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D'A FILM FESTIVAL

Carlos Marqués-Marcet: "La paternidad está siendo reinventada"

El director clausura el D'A Film Festival con este testimonio en la plantalla del embarazo real de la pareja del actor David Verdaguer, María Rodríguez Soto

Beatriz Martínez

Carlos Marqués-Marcet, fotografiado esta semana en Barcelona

Carlos Marqués-Marcet, fotografiado esta semana en Barcelona / JOAN CORTADELLAS

El director Carlos Marqués-Marcet y el actor David Verdaguer han configurado uno de los tándems creativos más estimulantes del cine indie reciente. En las películas '10.000 Km.' (2014) y 'Tierra firme' (2017) hablaron sobre las relaciones de pareja y los nuevos modelos de familia en la actualidad, sobre las contradicciones de una generación ensimismada. Ahora, dan un paso más allá en 'Els dies que vindran', que testimonia en la pantalla el embarazo real de la pareja del actor, María Rodríguez Soto, y lo convierte en una ficción, a medio camino entre el experimento cinematográfico, el drama intimista y la reflexión social, que habla sobre las alegrías e incertidumbres que se generan ante el nacimiento de una nueva vida. El filme, ganador de la Biznaga de Oro en Málaga, clausura hoy el D'A Film Festival.

¿Cómo surge la idea de filmar el proceso de embarazo real de la pareja formada por María Rodríguez Soto y David Verdaguer y convertirla en una ficción?
Estábamos en Londres, a punto de empezar el rodaje de mi anterior película, ‘Tierra firme’ cuando a través de una llamada de Skype se enteraron de que iban a ser padres. Los dos son mis amigos y me pareció que ahí había una película. Es un viaje muy intenso, en el que se atraviesa por multitud de estados de ánimo al mismo tiempo que el cuerpo de la mujer va sufriendo un proceso de cambio bestial. Pero siempre tuvimos claro que la historia se apartaría de la relación real de ellos como pareja, que sería una ficción. Hemos creado unos personajes que no tienen que ver con ellos, pero que nos permitían filtrar una serie de conflictos que nos interesa plantear.

Sin embargo, en algunos momentos los límites entre la ficción y el documental parecen diluirse dadas las características del proyecto.
Yo creo que toda película de ficción es un documental de sus actores, y todo documental es una historia de ficción. No me gusta pensar en esos límites. Sí que es cierto que hay una intención naturalista a la hora de retratar a los personajes y el espacio en el que viven, de captar su cotidianidad. Y el proceso que hemos seguido también es similar al que se utiliza cuando se crea un documental.

¿Se refiere a la sensación de 'working progress' que emana de la película?
Sí. Normalmente en cine cada etapa se encuentra muy diferenciada. Escribes, ruedas, montas… Aquí todos los procesos los hemos hecho al mismo tiempo. Los guiones han surgido de los ensayos, hemos rodado, vuelto a ensayar, a escribir, a montar… Hemos ido saltando de un lado a otro al mismo tiempo que el proyecto generaba una serie de necesidades.

¿De qué forma participó cada uno de ustedes en el proceso de creación?
Para nosotros era muy importante plantearnos la película a modo de exploración. No sabíamos muy bien hacia dónde nos llevaría, pero sabíamos perfectamente hacia dónde no queríamos que fuera, es decir, hacia el terreno del ‘reality show’. Se trataba de acercarnos a la intimidad desde la creación artística. Así que desde el principio se convirtió en un acto colaborativo. Todas las personas implicadas en el equipo sumaron sus experiencias, cada uno ha puesto su pedacito. A veces tengo la sensación de que la película se ha hecho a sí sola, de forma orgánica, y nosotros hemos ido siguiendo y acompañando a este bebé en la ficción. 

"¿Qué peso tiene la palabra padre cuando estás intentando desmontar el patriarcado? "

En la película aparecen unos vídeos caseros de la madre de María antes y después de dar a luz que aportan un significado simbólico en torno al paso del tiempo muy potente.
La película habla sobre el ciclo de la vida. Sobre el paso del tiempo. Sobre la herencia. Cuando descubrimos esos vídeos, eso dotó de una coherencia interna a toda la película. El pasado y el presente se sitúan en primer término, y de pronto nos damos cuenta de que el salto generacional no es tan grande como pensábamos, y que nos creemos muy modernos, que tenemos las cosas muy superadas, y de pronto un embarazo te obliga a pararte y situar los pies en el suelo, poniendo en jaque lo que sabíamos los unos de los otros.

¿De qué forma afronta la película el tema de la paternidad?
Una de las preguntas centrales que queríamos explorar es: ¿cómo podemos entender la experiencia del otro? Es una cuestión casi antropológica, filosófica, que al fin y al cabo tiene mucho que ver con mis anteriores películas con David Verdaguer. Pero en esta ocasión queríamos que fuera todavía más explícito. Cuando una mujer se queda embarazada, cómo puedes entender lo que significa llevar una vida dentro.

Y aquí es cuando hablaríamos de los nuevos modelos de masculinidad.
La paternidad está siendo reinventada porque los hombres se tienen que resituar y recuestionar, tenemos que trabajar y colaborar en un entorno donde se cuestione el patriarcado. ¿Qué peso tiene la palabra padre cuando estás intentando desmontar el patriarcado? Por eso quería acercarme a esa experiencia como hombre. Debería ser un acto de humildad, pero por desgracia no siempre lo es. Quería explorar lo que le pasa al hombre por dentro cuando se encuentra en esa situación en la que no tiene el control sobre nada y se siente perdido.

La maternidad se ha convertido en una cuestión política.
Yo creo que siempre lo ha sido, pero ahora se encuentra más expuesta. En cualquier modo yo la abordo desde un punto de vista creativo, es lo que me interesaba. Por ejemplo, cuando empecé a hacer cortometrajes me di cuenta de que casi no había visto partos en cine. ¿Cómo es posible que algo tan natural estuviera tan poco representado? Fue cuando descubrí en una cinta de vídeo un trabajo de Stan Brackage, ‘Window Water Baby Movie’, que es básicamente un parto, y me impactó muchísimo, porque fue la primera vez que vi uno.Hay mujeres como Naomi Kawase que han explorado ese universo a travésdel gesto más radical que he visto jamás, filmando su propio parto (en ‘Genpin’).

¿Cómo surgió la colaboración con Maria Arnal y Marcel Bagés?
Teníamos muy buena relación con ellos y antes de que sacaran el disco, decidimos incluir su versión de 'A la vida' y después conseguimos los derechos de la original de Ovidi Montllor. Eso nos sirvió también para crear un juego de espejos entre pasado, presente y futuro (esos días que vendrán). Y el círculo se cerró con ese final sonando 'Tú que vienes a rondarme'.