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ENTREVISTA

Jennifer Egan: "La ficción te cuenta cosas que la historia no te va a contar"

En la aplaudida 'Manhattan Beach', la autora de 'El tiempo es un canalla' da otro giro formal y se sumerge en el Nueva York de la segunda guerra mundial

Idoya Noain

Jennifer Egan.

Jennifer Egan. / ANTHONY PIDGEON REDFERNS

Cuando vio la luz 'Manhattan Beach' (Salamandra) la lluvia de alabanzas cayó de nuevo sobre Jennifer Egan, la autora de 'Ciudad Esmeralda', 'Look at me' y 'La torre del homenaje', galardonada con un Pulitzer en el 2011 por 'El tiempo es un canalla'. George Saunders aplaudió "la generosidad de su prosa" y llegó a decir: "No conozco a mejor escritor trabajando hoy". En 'Kirkus', apuntando a la capacidad de Egan de ofrecer en cada novela cambios de género, de forma y de fondo, con excelentes resultados, escribieron: "Aparentemente no hay nada que Egan no pueda hacer".

Sentada en la cocina de su casa en Brooklyn, Egan se toma las loas con modestia, una sonrisa y cierta distancia. "Lo único que hago es ocultar lo que no puedo hacer no intentando hacerlo", dice la escritora y periodista. Pero se declara "afortunada" por que su último libro, una novela de ficción histórica con un triángulo protagonista liderado por un potente personaje femenino que se sumerge en la vida de Nueva York, sus astilleros y la mafia durante la segunda guerra mundial haya encontrado lectores, en buena parte muy distintos a los de sus anteriores trabajos. "Sin duda es el libro más difícil que he escrito", asegura.

La pulsión de un tiempo y un lugar

Esta vez Egan se ha alejado de la experiencia y la memoria propia y de las experimentaciones estilísticas, estructurales o de enfoques narrativos. Como suele hacer una escritora que dice que "una idea significa muy poco" para poner en marcha un proyecto, se dejó llevar por la pulsión hacia un lugar y un momento particulares, en este caso, ese Nueva York de la segunda guerra mundial y los astilleros que en el cine retrató 'La ley del silencio'. Empezó a sentir esa pulsión en 2004, poco después de tener a su segundo hijo. Siguió ahí los siguientes años, mientras tenía una beca de investigación en la Biblioteca Pública de Nueva York, mientras participaba en un proyecto para registrar la historia oral de mujeres de Brooklyn, mientras su vida se convertía en "una locura" tras el Pulitzer…

La persistencia de esa pulsión le guió y encontró su camino hasta las páginas, donde cobra vida la historia profesional y personal de Anna Kerrigan, una joven que logra romper barreras y convertirse en buzo y de cuya mano se recorre también el mundo del hampa neoyorquina de la época, de la marina mercante y de todo un país marcado por la guerra.

No fue un proceso fácil. De hecho Egan asegura que fue "agónico". La exhaustiva investigación y las entrevistas con octogenarios y nonagenarios que son la memoria viva y en desaparición de aquel momento le daban "algo para empezar a ciegas pero pensaba que no iba a funcionar, que había demasiadas cosas que no sabía, que no podría dar sentido a la trama". Durante dos años y medio tuvo la sensación de estar "fingiendo" y sentía "presión porque tenía por fin lectores internacionales tras 'El tiempo es un canalla'". Hasta que llegó un momento, "aunque no es exactamente un momento", en que se sintió "como cuando llegas a lo alto de una colina y tienes la vista entera. Había absorbido lo suficiente".

La alegoría, fundamental

Fue clave también determinar que el presente estaba inherentemente ahí, en esa historia del pasado. "Estructuralmente la alegoría me interesa mucho y acabé sintiéndome bien una vez que la tuve, cuando me di cuenta de que todo flota sobre un subtexto que es todo lo que yo y los lectores sabemos que ha pasado desde entonces", explica.

Aunque escribió el libro durante la Administración de Barack Obama y antes del #MeToo, Egan "pensaba que escribía de un mundo que realmente había cambiado". La autora dice haberse dado cuenta de que es "más contemporáneo de lo que pensaba". "Conscientemente pensaba en volver a un periodo en que se tenían parámetros morales diferentes para las mujeres y pensaba que cosas así no pasaban hoy", dice. Y recuerda que cuando Donald Trump ganó las elecciones tuvo la "inquietante sensación de que entraban en la Casa Blanca personajes del libro" y parte del mundo que retrata: "Ese viejo Nueva York, su corrupción y la visión del poder apoyado por la fuerza física".

"Si un escritor de ficción hace su trabajo está contando una historia pero la cultura está contando su historia a través del escritor", reflexiona Egan. "Ese es el principal servicio de la ficción; por eso es tan útil como documento cultural: te cuenta intencionada y no intencionadamente cosas que la historia no te va a contar. Es una forma moderna, se inventó para ser moderna y no creo que la hayamos superado".

"La ficción debe mantenerse viva porque hace algo que nada más hace", continúa. Y sin querer criticar otras formas de arte, explica que, por ejemplo, cuando se ha interesado por los videojuegos y se ha sentado a ver sus cualidades narrativas, ve que en esos términos no hay nada original: "Su originalidad está en la tecnología y en los visuales. La ficción es la única forma narrativa de arte que nos pone en la conciencia de otro ser humano", insiste. "Cuanto más miramos imágenes menos conseguimos eso".

Temas: Libros