CRÓNICA DE CONCIERTO

Blackpink, explosión superpop al estilo coreano en el Sant Jordi

El cuarteto de Corea del Sur, fenómeno internacional del k-pop, ofreció un 'show' colorista y arrollador en su debut en España

Un momento del concierto en Berlín de Blackpink, grupo que no permitió tomar fotografías en el Palau Sant Jordi.

Un momento del concierto en Berlín de Blackpink, grupo que no permitió tomar fotografías en el Palau Sant Jordi. / LIVENATION

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Jordi Bianciotto

Es comprensible que Blackpink se lleve por delante a la muchachada de medio planeta: sus canciones son ácidos caramelos pop, ricos en dinámicas ocurrentes, cambiantes y vibrantes, cultivando todavía la melodía en tiempos en que el ritmo parece ocupar del todo el ‘mainstream’ juvenil. Y sus conciertos no dejan apenas espacio para el respiro, como pudimos observar este martes en su debut en Barcelona, en un Palau Sant Jordi que acogió a unas 10.000 personas.

Visita integrada a su vez en la primera gira europea de Blackpink, un itinerario limitado a solo seis ciudades. El de Barcelona fue el único ‘show’ en España de este grupo de supersónica carrera: su primer disco largo, ‘Blackpink in your area’, vio la luz el pasado noviembre, si bien cuenta con tres epés y siete ‘singles’, el más antiguo de los cuales se remonta a un año tan lejano como el 2016. El cuarteto representó la quintaesencia de los valores más efervescentes del k-pop, el pop coreano (del sur), valores más efervescentes del k-pop, el pop coreano (del sur), desde su entrada en escena arrolladora con uno de sus ‘hits’, ‘Ddu-du ddu-du’, híbrido de pop y r’n’b con ráfagas de rap y fuertes graves, escenificado entre llamaradas y explosiones pirotécnicas.

Exótico bilingüismo

Montaje multicolor, con plataformas móviles, pasarela y escenario alternativo, aunque se diría que todo el Sant Jordi formaba parte del espectáculo, con las gradas llenas de corazones de color rosa portados por los (y, sobre todo, las) fans. Nunca un grupo venido de Asia había generado un efecto de identificación con nuestras adolescentes como Blackpink. Pero Jisoo, Jennie, Rosé y Lisa lo han conseguido sin tratar de pasar por lo que no son: su ‘coreanidad’ está bien presente incluso en las letras, mezcla de su lengua natal y del inglés con efectos desconcertantes. Sus estribillos dicen cosas como “geujeo nae gyeote stay with me” (‘Stay’) o "Twenty four, three, six, five / ojik neowa gacchi hagopa” (‘Whistle’). Y presumen del poderío industrial de su país: ese clip en el que se las vio pilotando coches Kia de gama alta.

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A media actuación se permitieron parcelas solistas, con Rosé tirando de un melodramático fragmento de ‘Let it be’, de los Beatles o Lisa dando forma a un sensual ‘Swalla’ junto a cuatro bailarinas y culminando el número lanzando un beso al público. Ahí se mostró a los cuatro miembros del grupo de músicos, escondidos tras los paneles de vídeo, capaces de imprimir trazos de rock en piezas como ‘Really’.

Aunque Blackpink sea un elaborado producto de laboratorio, conserva un aspecto de grupo casual de chicas que bromean con sus poses de divas pop. En la base tenemos canciones de seducción imperativa como ‘Kill this love’, ‘Don’t know what to do’ o ‘Kiss and make up’ (su cita en el estudio con la británica Dua Lipa), que arrasaron en el Sant Jordi entre nuevos fogonazos pirotécnicos y lluvias de confeti. Estrellas que juegan a ser cercanas, vulnerables y juguetonas, son una expresión más de lo cambiante y diverso que se está poniendo el orden pop mundial.