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D'A FILM FESTIVAL

Elena Martín: "Mis referentes son mis amigas"

La actriz y directora 'millennial' protagoniza el cortometraje 'Suc de síndria', sensorial mirada femenina en torno a los traumas que genera el abuso sexual que ha presentado en el D'A Film Festival

Beatriz Martínez

La actriz y directora Elena Martín, este domingo en Barcelona

La actriz y directora Elena Martín, este domingo en Barcelona / ÁLVARO MONGE

La trayectoria de Elena Martín (Barcelona, 1992) ha estado íntimamente relacionada con el D’A Film Festival. En la edición del 2015 se dio a conocer por ser una de las protagonistas de 'Les amigues de l’Àgata', proyecto final de grado de la UPF que acabó convirtiéndose en película generacional y que abrió las puertas a una nueva hornada de jóvenes directoras catalanas a la que también pertenece la propia actriz, que debutó un año más tarde detrás de la cámara con la reconocida 'Julia ist'. Ahora, después de pasar por el Festival Internacional de Cine de Berlín, regresa al certamen para presentar el cortometraje 'Suc de síndria', una sensorial mirada femenina en torno a los traumas que genera el abuso sexual dirigido por Irene Moray. 

¿Cómo conoció a Irene Moray?
Ella era fotógrafa y directora de piezas audiovisuales y vivía en Berlín, así que nos conocimos cuando fui a rodar allí ‘Julia ist’. Me pasó el guion de ‘Suc de síndria’ hace dos veranos para preguntarme qué opinaba y le dije que me había emocionado mucho. Y me contestó: “Qué bien, porque había pensado en ti para que lo protagonizases”.

¿Qué fue lo que le emocionó tanto al leer el guion de ‘Suc de síndria’?
Habla de una mujer que ha vivido una experiencia traumática, pero en ningún momento se la victimiza. No es una mártir, es una superviviente. Y el corto lo que explora es el proceso de reconquista de su propio espacio, por eso se permite ser graciosa, ruidosa, patosa. Me gusta mucho también ese retrato de la feminidad desde el contacto con la naturaleza y el placer por las pequeñas cosas.

Es un trabajo que surge de un lugar muy oscuro, pero está contado de una manera muy luminosa.
Irene siempre lo quiso enfocar así. A Max Grosse, que interpreta mi pareja en la ficción, y a mí siempre nos insistía en que nuestra relación no se basaba en la toxicidad, que todo era sano y limpio entre nosotros. Se trata de un enfoque positivo en torno al dolor.

Eso no es nada habitual, parece que ser positivo no sea un valor en alza.
Yo nunca había visto una película que hablara de una experiencia de abuso desde el punto de vista del empoderamiento y la posibilidad de sanación como lo hace ‘Suc de síndria’. También me cuesta muchísimo encontrar historias de amor que se cuenten desde una perspectiva saludable, parece que el conflicto siempre tenga que recaer en las emociones bajas, cuando debería hacerlo en la narración, en el estilo, en la emoción.

"Yo nunca había visto una película que hablara de una experiencia de abuso desde el punto de vista del empoderamiento como ‘Suc de síndria’"

En ese sentido, las historias de empoderamiento femenino suelen eludir el componente masculino, algo que en ‘Suc de síndria’ no ocurre, de forma que el hombre ocupa una parte importante del relato.
Para mí era muy importante el punto de vista sobre el personaje de Pol, porque es muy delicado. Él está ahí para ella, la acompaña, pero en ningún momento se identifica con la figura del salvador. No quiere protegerla, sino darle la mano, porque es ella la que tiene que hacer el proceso. Es una figura masculina nada invasiva, sensible y empática.

El cuerpo de la mujer (su cuerpo) ocupa un espacio importante en el corto. ¿Cómo se abordaron las escenas de desnudo?
Había muchos momentos de intimidad en el corto y desde el principio estaba claro que yo iba a estar desnuda un 80% del metraje. Para Irene Moray era muy importante para explicar qué relación tenía el personaje con su cuerpo. Cuando se la ve desnuda está integrada en la naturaleza, como si fuera un animal, natural, sin pudor, sin connotaciones. No es un cuerpo sexualizado, es un cuerpo en estado puro. La diferencia está en la mirada, normalmente el cuerpo femenino se plasma desde la estética, y aquí se aboga por la sensualidad, por el erotismo sensorial. 

Parece que en los últimos años se ha vuelto a reivindicar la naturaleza como espacio para expresar las emociones. Además de este cortometraje, pienso en ‘Con el viento’, en la que también intervenía e incluso en la última parte de ‘Les amigues de l’Àgata’.
Creo que hay una tendencia a buscar más allá de la ansiedad de la ciudad. Cuando se trata de procesos introspectivos, como en el caso de ‘Suc de síndria’ o ‘Con el viento’, se necesita mucho espacio mental y de alguna manera volver a los básicos, y en ese sentido, la naturaleza es el punto de partida.

"Es importante que haya una mayor visibilidad femenina, que haya nuevos referentes. Y no tiene nada que ver con una moda, como se ha dicho de forma maledicente"

Han pasado cuatro años desde que presentó en el D’A Film Festival ‘Les amigues de l'Àgata’. Cuatro años de lo más intensos.
Es cierto, desde que acabé la carrera hasta ahora no he tenido ninguna pausa y ahora empiezo a procesar cómo estoy y qué me ha pasado. Quizás por eso estoy haciendo un ejercicio de volver para adentro y empezar a escribir para hacer mi siguiente película.

Es usted una persona muy activa e inquieta: escribe, dirige, interpreta, hace teatro experimental. ¿Qué le aporta cada una de estas facetas?
Me gusta tener todos estos frentes abiertos porque satisfacen inquietudes muy distintas. Hay momentos en los que me apetece mucho hacer teatro o performances, que son procesos más cortos, más inmediatos, no tienen tantas fases, y hay otros en los que me apetece meterme en el desarrollo minucioso de una película. Y lo mismo ocurre con dirigir, es mi manera de contar historias y aportar una visión que a mí me parece que es guay que exista, al igual que me gusta actuar porque necesito ese juego, es como un espacio de liberación para mí.

Estos últimos cuatro años también han sido decisivos para el afianzamiento de la mujer detrás de la cámara.
Es importante que haya una mayor visibilidad, que haya nuevos referentes. Y no tiene nada que ver con una moda, como se ha llegado a decir de forma muy maledicente. Da gusto ver historias que se cuentan desde un punto de vista nuevo. Hay muchos sectores de la sociedad que tienen cosas que aportar, y lo mismo que pasa con las mujeres, ocurre con la gente de distintos orígenes culturales o los colectivos queer. Antes me preguntaban cuáles eran mis referentes femeninos y no sabía que contestar. Ahora lo tengo claro, mis referentes son mis amigas.