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ENTREVISTA

Pilar Reyes (Penguin Random House): "Debemos construir un discurso nuevo que cambie los espacios de poder"

Con la entrada de la editora en el equipo de dirección del gigante del libro, este cuenta con mayoría femenina

Elena Hevia

Pilar Reyes, directora de la división literaria de Penguin Random House. 

Pilar Reyes, directora de la división literaria de Penguin Random House.  / JORDI COTRINA

La repentina muerte de Claudio López Lamadrid fue anímicamente un duro golpe para Penguin Random House. El grupo sin embargo cerró heridas repartiendo las funciones del desaparecido editor de una forma simbólicamente colectiva entre distintos departamentos. La parte que para López Lamadrid era quizá la más importante, la literaria, de la que se ha creado una división específica, ha quedado a cargo de Pilar Reyes, que hasta el momento estaba al frente de Alfaguara. El ascenso de Reyes a la cúpula directiva en lo que respecta a la dirección editorial ha producido un ‘sorpasso’en clave más que paritaria, ya que ahora Reyes junto a Núria Tey (Plaza & Janés, Grijalbo, Suma de Letras, Aguilar, Conecta, Rosa dels vents y División Reference) forma una mayoría femenina (el tercero en esa cúpula sería Juan Díez: Ediciones B, Debolsillo, Penguin Clásicos y la división infantil, juvenil y de cómic) apuntalada por Núria Cabutí, CEO para España. Y la feminización no se detiene, con la nueva y muy comentada adquisición de Salamandra, ya que Sigrid Kraus ascenderá a esa cúpula.

Su llegada al cargo tuvo un punto amargo.
Mucho, lo recibí con felicidad y entusiasmo, porque ni en el escenario más ideal podía imaginarme llevar la edición literaria en español de uno de los grupos más importantes, pero los motivos son muy tristes. Miguel Aguilar [director literario de Literatura Random House (LRH), Reservoir Books, Caballo de Troya, Debate y Taurus ] y yo recordamos cada día que Claudio ya no está.

Parece un poco pronto para preguntarle por sus nuevas líneas de actuación. 
Sí, en general creo que en la vida no se puede llegar a un sitio y poner el contador a cero. Me interesa la conversación abierta entre los distintos sellos, respetando el ADN de cada uno y tratando de construir sobre ellos. Claudio en LRH apostaba por autores norteamericanos y por nuevos escritores en lengua española y en ese sentido se complementa con Alfaguara que es más europeo y latinomericano con nombres más consagrados. Me gusta pensar que juntos ofrecen una idea general de lo que se está escribiendo hoy en el mundo.

¿Cómo se concreta ese diálogo? 
Históricamente siempre ha existido un sello específicamente de literatura de mujeres que es Lumen, al frente del cual está María Fasce, y este es un excelente momento para él. Pero esos libros están dialogando con libros como ‘La teoría King Kong’ o los ensayos feministas de Chimamanda Ngozi Adichie en LRH o con Rosa Montero que publica en Alfaguara y tiene mucho que aportar a esa conversación. Me da pena pensar que en los años 60 y 70, la literatura formaba parte de la conversación general. Ahora ya no es así. Y puede parecer utópico pero me gustaría que nuestro mayor esfuerzo se dirigiera a cómo conseguirlo porque este es un buen momento para pensar.

De hecho, la novela cada vez es más reflexiva. 
Y los editores tenemos que reflejar eso. Habrá libros que nosotros editemos que muestren el espíritu de los tiempos pero nosotros no nos lo inventamos. No vale decir, ahora se lleva la autoficción, vamos a publicar mucho de eso. Y no hablo solo de lo que se está escribiendo ahora, también debemos saber qué libros del pasado nos interpelan.

Llegó a España en el 2009 desde Colombia, justo cuando se desencadenó la crisis. Es decir, que su experiencia editora aquí ha sido dura.
No quiero ser cínica pero yo venía de trabajar 16 años en un mercado como el colombiano donde picas piedra, sabiendo que todo es precario y que todo el tiempo tienes que revisar tus opiniones porque la realidad jamás se queda quieta. Llegué aquí en medio de una tormenta perfecta y veía a mis compañeros españoles con una sensación de parálisis frente a la crisis y a mí, algo más acostumbrada a manejar algo así; aunque jamás podía haber imaginado que el mercado caería hasta un 40%.

¿Qué le sorprendió de la forma de trabajar de la edición española?
La velocidad, daba la sensación de que no había tiempo para leerse los libros. Y lo que eso supone a la hora de tomar decisiones, tan rápido que parece contrario a la naturaleza de este oficio. Creo que este es un mercado muy maduro pero muy poco detallista en algunos aspectos.

¿En qué sentido? 
En que somos muy refinados en la oferta, porque además los editores independientes están haciendo cosas sofisticadísimas, pero da la impresión de que todos queremos llegar a los mismos medios y a los mismos lectores. La edición por ejemplo está de espaldas a la universidad.

¿Y tiene idea de cómo resolverlo?  
El mundo digital se ha transformado profundamente y la decisión no está entre el papel o el e-book, esos solo son dos tipos de formato. Lo que importa es que ahora puedes analizar cómo se comportan los lectores y eso puede llevarte a construir vías digitales diversificadas. Saber dónde están los lectores a los que les interese la literatura japonesa, por ejemplo.

¿Ahora en su nuevo cargo va a tener que estar más pendiente aún del mercado? 

Prefiero pensar en conseguir que mis libros vendan y no hacer libros para vender. Finalmente, hasta que no se invente otra cosa, el libro es el soporte cultural de nuestro tiempo y en ese sentido los editores tenemos la responsabilidad de aportar a la conversación pública referentes, lecturas y capacidad de darle al lenguaje su significado para que alguien diga: así no quiero ser manipulado. Y eso ocurre leyendo libros.

¿Qué significa que el equipo de dirección editorial del grupo Penguin Random House tenga mayoría femenina? 
Esta es una industria que puede contar cosas respecto a cómo se han incorporado las mujeres a ella. Y aquí las mujeres tenemos un enorme protagonismo.

Suele decirse, con mucha maledicencia, que cuando un sector se feminiza este inmediatamente pierde prestigio. ¿Cree que eso puede ocurrir en la edición?
Eso es un enorme malentendido porque las mujeres no vamos a hablarle solo a las mujeres. En el caso contrario, cuando un hombre tiene ese poder se considera que le habla al mundo. Nosotras trabajamos pensando en la competencia universal y en ese sentido, creo, debemos construir un discurso nuevo que cambie los espacios de poder para sencillamente perderles el miedo. Creo que los hombres van a tener que entender esto.