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LA APORTACIÓN CATALANA EN LA PRINCIPAL FERIA DE ARTE

Nos vuelven locos las estatuas

Catalunya aterriza en la Bienal de Venecia con 'Perder la cabeza (ídolos)', una sustanciosa y divertida muestra sobre la intensa relación emocional del hombre con las estatuas

Mauricio Bernal

Record d’un malson, de Joan Brossa, que representa la cabeza decapitada del exalcalde de Barcelona José Maria de Porcioles servida en bandeja

Record d’un malson, de Joan Brossa, que representa la cabeza decapitada del exalcalde de Barcelona José Maria de Porcioles servida en bandeja
Monumento a los Caídos de Genaro Iglesias, instalado en la plaza Mercadal de Balaguer durante la dictadura y retirado en 1982
Monumento a Lluís Companys, la obra de Francisco López instalada desde 1998 en el paseo de Sant Joan de Barcelona

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Decía este miércoles Pedro Azara, comisario de la exposición que presenta Catalunya en la Bienal de Venecia, que el título escogido para la muestra, 'To lose your head (idols)' ('Perder la cabeza, ídolos'), remite a dos formas de extravío de la testa, el de las estatuas cuando son decapitadas y el de los hombres cuando decapitan a las estatuas, pues al fin y al cabo, ¿no hay que perder un poco la cabeza para quitarle la suya a un monumento? Visto al completo el proyecto producido por el Institut Ramon Llull para los 'Eventi Collaterali' de la Bienal, habría que decir que Azara y el amplio grupo de artistas que han trabajado con él también han perdido la cabeza: de forma atrevida, de forma gozosa, de la forma que todo espectador con ansias de ver algo distinto espera que la pierda un artista. Catalunya se presenta en la gran feria de arte que empieza este sábado en la ciudad italiana con una propuesta sustanciosa.

"Se trata de un fenómeno curioso y a la vez universal", dice el comisario de la muestra, Pedro Azara

En el fondo del hangar de los antiguos astilleros de la isla de San Pietro donde se ha instalado la muestra, en un rincón, hay una máquina expendedora. De lejos, parece una máquina de alimentos. Qué detalle. Pero no es de alimentos. Lo que el visitante puede adquirir en ella son botes de orina, cartuchos de dinamita, huevos, cirios, piedras, mecheros, flores y espráis de pintura, entre otras cosas. La orina, la dinamita, las piedras, los mecheros y los espráis ya se entiende para qué son: vamos a destruir estatuas. Los cirios y las flores: vamos a venerarlas. Porque exactamente ese es el tema de la exposición: la relación del hombre con las estatuas, y su disposición bipolar, casi esquizofrénica, a o bien rendirles pleitesía o bien abominarlas. Lo primero, hasta considerarlas objetos de adoración; lo segundo, hasta cortarles la cabeza.

Aventuras en los canales

"Es un fenómeno universal –declaró Azara al inicio de un recorrido guiado para periodistas–. Allí donde hay imágenes naturalistas se producen este tipo de reacciones emocionales que van desde la adoración hasta la destrucción. Las imágenes son tan poderosas que consiguen neutralizar nuestra capacidad de raciocinio. Este es el argumento que sustenta la exposición, que estudia una serie de casos sucedidos en Catalunya. Se trata de analizar un fenómeno curioso pero universal que se ha producido desde la noche de los tiempos hasta hoy". Subyace el mismo mecanismo mental a la acción de decapitar la estatua de Saddam Husein que a la de estrellar huevos contra la de Franco, pero también: a la de tocar con religioso fervor un paso de Semana Santa. Qué tienen las estatuas que nos vuelven locos.

Una máquina expendedora ofrece botes de orina y cartuchos de dinamita para odiar, o flores y sirios para querer

Una exposición así es necesaria y literalmente una exposición monumental. El cuerpo central de 'To lose your head (idols)' son cuatro estatuas con historias de amor u odio a cuestas que han viajado directamente desde Catalunya para la ocasión, primero en camión hasta el puerto de Venecia y desde allí en barca hasta los astilleros. Hubo dosis de aventura: el Paso de Semana Santa del Santo Entierro del Gremio de Mareantes de Tarragona, obra de Salvador Martorell, "llegó en medio de una tormenta considerable con un oleaje que hacía entrar agua dentro de la barca", según contó Azara. Es la obra llamada a representar la devoción: el comisario recordó que "es el paso más importante de la procesión del Santo Entierro del Viernes Santo", un evento al que "acuden 110.000 personas en una ciudad de 100.000 habitantes", y subrayó que él mismo asistió hace dos semanas y podía "corroborar la devoción que suscita".

