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LA GRAN CITA DEL FÓRUM

Las crónicas de lo mejor de la primera jornada del Primavera Sound

Críticas de las actuaciones de Guided By Voices, Charli XCX, 070 Shake, Nas e Interpol

R. Tapounet / J. Bianciotto / J. M. Freire / I. Fortuny

Concierto de Charli XCX en el Primavera Sound

Concierto de Charli XCX en el Primavera Sound / CHRISTIAN BERTRAND

GUIDED BY VOICES, LA MÁQUINA DE HACER CANCIONES. POR RAFAEL TAPOUNET

"Antes, todo esto era indie", dice una de las banderolas promocionales del Primavera Sound. Eso era antes. Hoy el Parc del Fòrum es una exuberante jungla de géneros en la que no parece haber manera de orientarse. Tal vez la gracia resida justamente en esa sensación de extrañamiento permanente, en ese no saber si a la vuelta de la esquina te espera un paisaje deslumbrante o una emboscada del Viet Cong. Pero después de patrullar (no una, sino varias veces) los 1.243 pasos que separan el escenario Seat del escenario Adidas Originals (por no hablar de la remota isla del Primavera Bits, que para este cronista sigue siendo 'terra incognita') y de ser asaltado por todo tipo de estímulos musicales, mayormente de especies exóticas, a uno, que ya va teniendo una edad, le apetece volver a un lugar conocido, pillar una cerveza bien fresquita (a cinco euros; debe de ser para que los ingleses se sientan como en casa) y recordar los días en que, efectivamente, todo esto era indie.

Robert Pollard, cantante de Guiided By Voices, en el Primavera / PRIMAVERA SOUND/ CHRISTIAN BERTRAND

Y nada mejor para eso que la actuación de Guided By Voices, el orgullo de Dayton, Ohio; toda una leyenda del power pop de baja fidelidad cuya única visita anterior a España en más de 35 años de trayectoria se remonta a 1997, cuando el quinteto comandado por Robert Pollard actuó en el festival Serie B de Pradejón (La Rioja). Era una deuda pendiente, una presencia esquiva que el Primavera llevaba más de una década persiguiendo y que por fin se materializó en la noche del jueves con un concierto para ponerle un marco y colgarlo en el salón.

106 discos 

A Pollard las canciones se le caen literalmente de los bolsillos. Empieza a cantar una y cuando va por el segundo estribillo tropieza con otra, tan buena o incluso mejor que la anterior, y cambia de tercio. Así lleva unas 2.500, repartidas en 106 discos (el 107 está en camino, tal como se encargó él mismo de subrayar). Una barbaridad. En el Parc del Fòrum cayeron una treintena en 75 minutos de bolo. Sonaron, y sonaron bien, los clásicos más rotundos del inabarcable repertorio de la banda, con 'Your name is wild', 'Cut-out witch', 'Gold star for robot boy', Motor away', 'A salty salute', Tractor rape chain', 'I am a scientist', 'The official ironmen rally song', 'Game of pricks' y 'Glad girls' en el 'top ten' de las reacciones jubilosas por parte del público.

Y todo ello aderezado con la peculiar puesta en escena de un 'frontman' tan improbable como este profesor de primaria de 61 años. "Tengo mejores movimientos que Mick Jagger", suele afirmar Pollard en las entrevistas. En el Primavera practicó un poco de 'air guitar', hizo girar el micrófono a la manera de Roger Daltrey y adoptó la postura del flamenco sosteniéndose sobre una sola pierna, como si se estuviera sometiendo a una prueba de alcoholemia. Prueba que, por otra parte, no habría pasado por culpa de la nevera de pícnic generosamente surtida de bebidas espirituosas que le acompañó durante toda la actuación. Un jefe. Que vuelva pronto. 

CHARLI XCX, EN LA CIMA DEL SUPERPOP FUTURISTA. POR JUAN MANUEL FREIRE 

Algún día, ojalá, se concederá a Charli XCX todo el reconocimiento que merece. Por sus propios discos, por sus composiciones para otros, por haber marcado un camino futurista para el pop de fácil consumo y difícil olvido. El recibimiento apasionado que le brindó el público del Primavera Sound apunta en una buena dirección: Charlotte Aitchison ya no parece esa estrella eternamente a punto de suceder, sino Estrella y punto.  

Respaldada solo por un par de cubos gigantes, sola ante el peligro con su voz y performance, Aitchison llegó, vio y arrasó. No se anduvo con remilgos, porque el segundo tema ya fue 'I love it', el megahit que quizá no debió ceder en su momento a Icona Pop. Y tras el interludio baladístico de 'Lucky', el resto del show fue básicamente un monumento pop detrás de otro, en su mayoría impregnados de afán experimental. Véase 'Vroom vroom' y sus volantazos imposibles entre el happy hardcore y los ganchos R&B bajo el influjo de Mariah Carey. Es una de sus mejores colaboraciones con el colectivo ultrapop PC Music, igual que la medio rapeada 'Focus', cuyo verso "keep it hot, Barcelona" funcionó aquí especialmente bien.

Charli vino a hacer feliz, a hacer sudar. Lo logró llevando 'Wannabe' de Spice Girls al pop global de ahora mismo (la reconstrucción se llama 'Spicy' y es colaboración con Herve Pagez y Diplo). O trayendo al escenario a Héloïse Letissier (Christine and the Queens, o Chris) para presentar un tema inédito, 'Gone', clásico instantáneo. Pero, quizá, sobre todo, con esa '1999' extendida hasta el delirio en un clímax puramente clubber.

