Ir a contenido

INSTALACIÓN BENDECIDA POR LA ORDEN BENEDICTINA

Plensa, cuerpo y espíritu en Montserrat

El artista barcelonés inaugura una escultura de malla transparente de cuatro metros ante la basílica del monasterio

Anna Abella

La escultura ’Anna’, de hilo de acero, de Jaume Plensa, que hasta noviembre lucirá en el atrio de la basílica de Montserrat. 

La escultura ’Anna’, de hilo de acero, de Jaume Plensa, que hasta noviembre lucirá en el atrio de la basílica de Montserrat.  / EFE / SUSANNA SÁEZ

“De niño vine con mis padres a Montserrat y dormimos en una celda del monasterio. Por la noche abrí la ventana y recuerdo aquel cielo estrellado, aquel silencio brutal...”, evoca el artista Jaume Plensa (Barcelona, 1955) al tiempo que ensalza “la energía extraña, la magia que transmite la montaña, donde la naturaleza convive con la espiritualidad introducida por los benedictinos”. Una espiritualidad que también desprende toda la obra del escultor y, en particular, ‘Anna’, la gran cabeza de malla transparente, de hilo de acero inoxidable, de cuatro metros de altura, de una niña con los ojos cerrados, “de una belleza mediterránea, clásica, suave”, detalla, que hasta el próximo 3 de noviembre (si no se prorroga, como ha ocurrido con otras pieza suyas) lucirá en el centro del atrio porticado que da acceso a la basílica de Santa Maria del monasterio de Montserrat.

El atrio, un lugar de tránsito entre el espacio profano y el sagrado, era el lugar idóneo para la escultura, opina Plensa: “Porque aquí se mezcla lo más humano con lo más sagrado, aquí se une el cuerpo y el alma. Porque el individuo terrenal se relaciona con una espiritualidad que no acaba de entender. En nuestras vidas, lo invisible, lo que no se ve, es lo más importante. Lo que nos mueve, nos angustia, nos alegra, el amor, el odio... es invisible...”. 

Plensa conversa este viernes ante su escultura 'Anna' con el padre Laplana y el abad de Montserrat Josep Maria Soler (derecha)  / ACN / LAURA BUSQUETS 

De ahí que la cabeza sea de malla transparente “Está atravesada por la luz, simboliza la parte espiritual. No oculta nada de lo que hay detrás, no supone obstáculo alguno, sino que es un punto de energía. Reclama una visión interior aunque esté abrazada por lo matérico que la rodea”, explica el escultor junto a ‘Anna’. A su lado, sonríe el padre Josep Laplana, que a sus 75 años sigue al frente del museo montserratino. De él surgió la “'cabòria'” de instalar en el recinto religioso la obra de un artista que está en “el top del top del arte contemporáneo”. “Se lo propuse al padre abad y no me dijo que no de entrada...”, confiesa quien, tenaz, acabó convenciendo a toda la comunidad benedictina y al propio abad, Josep Maria Soler, quien ha visto, satisfecho y en comunión con las explicaciones plensianas, que la escultura “trata de generar silencio y nos hace ver la riqueza interior de cada ser humano, que no captan los ojos pero que está ahí, porque lo esencial es invisible a los ojos”. Además, añade el abad, “transmite que cada uno puede estar consigo mismo y esa interiorización te ayuda a conectar y a entender a los demás, algo que lleva a construir una sociedad respetuosa”.

"La obra genera silencio y nos hace ver la riqueza interior de cada ser humano, que no captan los ojos pero está ahí, porque lo esencial es invisible a los ojos", opina el abad

La idea se fraguó en el 2015 en la Bienal de arte de Venecia, cuando el padre Laplana vio una cabeza de Plensa similar a ‘Anna’ en la Iglesia de San Giorgio Maggiore, también de una comunidad benedictina. En el 2017, el artista visitó Montserrat y juntos se ‘confabularon’ para concretar el proyecto, por el que el escultor cedería la pieza sin contraprestación económica y la orden se haría cargo del montaje y el seguro. La instalación la completa una íntima muestra de 18 grabados del artista que hablan del ser humano, instalada en el espacio Pere Pruna del museo del monasterio. 

El escultor barcelonés más internacional vive un momento dulce. Tras cerrar la exposición que le ha dedicado el Macba en Barcelona, ve aún su 'Carmela' ante el Palau de la Música y cómo lucirá hasta el 28 de junio en el Rockefeller Center de Nueva York, en la Quinta Avenida, 'Detrás de los muros', una colosal cabeza de mármol blanco de siete metros y medio de una joven que se tapa los ojos. Tiene a punto una instalación en la Ciutat de les Arts i les Ciències de València, una exposición en La Haya, una cabeza de hierro fundido ante el Hermitage de San Petersburgo y otra similar a ‘Anna’ en Los Ángeles. Y prepara otra para el río Hudson y un gran proyecto en el museo Grand Rapids de Michigan (EEUU), con cuatro rostros con 300 toneladas de mármol blanco que le llevará dos años esculpir. 

Plensa, este viernes, junto a su escultura 'Anna', en el atrio montserratino / Acn / laura busquets

Sin embargo, este escultor que no se cansa de repetir que su obra, que prolifera en espacios urbanos, “no es para tocar sino para acariciar”, lamenta que el arte, “tan importante en el día a día de la sociedad”, “se haya distanciado de la comunidad”. Y se declara “muy triste” porque no ha prosperado en el mandato de Ada Colau la gran escultura que el exalcalde Xavier Trias imaginó para Barcelona y que según Plensa habría sido un “subidón espiritual para la ciudad”. "Quizá hay que dejar descansar a Gaudí y que otra generación pueda dejar su legado. Los políticos no nos acompañan. No están a la altura de la gente”, zanja para volver la mirada hacia la espiritualidad.