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ENTREVISTA

Sergei Loznitsa: "Está claro que Putin es un producto del estalinismo"

El director ucraniano ha estrenado 'Donbass', una descarnada crítica de la Rusia contemporánea que oscila entre la comedia y la tragedia

Nando Salvà

Sergei Loznitsa, en mayo del 2018.

Sergei Loznitsa, en mayo del 2018. / GETTY IMAGES

En su nueva película, 'Donbass', el aclamado autor ucraniano ahonda en uno de los temas esenciales de su carrera en el campo de la ficción y en el del documental: la crítica descarnada de la Rusia contemporánea. Para ello retrata el conflicto bélico que se vive desde el 2014 en la República Popular de Donetsk, estado autoproclamado en el este de Ucrania y ocupado por separatistas prorrusos; y lo hace a través de una sucesión de viñetas situadas entre la comedia y la tragedia, que muestran una sociedad sumida en la paranoia, la violencia y la corrupción.

¿Es cierto que el punto de partida de 'Donbass' son unos vídeos de YouTube?

Me basé en vídeos de YouTube, en propaganda emitida por los noticiarios y en historias que les escuché a amigos que vivían en el territorio y se vieron obligados a escapar. La intención de la película es presentar una serie de episodios que representan diferentes formas de humillación, degradación y corrupción moral.He querido describir la sociedad al completo, sin personalizar. El protagonista de la película es la situación misma.

Tal y como usted lo retrata, su país parece haber sido infectado por un virus.

Quiero dejar claro que no retrato Ucrania en su conjunto. La destrucción y la animalización que asolan 'Donbass' no son extrapolables al país entero aunque sí lo sean a muchos otros sitios. El mundo está lleno de lugares caídos en el salvajismo.

Sea como sea, 'Donbass' pone el foco en algo mucho más concreto: la invasión de un territorio impulsada por Rusia.

Sin duda. ¿Qué hay detrás de la agresión rusa? ¿Qué plan persiguen? Se trata de un conflicto entre dos mentalidades. Por un lado, la de quienes desean reinstaurar la Unión Soviética; por otro, la de quienes quieren ser parte de Europa y aceptar el respeto institucional de los valores europeos. A ojos del régimen de Putin el fin justifica todos los medios. La gente no importa y, por tanto, se rechazan el estado de derecho, la libertad de empresa y los derechos humanos. Me parece una actitud estúpida, porque todos sabemos cómo acabó el totalitarismo soviético.

¿Hay esperanza de que cambie algo en la situación interna de Rusia?

Probablemente no, porque hace mucho tiempo se cometieron errores cruciales.  Tras el colapso de la Unión Soviética, Occidente no debería haber proporcionado apoyo financiero sin exigir a cambio medidas políticas destinadas a completar un proceso de desovietización; algo parecido a lo que sucedió en los juicios de Nuremberg. En cambio, en Rusia Stalin sigue siendo considerado un héroe. Es como si actualmente Hitler fuera venerado como un héroe en Alemania, una aberración.

¿Diría que la Rusia de Putin tiene maneras estalinistas?

Está claro que Putin es un producto del estalinismo, pero los modos han cambiado. Hoy ya no es necesario meter a la gente en prisión; es suficiente con apresar sus mentes. Gracias a las nuevas tecnologías, que limitan nuestra capacidad de atención, en la actualidad los jóvenes apenas pueden leer un libro o escribir un texto a mano. Nuestras capacidades intelectuales se atrofian, y el poder político sabe aprovecharse de ello. Así lo dejan claro las 'fake news', que a mí personalmente me parecen un fenómeno fascinante.

De hecho, 'Donbass' empieza y acaba en el rodaje de una noticia televisiva falsa.

Las 'fake news' no son nada nuevo. Todos los países trabajan con ellas desde hace tiempo. Lo que es nuevo es el descaro con el que se nos suministran. La televisión de Putin no emite más que mentiras; los informativos hablan constantemente de agresiones a Rusia por parte de poderes extranjeros. Y en Ucrania hay rostros que son conocidos por haber aparecido en diferentes noticias, con identidades distintas y maquillaje y vestuario diferentes. Siento decirlo, pero me sorprende la facilidad con la que el público se deja engañar.

'Donbass' transmite mucha ira, pero lo hace usando la comedia negra. ¿Por qué ha elegido ese tono?

Me da la sensación de estar asistiendo a un carnaval. Los líderes de todo el mundo -el presidente de Estados Unidos, el de Brasil- son como personajes del gran guiñol, y los votantes lo asumen, y por eso se les permite decir y hacer cosas que deberían ser impensables en una sociedad moderna y civilizada. Y, dado que en la vida diario estamos tan expuestos a todo ese esperpento, creo que el tono grotesco es el más adecuado para mostrar lo que está sucediendo. Además, ser capaz de reír significa no tener miedo. 

Al mismo tiempo, todas las escenas de 'Donbass' tienen algo de repuIsivas. ¿Siente usted que se ha ido extremando con cada nueva película?

A veces siento que me siento excesivamente atraído por la maldad y la fealdad. En todo caso, quien se ha extremado no soy yo sino el mundo que nos rodea. Hay un dicho popular ruso que reza: "Justo cuando llegas al fondo del infierno, de repente oyes a alguien golpear desde debajo del suelo". Las cosas siempre pueden ir a peor.