21 oct 2020

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ENTREVISTA

Javier Pérez Andújar: "En mi novela hay dos Barcelonas y de ninguna hay escapatoria"

El escritor publica la novela 'La noche fenomenal' con la que afirma haberse retirado a la ficción pura

Elena Hevia

Javier Pérez Andújar, en plena calle barcelonesa. 

Javier Pérez Andújar, en plena calle barcelonesa.  / FERRAN NADEU

A Javier Pérez Andújar -los tiempos aprietan y a veces hasta machacan- le molestaba que la lectura que se ha hecho de sus novelas hasta ahora fuera sobre todo sociológica o política, cuando él lo que pretendía y así lo dice "es tan solo reivindicar los adjetivos". De ahí que haya querido cambiar de tercio en su nueva novela, 'La noche fenomenal' (Anagrama), con una obra 100% ficción. Pero no hay que ser muy avisado para darse cuenta de que en la historia que cuenta, la de un grupo de amigos embarcados en un programa televisivo sobre parapsicología, late su propia experiencia con 'Saló de lectura', aquel añorado programa de Betevé dirigido por Emilio Manzano. Y todo ello en una Barcelona descacharrante y picaresca, muy al estilo Mendoza, de la que existe, además, otra Barcelona paralela, al estilo de 'Fringe'. Y aviso para navegantes: nunca una novela de Pérez Andújar ha sido más divertida.

¿A qué se debe este nuevo tono enloquecido?

Agradezco que se note. Me daba miedo que ocurriera como cuando vas a la peluquería y nadie se da cuenta. Sí, ahora me he refugiado en la ficción para salvaguardar lo que creo que es solo un compromiso con la literatura.

¿Pero el hecho de que se haya retirado a los aposentos de la ficción no tiene acaso un significado político?

Probablemente. Incluso a Julio Verne se le puede leer en clave política. Pero lo que yo tenía claro es que quería seguir la estructura de una novela de caballerías, en la que un rey convoca a una serie de héroes que se sientan a una mesa redonda y cuando una dama pide auxilio, como ocurre aquí, todos corren a ayudarla.

Esta como novela de caballerías es un poco quijotesca, porque contempla la realidad con un cristal distorsionado.

Es que después de Cervantes ya es muy difícil no ser cervantino. Pero en fin, mi modelo es un autor que se pasó la vida escribiendo novelas de caballería aunque no lo parecieran: Raymond Chandler.

¿El autor de novelas policiacas? 

Lo que pasa es que la gente no se fija pero sus libros siempre echan a andar gracias a una dama en apuros. Chandler estudió en Inglaterra y allí le metieron novela artúrica por un tubo. A mí no me interesa la trama policiaca sino cómo al final sus capítulos caen en picado impregnados de melancolía.

Con ideas memorables como que "Al suelo todo el mundo. Todo el mundo al suelo" tiene cadencia de rumba, o que los canguros tienen forma de urinarios y quizá den saltos debido a su incontinencia, esta novela mezcla el humor más naíf con un profundo lirismo.

Sobre todo quería hacer reír y antes de hacer una novela de caballería pensé en una novela de humor estilo Tom Sharpe, pero me temí que igual no tenía el pulso suficiente como para hacer reír todo el rato. Y lo del lirismo…, pues así soy yo, pensé que no podía renunciar a eso.

"Esta novela está escrita por alguien a quien no le gusta el mundo en que vive" 

A Don Quijote emular la novela de caballerías le servía para transformar una realidad que no le gustaba. ¿Le ocurre lo mismo?

Esta novela está escrita por alguien a quien no le gusta el mundo en que vive. Buscaba una realidad mejor y, claro, acaba saliéndome el pesimista que llevo dentro. Ahí está esa idea de alguien que está atrapado entre dos Barcelonas y ninguna de las dos es la suya.

Muy simbólico.

Sí, en el libro las dos Barcelonas son muy parecidas y de ninguna de las dos hay escapatoria. La una a la otra se están pidiendo auxilio todo el rato.

En el centro de la novela está el editor y librero José Batlló, el ogro bueno.

Fuimos amigos y él fue una figura importante en la cultura de los años 60 y 70 fundó la colección El Bardo de poesía, la revista 'Camp del Arpa'. El primer Carvalho lo editó él y buena parte de los poetas novísimos.

