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FERIA DEL LIBRO DE BUENOS AIRES

Los editores argentinos se acercan (tímidamente) a Barcelona

En un contexto de crisis generalizada, los sellos pequeños se vislumbran como principal semillero del interés opr la literatura en catalán

Elena Hevia

Estand de Barcelona en la Feria del Libro de Buenos Aires

Estand de Barcelona en la Feria del Libro de Buenos Aires / ACN / PERE FRANCESCH

La situación está como sigue: en medio de la tremenda crisis económica que sufre Argentina (una más) y con el consumo general drásticamente reducido, este 2019 ha sido el peor para la industria del libro en el país austral. La producción ha caído hasta el 50%, con tiradas reducidas al mínimo y la ventas un 12%. Es en ese planeta donde ha aterrizado la delegación catalana (bien, debía ser barcelonesa pero el ayuntamiento ha preferido mantener un perfil bajo y cederle el bastón de mando al más combativo Ramon Llull).

Podría parecer una tarea inútil pero no toda Argentina está ocupada por el desánimo de la recesión, los editores a modo de pueblito galo resisten una y mil veces creyendo apasionadamente en su trabajo, interesándose por todo lo que se publica en el mundo. De esos editores, los más aguerridos son los pequeños. Gente joven. En un fenómeno muy parecido al español, la edición argentina se ha polarizado entre los grandes grupos y un sin fin de pequeños sellos, nacidos en la relativa bonanza de hace una década y que son los que defienden la nueva literatura argentina (son tantos nombres que es difícil llevar la lista al día).

Pues bien, es en esos sellos donde se confía pueda crecer la semilla del interés por la literatura en catalán que cuenta con el acicate de la ayudas a la traducción del Ramón Llull. La literatura en castellano suele estar muy bien representada en las librerías pero hay que tener en cuenta que un libro de exportación puede representar hasta un 15% del salario mínimo argentino.

Un lugar de honor para Trampa

Si hay una editorial, muy pequeña y muy joven, se merece un lugar de honor en el estand de Barcelona en Buenos Aires, esa es el sello barcelonés Trampa. Que con sus primeros libros de su catálogo parece haber trazado ese puente ideal entre las dos ciudades, primero con una cuidada edición de la poesía de Oliverio Girondo (el del poema que abre la película ‘El otro lado de la cama’), la novela ‘La camarera de Artaud’ de Verónica Nieto, argentina afincada en Barcelona. Pero sobre todo con Barcelona-Buenos Aires, ‘11.000 kilómetros’, una colección de relatos coordinados por Tatiana Goransky en la que se ha invitado a 11 autores catalanes y 11 argentinos a hablar de este vínculo a través de textos inéditos.

Lo cierto es que de momento, la feria no ha hecho más que empezar, pero no se detectan editores que acudan en tropel a buscar esas novedades. La cosa va lenta pero empiezan a atisbarse algunos frutos. El joven editor Maxi Papandrea, fundador del sello Sigilo, ha cerrado ya el contrato para publicar ‘El meridià de Paris’ de Lluís Calvo, un ensayo literario sobre el destino de Europa vinculado a su pasado. “Me interesa por su carácter internacional y por su prosa impresionante, la forma amable que tiene de tratar temas muy complejos que puede seducir a cualquier lector curioso. Además es un tipo de libro que interactúa perfectamente con nuestro catálogo”. La venta no se ha cerrado exactamente aquí, viene de más atrás del llamado 'fellowship', una actividad del Llull en la que se invita durante una semana a una serie de editores internacionales para seducirlos. Además Sigilo está a punto de abrir una sede en Madrid -a la manera de Sexto Piso- con su socio Adam Blumenthal -un israelí que aprendió catalán en la Universidad Hebrea de Jerusalén porque tenía ganas de leer a Quim Monzó en su lengua original- e iniciar así un lento crecimiento.

Víctor Malumian, de Alto Pogo, dirige su mirada especialmentea las nuevas voces. “Nos llaman los estilos narrativos personales y las voces contundentes y eso hace que nuestro catálogo sea muy heterogéneo. Antes de que Irene Solàganara una mayor visibilidad con el premio Anagrama en catalán, ellos ya se habían echado el ojo a  ‘Els dics’ . “Es un libro con una gran frescura y potencia en el que percibimos mucho futuro”.

En Metalúcida, las editoras Fedra Spinelli y Sandra Buenaventura, están muy interesadas en las nuevas voces femeninas, autoras como Marta Rojals y Anna Punsoda serían ideales para su catálogo. “El 8 de marzo del 2018 tuvo una gran fuerza ciudadana en Buenos Aires y este año ha sido aún más potente. Ese es uno de los grandes temas que interesan en este momento y buscamos novelas que lo reflejen”. Spinelli se vale de Buenaventura, que vivió en su infancia en Catalunya y allí se escolarizó -su primer recuerdo lector fue ‘El manuscrit del segon origen¡- para acceder directamente a las novedades en catalán: “Detecto unas ganas de seducir en la literatura catalana, de creación de deseo, que no me llega en la castellana”. Con todos estos anzuelos lanzados habrá que ver qué se pesca. Faltan todavía dos semanas de feria. 

Antonio López Llausàs, entre dos culturas

Si hay un personajeque ejemplifique a la perfección los frutos del exilio catalán en Argentina, ese es Antonio López Llausàs, un empresario, editor, librero, impulsor de revistas y un visionario en lo que respecta a la renovación de la cultura. En los años 20 inauguró en Barcelona la librería Catalonia, posiblemente la primera en España en su concepción moderna como centro de agitación cultural y uno de los impulsores de que la celebración de Sant Jordi pasara al 23 de abril con todas sus señas de identidad nacionalista.

Llausàs es el protagonista de ‘Barcelona Buenos Aires, puente de libros’, una exposición que puede verse en el Museo Larreta de Buenos Aires hasta el 20 de mayo (este Larreta, por cierto fue una especie de Ciudadano Kane porteño en lo tocante al coleccionismo, que se hizo famoso por escribir novelas histórica de tema español que hoy prácticamente nadie lee y su casa, el museo, es una especie de Xanadú en miniatura). La muestra estácomisariada por Julià Guillamon.

A López Llausàs le llamaron desde Buenos Aires en su exilio parisino para que pusiera orden en Editorial Sudamericana, fundada por Victoria Ocampo (la gran mecenas cultural del momento), Oliverio Girondo y Rafael Vehils, entre otros,  grandes intelectuales pero sin el menor sentido comercial. Llausàs veló por la parte comercial pero supo poner al frente de la sección literaria al legendario editor Paco Porrúa, el descubridor de ‘Cien años de soledad’, editor de Cortázar, Onetti, Faulkner e impulsor de Minotauro con Bradbury y Tolkien. Vendido más tarde al grupo Random House, Llausàs regresó a Barcelona donde creó Edhasa, un sello con querencia transatlántica que se ha distinguido por traducir al castellano los clásicos catalanes.

Temas: Libros