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LA CITA MUSICAL DEL FÒRUM

Low, paisajes de ruido y penumbra en el Primavera Sound

Empleando como gancho sus bellísimas armonías vocales, el trío de Duluth arrastró al público a su mundo de electricidad y desolación

Rafael Tapounet

Alan Sparhawk, de Low, en un trance eléctrico,  en el Primavera Sound, en la madrugada del sábado.

Alan Sparhawk, de Low, en un trance eléctrico,  en el Primavera Sound, en la madrugada del sábado. / FRANK VINCENT

El Primavera Sound es un universo de contrastes. Después de ver cómo Janelle Monáe hacía con Miley Cyrus algo muy parecido a lo que en 1964 James Brown hizo con los Rolling Stones en la película musical 'The T.A.M.I. Show' (esto es, prenderle fuego al escenario de manera que el que venga detrás salga irremediablamente chamuscado), se imponía un peregrinaje hasta la otra punta del recinto del festival para vivir con Low una experiencia diametralmente opuesta: de la explosiva orgía de color, soul-pop galáctico y ego de la reina afroamericana al hermético ascetismo del trío de Duluth y sus paisajes de ruido y penumbra.

Low es la banda que debería haber ocupado el escenario del Bang Bang Bar al final de todos los capítulos de la tercera temporada de 'Twin Peaks'. La música que facturan Alan Sparhawk, Mimi Parker y Steve Garrington tiene una cualidad inequívocamente 'lynchiana', con esa mezcla de belleza gélida y misterio impenetrable. 'Double Negative', su último lanzamiento discográfico, ha sido unánimemente saludado por la crítica como una obra mayúscula, y aunque este cronista suele preferir los discos que no le obligan a preguntarse si lo que suena es realmente así o es que su equipo de música ha sufrido un percance grave, resulta difícil no caer rendido a los encantos de esa colección de hermosas melodías y voces sobrenaturales sumergidas en una bañera de ácido y distorsión.     

Caramelo envenenado

Trasladar al directo las texturas de 'Double Negative' es un reto de enorme complejidad que Low resuelven con pasmosa eficacia. Ya desde el principio, con 'Quorum', 'Dancing and blood' y 'Always up', quedó claro que el grupo de Minnesota no pensaba poner las cosas fáciles por mucho que el contexto festivalero pareciera invitar a ello. Empleando como gancho las sublimes armonías vocales de Parker y Sparhawk, puro caramelo envenenado, Low arrastraron al público a su mundo de ruido y desolación, en un crescendo eléctrico que alcanzó el clímax con los más de cinco minutos de tormenta sónica con los que cerraron 'Do you know how to waltz?', algo así como ver una explosión nuclear a cámara lenta. Lynch, de nuevo.

Antes de despedirse con una imponente lectura de 'Disarray', Alan Sparhawk contó una rarísima anécdota sobre lo apretados que van los viajeros en el metro de Barcelona y pidió que si alguien encontraba su teléfono móvil lo depositara en objetos perdidos. Entretanto, en el otro extremo del Parc del Fòrum, una Miley Cyrus con resaca cantaba el 'hit' de la bola de demolición. Como decía Laura Dern al final de 'Terciopelo azul', "es un mundo extraño, ¿verdad?".