Visitando a Camarón

Las otras tres están aquí para representar el odio, el desprecio, el afán de destrucción, como se quiera ver. Son el Monumento a los Caídos de Genaro Iglesias, instalado en la plaza Mercadal de Balaguer durante la dictadura y retirado en 1982 por sus connotaciones franquistas (actualmente está en un depósito municipal); 'Record d’un malson', de Joan Brossa, que representa la cabeza decapitada del exalcalde de Barcelona Josep Maria de Porcioles servida en bandeja (y "que se ha ido exponiendo y retirando continuamente", recordó Azara); y el Monumento a Lluís Companys, la obra de Francisco López instalada desde 1998 en el paseo de Sant Joan de Barcelona, víctima hasta en tres ocasiones de agresiones en forma de pintadas. Un colectivo de artistas del barrio llevó a cabo en su día una intervención en plan Jackson Pollock sobre el rostro porque la consideraban aburrida.

En la muestra se exponen cuatro estatuas con sus historias de amor u odio y se documentan muchas más

Puesto que no son las únicas estatuas expuestas en el espacio público de Catalunya que han sido abominadas o adoradas, la exposición incluye una parte de documentación de otros monumentos que en su momento fueron noticia. Los recortes de prensa expuestos en una larga mesa son elocuentes: "Barcelona despide a la 'Victoria' de Franco"; "Los turistas van a La Mina a ver la estatua de Camarón"; "La 'Minerva' de Marés desata polémicas en Tossa de Mar"; "Los independentistas de Maulets derriban la escultura de los Caídos de la Diagonal"; "Buscan entre coleccionistas la cabeza de la estatua de Franco". Están ordenados según las cinco maneras en que, según la muestra, se expresa la relación con las estatuas: adoración, destrucción, anulación, mutación y deshonor.

Dinamita a 50 euros

Volviendo a la máquina expendedora, sobra decir que no está en su rincón solo para ser encantadora. Funciona. Los visitantes podrán sacar de ella un bote de orina y, si quieren, rociar con él alguna de las estatuas expuestas. ¿Realmente? "Que lo intenten", dice Azara sonriendo. De momento, no los orines pero sí los huevos, la pintura –y las flores– están siendo empleados por los que se apuntan al pasacalle del artista Marcel Borràs, 'Ella se apropia en presente', que complementa la muestra. Una actriz –Marta Aguilar– se pasea por San Pietro haciendo de alguna de las estatuas expuestas o documentadas en la muestra, e invitando a la gente a interactuar tal y como lo han hecho en la vida real sus amantes o detractores. Se le pueden lanzar flores. O pintar con espray. Es una estatua. "Bueno: es mejor que estar en la mina", se reía la actriz tras la representación de este miércoles, toda llena de huevo y pintura.

Los cartuchos de dinamita cuestan 50 euros.

Es posible que no estallen.

Perder la cabeza puede ser divertido.

Un libro de autor y un audiovisual

La exposición de las estatuas transportadas desde Catalunya y la 'performance' de Marcel Borràs son dos de las cuatro patas del proyecto catalán en Venecia. Las otras dos son el libro de artista en el que participan David Bestué, Lúa Coderch, Lola Lasurt, Daniela Ortiz, Perejaume y Francisco Torres y que representa "un largo ensayo visual y textual" en torno a la relación del hombre con las estatuas; y el audiovisual 'OJOS/OJOS/OJOS/OJOS', de Albert García-Alzórriz, filmado en parte en el depósito municipal de estatuas de Via Favència, en Barcelona. Ese lugar en el que, por cierto, se inspiró el arquitecto Tiziano Schürch para el diseño del espacio en Venecia.