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REVALORIZACIÓN DE UN CLÁSICO

Xavier Albertí: "No hemos otorgado el justo valor a los autos sacramentales"

El director del TNC defiende la modernidad de 'El gran mercado del mundo', de Calderón de la Barca, que este miércoles llega al TNC

Actores de la Compañía Nacional de Teatro Clásico participan junto a intérpretes catalanes en el montaje

Marta Cervera

Un momento de ’El gran mercado del mundo’.   / MAY ZIRCUS / TNC

Un momento de ’El gran mercado del mundo’.  
Dos intérpretes en una escena de la obra.
Alejandro Bordanove (Buen genio), centro, en un cuadro de ’El gran mercado del mundo’. 
Lara Grube (la Gracia), en una de sus apariciones en la obra de Calderón de la Barca ’El gran mercado del mundo’.

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Xavier Albertí transforma un clásico del barroco español, ‘El gran mercado del mundo’ de Calderón de la Barca (1600-1681), en una obra contemporánea que refleja los males de la sociedad moderna sometida a las leyes del mercado. Este auto sacramental en verso interpretado por 14 actores, casi la mitad pertenecientes a la Compañía Nacional de Teatro Clásico y el resto catalanes se estrena este miércoles en el TNC gracias a una coproducción entre Madrid y Barcelona. La compañía madrileña abrirá con esta obra la próxima temporada del Teatro de la Comedia. “Este auto sacramental es un tesoro extraordinario al que nuestra tradición escénica no ha otorgado su justo valor”, señala Xavier Albertí, director del montaje y del TNC. 

Acerca la obra al espectador con una escenografía donde destaca una atracción de feria giratoria y un piano. La música y el baile son fundamentales en este montaje que recupera, entre otros, famosos cuplés de la época dorada del Paral·lel. Entre sus intérpretes figuran el tenor Antoni Comas (habitual en los montajes de Carles Santos), el contratenor Jordi Domènech, la actriz y cantante Silvia Marsó, jóvenes actores como Alejandro Bordanove y David Soto, y otros veteranos, como Mont Plans y Oriol Genís.

Creada como auto sacramental, es decir, pensada para ser representada el día del Corpus Cristi -así fue durante un par de siglos- la obra tenía como objetivo reforzar la doctrina de la Iglesia católica tras la Contrarreforma. La naturaleza alegórica de los personajes sirve para mostrar la base de la filosofía y el mundo occidental.

’El gran mercado del mundo’, montaje basado en una obra barroca de Calderón de la Barca.    / TEATRE NACIONAL DE CATALUNYA

Inspirada en la parábola de los talentos del Evangelio según San Mateo, el texto de Calderón muestra a un padre que pone a prueba a sus dos hijos gemelos -el buen genio y el mal genio- para determinar cuál de los dos es el primogénito y así poder legarle a él sus posesiones.

A cada uno le concede la misma suma de dinero y les envía al mercado para ver quien saca más rédito. El que mejor invierta, gana. En realidad el mercado es un reflejo del mundo con alegorías de todo aquello que rodea al ser humano, virtudes y tentaciones. Allí les esperan la herejía, la fama, la soberbia, la penitencia, la humildad, la lascivia, la fe, la gula, la culpa, la gracia...

"Calderón nos viene a decir que todos somos la cara de una misma moneda, del buen genio y del mal genio. Que todos somos responsables de nuestras acciones a la espera del juicio final”, recuerda  Albertí. En este sentido, Calderón le confiere a la figura paterna el poder de Dios, quien al final de la existencia envía a los humanos al cielo o al infierno. "Aunque quizá el infierno sea más interesante", apunta Sílvia Marsó, que encarna a la Culpa. 

Más allá del sermón

Datada entre 1635-1639, “esta obra no es un sermón con palabras, como solía decir Calderón”, destaca Albertí. ‘El gran mercado del mundo’ es para él una obra “fascinante” por ser una reflexión que muestra la “la modernidad intelectual teológica y filosófica del siglo XVII”. Albertí reivindica la libertad formal de este tipo de piezas, sin las cuales, “es muy difícil entender el teatro de Francisco Nieva, el ‘Teorema’ de Pasolini o 'El ángel exterminador’, de Buñuel”.

Los autos sacramentales, obras litúrgicas pero profanas pensadas para adoctrinar al pueblo, eran todo un acontecimiento. “Eran comparables a un concierto de los Rolling Stones o a la ceremonia inaugural de unos Juegos Olímpicos”, explicó Albertí. Sin embargo fueron prohibidos en el siglo XVIII. Su éxito hizo desconfiar a las autoridades. 

Temas: TNC Teatro