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KOSMOPOLIS

Richard Sennett expone su visión pragmática de la ciudad en el CCCB

El sociólogo traslada a la fiesta de la literatura amplificada su ética urbanística

Elena Hevia

El sociólogo Richard Sennett poco antes de su participación en Kosmopolis. 

El sociólogo Richard Sennett poco antes de su participación en Kosmopolis.  / ROBERT RAMOS

"¿Me está diciendo que el Eixample, la cuadrícula que diseñó Cerdà, hoy es un barrio chino?". La pregunta que provoca no poca hilaridad entre el público la formula el sociólogo y experto en urbanismo Richard Sennett (Chicago, 1943) en el marco de la primera jornada de Kosmopolis en el CCCB a una señora que antes le ha explicado que vive desde hace años en una zona del Eixample donde se ha instalado una gran comunidad china y jamás ha hablado con ellos. Lo que a la mujer le parece mal (la incomunicación) es valorado como una riqueza por el norteamericano, cuya vida transcurre entre Harvard, el MIT y la London School of Economics y es hoy uno de los grandes pensadores de la transformaciones de las ciudades, o quizá podríamos decir de la ciudad, así en singular porque corremos el riesgo, según advierte, de que gracias a la globalización todas las ciudades, llámense Shanghái o Nueva York acaben siendo un mismo tipo de ciudad que nos impone "el capitalismo hegemónico".

A Sennett, que es también consultor urbanístico en la ONU, le interesan las formas más resolutivas de vivir, o mejor dicho de convivir en una ciudad (de lo que chinos y catalanes serían un ejemplo) que las grandes teorías urbanísticas realizadas desde arriba por expertos iluminados. El plan Cerdà, que encierra una ordenación más humanista, ocupa no poco espacio en su último libro, ‘Construir y habitar. Ética para una ciudad’ (Anagrama / Arcadia), conclusión de la fundamental trilogía 'Homo Faber' (o como los humanos hemos construido físicamente nuestro mundo). "Me interesa cómo las personas se mezclan y no creo que sea tan importante si mantienen o no un diálogo entre ellas. Se le ha dado demasiada importancia a la comunicación verbal y las comisiones de los organismos internacionales están llenas de declaraciones de intenciones un tanto huecas. Creo que es mucho mejor que varios colectivos vivan juntos físicamente, porque el cuerpo está diciendo algo mucho más claro que las palabras. Prefiero eso que la idea de que los ciudadanos deben vivir en entornos separados para evitar los problemas como propugna Trump".

Sennett sabe bien qué se siente cuando debes habitar la ciudad como si fueras un extraño, alguien que debe aprender a hacerlo desde cero. Hace unos años sufrió una apoplejía de la que felizmente se ha repuesto, pero la experiencia de no poder caminar con soltura o que le resultara difícil reconocer a la gente por la calle, le sirvió para reformular su percepción del entorno. De ahí la importancia del cuerpo. Este miércoles en algunas preguntas del público se podía percibir una cierta insatisfacción porque Sennett -en conversación con el arquitecto Carles Muro- no colocaba la desigualdad en el centro de su discurso. Pero olvidaban que la suya es una mirada pragmática y más que eso, práctica, un adjetivo que no le incomoda.