07 jul 2020

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CRÓNICA TEATRAL

Desgarrador viacrucis

El soberbio trabajo de Montse Esteve impacta en el almacén subterráneo del TNC con el monólogo 'Stabat mater', del dramaturgo italiano Antonio Tarantino

José Carlos Sorribes

Montse Esteve, en una escena del monólogo del dramaturgo italiano Antonio Tarantino.

Montse Esteve, en una escena del monólogo del dramaturgo italiano Antonio Tarantino. / MAY CIRCUS / TNC

Solo una treintena de afortunados por cada función, y ya están las entradas agotadas, pueden disfrutar (quizá no es la palabra adecuada) de un viaje a las catacumbas en el TNC. Lo hacen con 'Stabat mater', un monólogo del italiano Antonio Tarantino, que dirige Magda Puyo, interpreta Montse Esteve y que Xavier Albertí acogió en el enorme almacén subterráneo del gran teatro público catalán. Una experiencia insólita que presenta un doble aliciente para el espectador. 

Primero, su escenario. La entrada en ese almacén, caminar por sus pasillos, se revela como un hallazgo, casi propio de exploradores. Porque allí se acumula todo el utillaje y atrezo de la historia del TNC, y es tal la magnitud que casi deja a los vecinos Encants convertidos en un espacio menor. Entre un sinfín de objetos, por ejemplo, nos encontramos con un vehículo de época: parece un mítico Ford T de inicios del siglo XX. Un laberinto de cachivaches y escenografías que casi da canguelo ante la idea de quedarse atrapado allí. 

El viaje por las catacumbas del teatro es un marco insólito para acompañar a una prostituta que busca a su hijo detenido

Ahora, la obra. El canto gregoriano de 'Stabat mater', la Virgen María dolorosa y angustiada por la crucifixión, se convierte en manos de Tarantino en un oratorio profano contemporáneo. Esa madre es en la pieza una prostituta de los arrabales de Turín que se retuerce por la desaparición de su hijo –detenido por la policía y encarcelado–,  un joven libertario que la política le ha arrebatado. A lo largo de cinco escenas del viacrucis de la protagonista contemplamos el álbum de fotos de un universo lumpen de pura supervivencia. Esa madre dispara un lenguaje grosero, repetitivo en su cólera, también racista a veces. Es una mujer víctima de una descarnada realidad, hoy tan frecuente en esta época de alarmante exclusión social.

Implicación absoluta

Que Montse Esteve ha sido el motor de la producción queda claro por la implicación absoluta en la composición del personaje. La actriz deja una interpretación soberbia, plena de matices que por igual se mueven en la brutalidad, el sarcasmo, la desesperación o la impotencia. Consigue siempre despertar una dolorosa ternura por la lucha titánica de una mujer atrapada en un callejón sin salida.

Esteve cuenta con la cómplice dirección de Puyo y el apoyo de un excelente espacio sonoro de Lucas Ariel Vallejo. Casi inapreciable de inicio, poco a poco nos sumerge con sonidos inquietantes en el calvario de esta madre doliente a través de las catacumbas del TNC. El  viaje acaba por conducir al espectador a un extremo de la zona ajardinada del teatro. Pese a que el envoltorio puede solapar el contenido, siempre se impone el descomunal trabajo de la actriz con el texto que convirtió, ya cincuentón, al pintor Antonio Tarantino en un afamado dramaturgo.

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