05 jun 2020

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CRÓNICA

Vítores y abucheos para la polémica 'Novena' de la OBC y Agrupación Señor Serrano

Un público dividido recibe el innovador formato de concierto propuesto por la OBC y Agrupación Señor Serrano en el Auditori

Pablo Meléndez-Haddad

’Novena Sinfonía’ de Beethoven con la OBC y Agrupación Señor Serrano

’Novena Sinfonía’ de Beethoven con la OBC y Agrupación Señor Serrano / MAY ZIRCUS

Como un choque de trenes, vítores y abucheos se mezclaron al final del concierto del viernes de la OBC en el que la ‘Novena Sinfonía’ de Beethoven llegó aderezada por las artes audiovisuales de Agrupación Señor Serrano, cita precedida por la polémica suscitada por el cartel que anunciaba el evento y que enseñaba a un cachas luciendo paquete y vestido con un bañador con los colores europeos. La obra maestra del genio de Bonn, cuyo cuarto movimiento encierra el himno de la Unión Europea, llegaba servida por una dramaturgia de la compañía teatral que transformó la música en banda sonora de una peli de ilusiones, frustración, derrota y renacimiento de la esperanza en este ‘Garden Center Europa’, que es como Sr. Serrano titula su propuesta, cambiando el sentido de una obra sinfónica y abstracta en un concierto programático audiovisual.

Una pantalla gigante y un escenario cubierto de negro donde se ubicó a coro y orquesta –también enlutados para que visualmente no molestaran– recibían al espectador. Al iniciarse la música, tres manipuladores de objetos, fotos y maquetas iban proyectando sus ideas, un proceso que va evolucionando hasta que, en el cuarto movimiento, se da paso a varias parejas que dan rienda suelta al amor carnal –la solución al problema planteado–, momento en el que algún espectador prefirió retirarse ante la exhibición explícita y en primer plano del magreo, por muy poético que fuera. Eso llegó después de que la sala de concierto se llenara de humo y de proyecciones láser creando un ambiente ciertamente futurista.

El formato de la música clásica

Al final el público se dividió entre los que aplaudían a rabiar y los que protestaban. La verdad es que el aderezo aportó una historia sencilla y bien realizada, y aunque es también es cierto que ante esta música sublime sobran las imágenes –el ‘Adagio’ no necesita discursos sobre fertilizantes para llegar al corazón del oyente–, la propuesta encantó a los menos habituados el rito del concierto clásico. Los abonados de toda la vida lo cuestionaron. Propuestas como esta dan variedad a un estereotipo que se cuestiona desde hace décadas: el formato con el que se ofrece la música clásica. ¿Es válida en el siglo XXI una forma que sigue casi invariable desde hace unos 150 años?

MAY ZIRCUS

Por lo mismo, y ante tanta imagen añadida, el buen trabajo de Kazushi Ono, de la OBC, de los solistas, del Cor de Cambra del Palau y del Orfeó Català quedó casi en un segundo término. ¿Podría haberse hecho lo mismo con música enlatada? Sí. Pero la gracia –y el lujo– del montaje es que se contaba con mucho talento, y así se pudo disfrutar de una ‘Novena’ convincente, aunque tanto artilugio desvirtuara la acústica de la sala convirtiendo el sonido de brillante a estridente. Eso se acentuaba cuando algún instrumento emitía sus notas más agudas, perdiéndose además el empaste y el sonido aterciopelado que las cuerdas de la OBC había estado exhibiendo esta temporada. De los solistas invitados –vestidos, como algunos de los actores, con unos chándales floreados para camuflarse dentro de este Garden Center– impresionó sobre todo el vozarrón de Simon Neal, que pareció amplificado al lado de unos quizás demasiado sutiles Marta Mathéu, Lidia Vinyes-Curtis –inaudible– y David Alegret. La polémica seguro que ha hecho pensar a público e intérpretes. Objetivo conseguido.

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