad a su canto, brindando una versión del perverso personaje con la necesaria madurez, buena proyección, rotundidad en los graves y oscuridad en el timbre. Solo afeó su trabajo algún agudo desafinado en algún ‘parlato’.

Del plantel de comprimarios sobresalieron los sobrados y experimentados Stefano Palatchi (Angelotti) y Paco Vas (Spoletta), junto a los convincentes Josep-Ramon Olivé (Sciarrone) y Enric Martínez-Castignani (Sacristán).

Temas: Ópera Liceu