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ESTRENOS DE LA SEMANA

'Vitoria, 3 de marzo': crónica de una masacre policial

La película de Víctor Cabaco reproduce un sangriento enfrentamiento de 1976 entre las fuerzas del orden y trabajadores vascos que se saldó con 5 muertos y un montón de heridos

Beatriz Martínez

Fotograma de la película ’Vitoria, 3 de marzo’

Fotograma de la película ’Vitoria, 3 de marzo’

Solo habían pasado cuatro meses tras la muerte de Franco y España se debatía entre los aires de libertad y las arraigadas estructuras del régimen que todavía seguían ejerciendo el poder y la represión. En enero de 1976 año los obreros de la zona industrial de Álava mantuvieron una dura pugna con los empresarios de las fábricas para mejorar sus condiciones de empleo. Después de muchas asambleas y paros se organizó una tercera huelga general el 3 de marzo en Vitoria en un ambiente de máxima crispación. Miles de trabajadores se reunieron en la Iglesia de San Francisco de Asís y sus inmediacionespara manifestarse. Fue entonces cuando la policía arremetió contra ellos sin piedad. Habían recibido la orden directa de los altos mandos de utilizar la violencia contra la población. Gasearon el recinto y el miedo se apoderó de la masa que intentó salvarse de morir asfixiada y al salir comenzaron los disparos. Primero con pelotas de goma, y más tarde, con munición real. El resultado, 5 muertos y montones de heridos en lo que se conoció como los Sucesos de Vitoria, que unidos a los que tuvieron lugar unos meses más tarde en Montejurra, provocaron la dimisión del presidente Carlos Arias Navarro, aunque ese día era Adolfo Suárez el responsable de las fuerzas del orden, que sustituía a Manuel Fraga, que se encontraba en el extranjero.

Sin embargo, tras la Ley de Amnistía de 1977, los hechos permanecieron impunes y esa herida quedó para siempre incrustada en sentir popular de la ciudad. “Para Vitoria, el 3 de marzo es como el 11 de septiembre para Nueva York”, nos cuenta Victor Cabaco, director de la película que ahora recoge este incidente histórico. “Todo el mundo recuerda qué estaba haciendo en ese momento, dónde se encontraba, qué sintió. Marcó profundamente a toda una generación y está muy metido en la conciencia colectiva del pueblo”.

Cabaco también se siente muy cercano a estos hechos ya que su padre trabajaba en una de las fábricas y le contó de primera mano el ambiente, la indignación, la impotencia y el dolor que caracterizóel momento. “Tuvo mucha repercusión internacional, y esto contribuyó a que se variase el protocolo de actuación en las huelgas y la manera de enfrentarse a las reivindicaciones sociales”, continúa.

La película nos introduce en ese contexto a través de una familia que, de alguna manera, representa los viejos y los nuevos ideales: mientras los padres han sufrido un proceso de estancamiento y permanecen sumisos ante las estructuras de poder imperantes, la hija adolescente se rebela contra las imposiciones abrazando la necesidad de cambio. “La familia es el hilo conductor. A través de ella se tocan todos los temas sensibles de la sociedad: los obreros oprimidos, los medios de comunicación manipulados, los empresarios”.

Fundido con imágenes reales

A pesar de contar con un bajo presupuesto, ‘Vitoria, 3 de marzo’ nos introduce de manera precisa en esa época y en ese momento. Y no solo lo hace a través de las canciones de Paco Ibáñez o Lluís Llach, sino también a través de un excelente uso de las imágenes de archivo, que se funden con la ficción de manera muy armónica. “Para contextualizar la película decidimos introducir imágenes reales, de las calles, de las gentes y también de todo lo que tuvo lugar el 3 de marzo, ya que todo ese material tiene mucha fuerza. Queríamos que además de una película, fuera un documento, ya que fuera del País Vasco estos sucesos parecen haberse olvidado”.

En todo el proceso de investigación del equipo, lo más sorprendente fue descubrir los audios de la emisora de la policía, que también se han integrado al relato y resultan escalofriantes, al describir la confusión de un momento que terminó en masacre, dicho en sus propias palabras.

Resulta inevitable establecer paralelismos entre la lucha de los trabajadores de entonces y los de los de ahora. En las asambleas ya se hablaba de la mujer, de su imposibilidad de conciliar sin perder la cabeza, de la precariedad del salario, la explotación, las malas condiciones y de que la única posibilidad de luchar contra todo eso, pasa inevitablemente porla unidad. “Los derechos de los trabajadores siempre está ahí, en la cuerda floja. Lo que pedían no eran cosas muy raras y yo creo que cada vez se va perdiendo todo lo que se ha ido consiguiendo después de tanta lucha”.