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HITO DE LA EGIPTOLOGÍA

El hallazgo de la tumba de Tutankamón: fe, robo y 'fake news'

Howard Carter descubrió en 1922 la primera tumba intacta de un faraón, hito de la egiptología que desató una locura mediática

Anna Abella

El arqueólogo Howard Carter, trabajando en el sarcófago de Tutankamón. 

El arqueólogo Howard Carter, trabajando en el sarcófago de Tutankamón.  / HARRY BURTON

150 de aquellas "cosas maravillosas", como las calificó Howard Carter al vislumbrarlas por un agujero de la tumba, a la luz de una vela, brillarán literalmente por el oro de muchas de ellas, hasta el 15 de septiembre en París, en la exposición del Gran Salón de La Villette. Llevan haciéndolo hace casi cien años, los transcurridos desde que el tenaz egiptólogo británico realizara, el 4 de noviembre de 1922, el mayor descubrimiento de la historia de la arqueología, el hallazgo de una tumba intacta de un faraón. Salían entonces a la luz, 3.300 años después de su prematura muerte, hacia el 1324 aC., la momia y los tesoros del aquel joven rey Tutankamón de apenas 19 años. 

No cesaban de decirle a Carter sus colegas que ya no quedaba nada por explorar en la necrópolis del Valle de los Reyes, cerca de Luxor, pero él, tras encontrar diversos indicios, estaba más que convencido de que allí estaban los restos de Tutankamón, quien hoy las sucesivas pruebas científicas certifican que era hijo de Akenatón, el faraón hereje y esposo de Nefertiti, que había osado desafiar al todopoderoso clero de Amón y a la religión politeísta e instaurado el culto a un único dios, Atón, el disco solar. La madre del 'faraón niño' fue probablemente Kiya, segunda esposa de Akenatón. 

Carter firmó con 'The Times' un contrato en exclusiva por la información del hallazgo que irritó al resto de medios internacionales y egipcios

Carter llevaba años realizando campañas financiadas por el mecenas y aristócrata británico lord Carnarvon, quien nunca perdió la fe en él. Excavaba cuadrícula a cuadrícula de terreno de manera sistemática y exhaustiva, y cuando ya estaban a punto de abandonar porque el dinero se agotaba, un joven miembro del equipo halló un escalón de piedra, el primero de los 16 que conducían a la puerta sellada de la tumba (hoy recién restaurada y llamada KV62).

Incursión furtiva

Sabido es que, aunque Carter, Carnarvon y su hija, lady Evelyn, debían esperar para la apertura oficial a las autoridades egipcias, la impaciencia y la curiosidad les vencieron y, con nocturnidad y alevosía, penetraron en secreto en lo que era la antecámara de la tumba, que para ser de un faraón era en realidad pequeña y modesta a pesar de la cantidad de oro y riquezas que contenía y que aunque parecía intacta había sido abierta en algún momento en la antigüedad y vuelta a sellar.   

La prensa, ávida de noticias, alimentó la maldición de la momia tras la muerte del canario de Carter y la de su mecenas, lord Carnarvon

En aquella primera incursión furtiva Carter y compañía aún creían en la política egipcia que establecía que los descubridores podían quedarse con la mitad de lo hallado. Lógico era que no salieran con las manos vacías, y con los años se sabría que se habían llevado pequeñas piezas. Sin embargo, Egipto, al renovarles el permiso de excavación, cambió la ley para que todo lo encontrado en una tumba intacta pasara a ser propiedad del país. Aquello llevó a Carter a una criticada decisión para conseguir beneficios: conceder por un suculento contrato a ‘The Times’ la exclusiva de toda la información sobre un hallazgo que había desatado una auténtica fiebre internacional por Tutankamón y el Antiguo Egipto. Así, el resto de medios de todo el mundo, que estaban pendientes a pie de tumba de cualquier mínima novedad, y la prensa egipcia quedaban excluidos del acuerdo.  

Mientras, Carter y su equipo se dedicaban a documentar, fotografiar, catalogar y conservar con todo esmero y máximo cuidado cada una de las 5.398 piezas. En ello invertiría una década. El proceso llegó hasta quitar las vendas a la momia, algo que los egiptólogos actuales jamás harían para no ponerla en peligro. 

Quien no llegó a ver la momia fue lord Carnarvon, que murió el 5 de abril de 1923 por una infección que le causó la picadura de un mosquito que se sajó afeitándose. Aquello, unido a la muerte del canario de Carter engullido por una cobra, alimentó las leyendas de la maldición de la momia, supuestamente enfadada por haber profanado el eterno descanso del farón, divulgadas por la prensa que se había quedado sin noticias por la exclusiva con ‘The Times’ y que estaba ávida de noticias. Unas 'fake news' 'avant la lettre' avaladas, encima, por Arthur Conan Doyle, que además de dedicarse a dar vida a Sherlock Holmes se dejó llevar por la fiebre de las ciencias paranormales.