O70 SHAKE, SACUDIDA SIN DESCANSO. POR IGNASI FORTUNY

Y a la tercera canción, respiró. Hiperactiva empezó -y acabó- 070 Shake (Danielle Ballbuena), que desbordó potencia y dinamismo desde que irrumpió en el escenario en uno de los conciertos más destacados de la primera jornada del Primavera Sound. Una exhibición total de registros vocales, de pose y de fuerza desde la frontera entre el rap y el r&b. Solo estuvo acompañada de su deejay en el escenario, pero le faltó espacio, arrasó con todo. Al poco de empezar, retó al público a seguirle el ritmo: "Vamos a jugar al pinpon con la energía". Esto fue poco después de que hubiera subido a la mesa del 'dj', bajado a tocar al foso para estar con el público y que se encaramase a una de las plataformas que sostenían el escenario Pichtfork. ¡La de cosas que pasaron en pocos minutos!

La prometedora (aunque tras de su demostración en la noche del jueves suene ridículo el calificativo) rapera estadounidense de 21 años abrió el ritual urbano -"vamos a estar solo tu y yo, vamos a gozar, a amarnos, no a pelear", pidió- con 'Glitter' y 'Stranger'. La sacudida fue constante, sin descanso. Y, ella, insistente, preocupada porque la notable multitud que congregó se lo pasara bien. Con 'Honey', su tema más popular, lo tenía asegurado.

En medio del ciclón, la de New Jersey también se acordó de presentar 'Morrow', el 'single' de su próximo trabajo, 'Modus vivendi'. Le hechó el ojo Kanye West con tan solo 19 años y la firmó para su sello, G.O.O.D. Music. Desde entonces, se ha consolidado a pasos de gigante en el panorama urbano. La noche del jueves 070 Shake pidió paso al futuro sacudiendo al personal.

NAS, UNA LECCIÓN DE HIP HOP. POR JUAN MANUEL FREIRE

En el reciente 'Nasir' (2018), producido por Kanye West, el veterano rapero Nas no mostraba el mayor ímpetu del mundo, como si ya no rimara por necesidad, sino porque se supone que algo ha de hacer. Un pequeño anticlímax borrado de la mente con su actuación en el Primavera Sound del jueves noche, en esencia, un repaso vitalista a lo más granado de sus mejores discos.

Nas / PRIMAVERA SOUND / CHRISTIAN BERTRAND

El icono del rap de la Costa Este no escatimó en rescates de 'Illmatic', su clásico debut de 1994, crónica imperecedera de un barrio, Queens, asediado por el crack a principios de los 80. Locura absoluta en cuanto DJ Green Lantern disparó los primeros compases de 'The world is yours', pero también cálida recepción a 'N.Y. state of mind', 'Halftime' o 'Life's a bitch'. Completaba la formación Eddie Cole (director musical de Nas), quien alternó con insolente brillantez entre la batería, las voces cantadas y el rap adicional.

Nas no empieza y acaba en 'Illmatic': también cayeron hits posteriores como el inspirador 'I can' (es decir, Beethoven sonó en el Primavera), 'Hate me now' (es decir, Orff sonó en el Primavera) o su colaboración con Raekwon 'Verbal intercourse', antes de la cual nos hizo dibujar en el aire la uve doble del Wu-Tang Clan. Después de 'Leaving Neverland', bailar con el sample de Michael Jackson de 'It ain’t hard to tell' podía costar un poco, pero se bailó. La fiesta de hip hop clásico tuvo desembocadura final en la circunspección de 'One mic', ruego por una vida tranquila, sin codicias ni egoísmos. 

INTERPOL, CASI UN CLÁSICO DEL FESTIVAL. POR JORDI BIANCIOTTO

Hace ya cerca de dos décadas que Nueva York alimentó un ‘revival’ pospunk del que Interpol ha terminado siendo uno de los exponentes más duraderos. Así, con esa aura de grupo capaz de marcar perfil propio, superando las comparaciones con las nobles fuentes originales (la generación de Joy Division, Echo & The Bunnymen o Gang of Four), se presentaron Paul Banks y compañía en el gigantesco escenario Seat, donde ofrecieron un pase compacto y con sabor a repaso de toda una carrera.

Paul Banks, en el concierto de Interpol / FRANK VINCENT)

Estética de claroscuros, formación ampliada del trío titular hasta el quinteto y sonido identificable desde la guitarra seca que abrió la sesión con ‘C’mere’, de su segundo álbum, ‘Antics’ (2004). Una de las canciones que en su día elevó a Interpol como banda capaz de fundir la severidad y la emoción, y a la que acompañaron otros rescates celebrados como ‘Public pervert’ o la más lejana todavía ‘PDA’, con guitarras nerviosas encuadradas en lo que en los 80 aquí llamábamos afterpunk, más que pospunk, un matiz que el tiempo se llevó.

Presente en movimiento

Pero Interpol pasa por un momento de cierta expansión plástica: ahí está su matizado ‘Marauder’, con producción de Dave Fridmann (Mercury Rev, The Flaming Lips), que aportó un par de temas con poso (‘If you really love nothing’ y ‘The rover’), y a los que hay que sumar una tercera incursión fresca, ‘Fine mess’, bandera del epé que acaban de publicar. Contrapuntos bienvenidos en un recorrido de miras festivaleras, coronado por hitos que acarician el estatus de clásicos, como ‘Slowhands’ y ‘Obstacle 1’.