Es un personaje ideal para usted, un marginal rebelde y anarcoide a quien la cultura oficial nunca reivindicó.

Es cierto que él mismo se atrincheró en su librería, Taifa, pero también es cierto que nadie se autoexcluye del todo. Aquí hubo exclusión y se le han echado paladas de olvido encima.

La novela también está contando cómo se construyen las historias, cómo un grupo de amigos se convierten en caballeros andantes.

Pienso ahora en el final de 'Sospechosos habituales', esa idea de que a partir de una serie de señales clavadas en un corcho se puede construir una mentira. Yo he cogido lo que llevo pegado a mi biografía y he ido mintiendo.

"Jiménez del Oso es como Colombo, los llevo muy dentro de mí"

Y esas señales son sus amigos del programa 'Saló de Lectura' y 'L’hora del lector', reconvertidos en expertos en parapsicología. Imagino que Jiménez del Oso también está detrás de esa querencia.  

Jiménez del Oso, que en la novela se llama Osías, es como Colombo, los llevo muy dentro de mí. El  fue el origen de mi amor por la parapsicología, aunque no creyese en ella. De pequeño me daba mucho miedo.

Es que el tono de su voz profunda y reposada ya te daba muy mal rollo.

Lo que más me gusta es que era un escéptico.

No lo hubiera dicho nunca.

Sí, como la copa de un pino. El primer 'Más allá' se lo dedicó a la Luna. Allí contaba distintas teorías sobre el origen del satélite y al final acababa diciendo: "Sea lo que sea, lo único cierto es que la Luna existe".

"Los tebeos son mi cultura. La gente les da un valor nostálgico porque son cultura popular, cultura de pobres"

Suele decirse que trabaja con la nostalgia pero sus novelas son más bien elegíacas.

El pasado me interesa en cuanto material cultural, no tanto como rescate nostálgico. Lo que ocurre es que uno está hecho de sus lecturas. Y yo juego limpio, no estoy impostando. En mi casa no había Proust ni Thomas Mann. Hablo sencillamente de lo que tenía: la tele, los libros de La Caixa y los tebeos. Otro escritor puede citar a Stefan Zweig y nadie le tachará de nostálgico. Pues los tebeos también son cultura. La gente les da un valor nostálgico porque son cultura popular, cultura de pobres. Pero es la mía, el material con el que me he afinado.

Antes hablábamos de las dos Barcelonas y aunque esta sea una novela de ficción hay un momento de una manifestación en un París alternativo, en el que a todo el mundo se le ha puesto la cara de Jacques Brel, que recuerda poderosamente las manifestaciones independentistas.

No fui consciente cuando empecé a escribirlo pero si lo hubiera hecho, no iba a prescindir de ello porque existiera ese paralelismo.

"Mi causa, como la de los caballeros andantes, es muy difusa"

Cargo del autor de la cita

"¿Y esta manifestación quién la ha organizado? ¿El gobierno?", se dice en la novela.

Ahí sí que fui un poco más consciente, pero en realidad me inspiré en la manifestación de 'Charlie Hebdo', en su mismo itinerario. Y es verdad que en la novela todos llevan la cara de Jacques Brel como todos aquí llevaban la de Puigdemont. En fin, si hay algún paralelismo, qué le vamos a hacer, nos reiremos más.

¿Se arrepiente ahora de haberse puesto en la picota por su opiniones?

No lo hice por mostrar mis opiniones sino para provocar. Y por no provocar absurdamente sino más bien al poder establecido. Creo que nadie tiene razón, en eso soy muy Jiménez del Oso. Parece que a la gente le gustan los provocadores en general si no les afecta directamente.

¿Se podría interpretar que con esta novela se acabaron sus días de provocador?

Es que si cada gesto mío va a ser interpretado para defender o atacar una ideología concreta, estoy atrapado por ello y no quiero. Hablo de mis cosas y ya está. De las suyas, lo que tenía que decir ya lo he dicho y no lo voy a borrar. Yo siempre estoy a favor de los perdedores por sentido de la justicia. Pero mi causa, como la de los caballeros andantes, es muy difusa.