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BCN FILM FEST

Rupert Everett: "Con Wilde comenzó el proceso de la liberación gay"

Hablamos con el actor británico sobre 'La importancia de llamarse Oscar Wilde', su debut como director y guionista de cine

Juan Manuel Freire

Rupert Everett, como Oscar Wilde, en la película que ha dirigido y protagonizado.

Rupert Everett, como Oscar Wilde, en la película que ha dirigido y protagonizado.

El reputado actor británico no ha podido acudir finalmente al BCN Film Fest para presentar 'La importancia de llamarse Oscar Wilde', su debut como director y guionista de cine, pero accedió a dedicarnos unos minutos de conversación telefónica. Su visión de los últimos días del escritor, poeta y dramaturgo, en los que intercala momentos anteriores de dolor y gloria, llega este viernes a los cines.

¿Qué importancia ha tenido Wilde en su vida?
Es alguien que siempre ha estado presente, pero sobre todo en los últimos diez años, cuando he estado más metido en llevar a cabo este proyecto. Lo veo como un santo patrón y, más que eso, una figura crística. Alguien que fue crucificado a manos de la sociedad y renació para marcarnos el camino. Con él comienza el proceso de la liberación gay. Quería hacer una película que fuera, en cierto modo, inspiradora para la comunidad LGTBQ e infundiera fuerza para seguir adelante.

Además de como un 'biopic' parcial del escritor, la película puede leerse como una prehistoria del movimiento LGTBQ.
Eso es precisamente lo que es: una crónica del kilómetro cero del camino hacia nuestra libertad. Hablamos de la primera persona abiertamente gay que caminó por el París del siglo XIX. Podías señalarle y decir: "Por ahí va un homosexual". Él no tenía ningún problema con eso. Enseñó a la sociedad a no verlo como una tara.

No es la primera vez que encarna a Wilde; ya lo hizo en el 'revival' del Hampstead Theatre del 2012 de la obra 'El beso de Judas', de David Hare, en la que también se aborda su desgraciada historia de amor con Lord Alfred Douglas, alias Bosie.
Estoy muy familiarizado con su vida y su obra. Hice también una producción teatral de 'El retrato de Dorian Gray'. En cine, protagonicé una adaptación de 'El marido ideal'.

Estar tan familiarizado con sus palabras, ¿hizo más fácil escribirle líneas de guion? ¿O resultaba un poco intimidante?
Sobre todo era excitante. Fue un gran viaje. Si te empapas de su obra, es más o menos sencillo extraer ideas que después transformar, resituar o integrar en los diálogos.

Cuando empezó a mover este proyecto, hace más de diez años, el productor Scott Rudin estaba interesado en llevarlo a cabo con Philip Seymour Hoffman como protagonista.  
Así es, pero yo quería estar en el centro de la película. La había escrito como un vehículo para mí mismo, después de ver cómo empezaban a escasear las buenas ofertas.

¿Cree que habría sido una película muy diferente con Hoffman como protagonista?
Habría sido una gran película, y él habría estado maravilloso, como siempre. Seguramente se habría hecho antes y sin problema alguno de financiación. Quizá incluso debí callarme. Pero en aquel momento necesitaba ese papel para mí.

A nivel narrativo, 'La importancia de llamarse Oscar Wilde' es bastante atrevida: se mueve por la lógica del sueño, o quizá sería mejor decir del recuerdo.
Para mí es como el retrato de un cerebro en proceso de derrumbe. Pequeñas burbujas de memoria estallan aquí y allá. Desde el principio pensaba en su lecho de muerte como un escenario que podía hacerse microscópico, claustrofóbico, o ensancharse para dar cabida al pasado.

¿Cómo describiría su propia dirección de actores? ¿Un actor es el que mejor dirige a otro?
Desde luego, conozco a los actores, y a todos nos gustan y disgustan las mismas cosas. Cuando trabajamos, queremos que nos dejen tranquilos. El trabajo importante de un director, en el plano de las interpretaciones, es escoger bien. Lo demás viene solo. Yo me cubrí las espaldas fichando a gente como Colin Firth, Tom Wilkinson o Emily Watson.

Por lo visto, P.J. Hogan no le dejó tranquilo durante el rodaje de 'La boda de mi mejor amigo'.
¡No, desde luego que no! (risas). Pero es un director con el que resulta muy divertido trabajar. También hice 'Amor sin condiciones' con Hogan. Un director de la vieja escuela, capaz de repetir la misma toma hasta treinta o cuarenta veces.

Y no elegir nunca la misma que usted habría querido.
Pero eso es problema de los actores. Nunca estamos contentos con las tomas que se eligen. Hogan hizo un gran trabajo en 'La boda de mi mejor amigo'. Es una película maravillosa.

¿Cuáles serían otros de sus roles favoritos? Estaba increíble como el editor pagado de sí mismo de 'El placer de los extraños'.
Estoy muy contento de haber hecho esa película y haber podido trabajar con Paul Schrader. Un drama adulto, ambiguo, suntuoso… La clase de película que ahora mismo sería imposible hacer.

"Conozco a los actores y, cuando trabajamos, todos queremos lo mismo: que nos dejen tranquilos"

¿Qué me dice de 'Mi novia es un zombie'? En mi opinión, una obra maestra.
Michele Soavi es un director increíble. A mí me parece una de las mejores adaptaciones que nunca se hayan hecho de un cómic. Mejor que todo lo que se ve ahora.

Usted era el actor indicado para el papel del detective sobrenatural Dylan Dog, entre otras cosas porque el historietista Tiziano Sclavi se basó en usted para el personaje.
¡Estaba hecho absolutamente a mi medida, así es!