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PRIMAVERA SOUND

Big Red Machine, el emotivo laboratorio de Bon Iver y Aaron Dessner

La jornada inaugural del Primavera Sound contó con este proyecto experimental a reivindicar como cabeza de cartel

Juan Manuel Freire

Un momento de la actuación de Big Red Machine en el Primavera Sound

Un momento de la actuación de Big Red Machine en el Primavera Sound / PACO AMATE / PRIMAVERA SOUND

Probablemente uno de los cinco artistas más influyentes e imitados de los últimos quince años, Justin Vernon, más conocido como Bon Iver, lleva cierto tiempo huyendo de su propia sombra, siguiendo antes sus instintos más temerarios que la fama o el dinero. Quizá un poco asustado por el doble Grammy del 2012 y lo que podía suponer ese grado de fama, en el disco '22, a million' del 2016 radicalizó su intenso folk experimental en lugar de buscar más Grammys. Y con el proyecto Big Red Machine, que comparte con Aaron Dessner, componente de The National, rehúye cualquier idea de protagonismo para ejercer como una pieza más, central pero no única, en un puzle creativo que celebra la colaboración, el experimento y el intercambio de ideas.

'Big Red Machine', su disco del año pasado, pasó algo desapercibido, a pesar de todos los nombres célebres que aparecían en los créditos. Quizá porque sus canciones no buscan la emoción directa y confesional del primer Bon Iver, ni la épica triste pero musculosa de The National. Se basan mucho en la búsqueda de fricciones perfectas, en la confusión de lo orgánico y electrónico, en la improvisación y el éxtasis casual. Como cabeza de cartel de la jornada inaugural gratuita del Primavera Sound, parecía una elección arriesgada, pero quien consiguiera sintonizar con la onda (cósmica) del proyecto seguramente salió maravillado del Fòrum.

Si en el álbum, Vernon deja que su voz suene desnuda, sin muchos filtros, el miércoles se apoyó en el Auto-Tune incluso para los comentarios entre una canción y la siguiente. Desde la inicial 'Gratitude', el grupo dejó clara su intención de casi reconstruir las canciones en lugar de reproducirlas sin más, como si nadie les estuviera viendo y tuvieran tiempo para quemar en el local de ensayo. El anclaje emocional son las voces de Vernon, colindantes con el flow de Kanye West en la maravillosa 'Lyla', primera de varias canciones en las que la gran cantautora emo-folk Julien Baker (no se la pierdan hoy jueves, a las 17.00 h., en el Auditori Rockdelux) ayudó a Bella Blasko con los coros.

Algunos temas nuevos parecían por pulir, formas libres en busca de una estructura algo más firme. Otros ya conocidos, como el gospeliano 'Hymnostic' y ese 'Deep Green' de reptante pulso electrónico, son pequeños clásicos por descubrir, temas a la altura de los mejores hits de Bon Iver. El culmen absoluto del concierto quizá fuera 'OMDB', lamento rasgado de hipnótico pulso dub.    

Esa misma tarde, habían pasado por el escenario MOW, joven artista madrileña de pop más nocturno que vespertino; el grupo pamplonica de rock de garaje Melenas; la nueva promesa del dreampop Hatchie, o el chicano Omar Banos, alias Cuco, cuyo pop de dormitorio, teñido de R&B y soul, creció en directo en direcciones de 'jam band'.