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CRÓNICA DE CONCIERTO

Dominique A, un hombre solo e infinito

El veterano icono del rock francés ofreció un avasallador directo solo con voz, guitarra y pedales

Juan Manuel Freire

Dominique A, en la sala Apolo

Dominique A, en la sala Apolo / FERRAN NADEU

Si un músico que suele grabar discos con banda se presenta en directo sin nadie más, el primer pensamiento en llegar a la mente es: ¿se sostendrá el espectáculo? Y también: ¿no vamos a echar de menos el empuje de la batería, la sinuosidad del bajo, etcétera? Pero ante un artista como Dominique A, las dudas ofenden.

La noche del miércoles, en su concierto en Caprichos de Apolo, el clásico de Nantes volvió a demostrar que él solo (y su guitarra y sus pedales de efectos) se basta para derrochar la energía que bandas con plantel numeroso luchan por acariciar. También recordó cómo, a menudo, la fragilidad puede sacudir con la fuerza de un tanque.

Precisamente así, 'La fragilité', se llama uno de los dos grandes álbumes que publicó en el 2018; disco íntimo y de raíces folk, pero puntas electrónicas, que anoche recorrió con agradecible insistencia. Del otro, 'Toute latitude', más 'de banda', tan solo presentó 'Lorsque nous vivions ensemble'.

Todo un 'one-man show'

Lejos del recital desnudo y desenchufado, presuntamente cercano, esta gira en solitario es un intenso, a veces espectacular 'one-man show'. La secuenciación es perfecta. Tras un arranque mesurado y prístino ('La poésie'), el sonido se va ensuciando y la tensión asciende ('Hasta que el cuerpo aguante', 'Pour la peau'), pero Ané avisa que no todo será dinámico. Sabiamente, alterna los momentos fulgurantes con otros de recogimiento, para que la emoción no se haga homogénea y lo agitado y lo frágil tengan siempre su impacto. Cada tema tiene su propia e inspirada iluminación, en algunos casos también sus proyecciones, siempre bastante sutiles.

Cada canción era una revelación. O, mejor, un recordatorio de la grandeza de un artista capaz de saltar sin red y sin comparación del 'shoegazing' ('Immortels', con una distorsión muy My Bloody Valentine) a la tradición de la chanson ('Au revoir mon amour'), de la rabia controlada ('Comment certains vivent', en la que se aproxima al rap) a la exaltación desesperada ('Antonia'). Sonidos y ánimos sublimados con una seguridad al alcance de muy pocos.

Generoso, ofreció en Barcelona el mismo concierto que en grandes ciudades francesas donde tiene todavía más poder de convocatoria. Eso significó no uno, sino dos bises, el primero con maravillas como 'Le temps qui passe sans moi' o 'En surface' (su dúo con Étienne Daho), el segundo un acercamiento a 'Le courage des oiseaux' con baile interpretativo al estilo de la coreografía mística de la serie 'The OA'. Infinito, en fin.