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PRIMAVERA SOUND

Rosalía, profeta en su tierra

La artista más buscada de este Primavera Sound confirmó su loable inquietud en un espectáculo sólido y cálido

Juan Manuel Freire

Rosalía y sus bailarinas, durante su actuación en el Fòrum de este sábado, en el marco del Primavera Sound.

Rosalía y sus bailarinas, durante su actuación en el Fòrum de este sábado, en el marco del Primavera Sound. / ALBERT BERTRAN

El fenómeno Rosalía no conoce, de momento, límites; sólo sigue sumando cifras de récord. Este sábado logró, con un poco de ayuda de su amigo J Balvin, un récord histórico de afluencia para el Primavera Sound (se ha superado la barrera de las 63.000 personas; eso sin contar el público apiñado en la Avinguda del Litoral para ver los conciertos).

Lo bueno es que Rosalía, la artista, tampoco conoce esos límites. En los temas no presentes en 'El mal querer' que presentó anoche se escuchó a una artista de asombrosa inquietud y extraña habilidad para hacer rimar los acentos de nuestra música tradicional con la ferocidad futurista del mejor R&B. 'Como Ali', en particular, es un hallazgo, su más claro intento de mirar cara a cara a la mismísima Beyoncé.

A nivel de espectáculo, sobre todo con la inicial 'Pienso en tu mirá', el concierto recordó más al ofrecido por Solange, la hermana pequeña de Bey, en el Primavera en el 2017. Minimalismo escénico (un simple podio para ella y su grupo de bailarinas) y juegos efectivos con bloques de color, antes de echar mano de proyecciones más barrocas. La primera, una especie de cielo estrellado fantasioso bajo el que Rosalía y un algo apocado James Blake cantaron su colaboración 'Barefoot in the park'.  

Antes del tema, la de Sant Esteve Sesrovires explicó cómo Blake había sido uno de sus artistas predilectos mientras estudiaba en la ESMUC. No fue su único comentario entre tema y tema: alternando entre catalán y castellano, se dirigió a sus fans con familiaridad, devolviendo los 't'estimo' y buscando las miradas. La estrella no es inalcanzable.

Y no olvida nunca de dónde viene: antes de 'Catalina', incluida en su revelador 'Los Ángeles', lanzó uno y varios 'shoutouts' a Refree, quien le acompañó en aquel primer disco largo. Su actual colaborador musical, El Guincho, está presente en el escenario, ocupándose de la percusión electrónica y otros elementos sónicos en el flanco derecho. En el izquierdo, un grupo de palmeros y palmeras coristas cuyas voces brillaron en particular en 'Que no salga la luna', ese visceral ejercicio de flamenco deconstruido y 'loopeado'. Entre el público extranjero, en este y todos los momentos, miradas de (buena) incredulidad, como si estuvieran viendo lo nunca visto. Que no anda tan lejos de ser la realidad.

'Brillo', que Rosalía interpretó (apropiadamente) con gafas de sol, no contó con la presencia de J Balvin, como tampoco más tarde 'Con altura', en la que El Guincho sí que trajo su voz carismática. Apunta a futuro clásico, pero la canción favorita de la mayoría sigue siendo 'Malamente', en la que probablemente hubo más móviles en el aire que en cualquier otro momento de este Primavera Sound. Otro récord para la gran esperanza del superpop flamenco.    

Todas las voces

La recta inicial de la jornada del sábado había servido para hacer un estudio de las amplias y diversas posibilidades de la voz humana. La artista de R&B de vanguardia Tirzah hizo chocar la suya, un susurro falsamente desapasionado, contra beats de MPC (Music Production Controller) y graves abisales que hicieron temblar los muros del Auditori, sobre todo a la altura de 'Basic need'.  

Ya a plena luz de sol, convenientemente, la cantante cubana Daymé Arocena hacía, en contraste con Tirzah, un alarde de expresividad y de virtuosismo nunca exento de emoción sincera. Invitó al público a unirse en su celebración yoruba de los espíritus y a bailar un chachachá. También de un folclore primigenio bebe El Misterio de Las Voces Búlgaras, el famoso orfeón creado en 1952 y todavía hoy, así es, puro misterio. Al canto difónico (o 'de garganta') y las armonías disonantes del coro de dieciocho voces se sumó en el Auditori, además, la oceánica aportación de Lisa Gerrard de Dead Can Dance.

Tres jóvenes artistas, Nilüfer YanyaNathy Peluso y Kali Uchis, exhibieron por su parte el valor de la ductilidad. Todas ellas son difíciles de encajar en un único estilo: sus voces son elásticas e inconformistas, hambrientas e intensas. Yanya empezó en territorios sophisti-pop para después jugar al rock nervudo. Peluso arrasó entre su creciente masa de fans a base de saltar sin red entre jazz onomatopéyico, rap y neo-soul. Uchis, puro eclecticismo, demostró ser más, mucho más que 'la próxima Amy Winehouse'.