26 oct 2020

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ESTRENO EN BARCELONA

'Lehman trilogy', capitalismo salvaje a todo ritmo

La célebre obra de Stefano Massini sobre la crisis financiera recala hasta el día 24 en el Lliure con una dinámica versión musical de Sergio Peris-Mencheta

Marta Cervera

Los seis actores de ’Lehman trilogy’ en un momento del montaje.

Los seis actores de ’Lehman trilogy’ en un momento del montaje. / JOSE LUIS DIEZ ESTEBAN

Stefano Massini, autor de la premiada ‘Lehman trilogy’, refleja la historia real de Lehman Brothers, el ascenso y caída del que fuera cuarto mayor banco de inversión norteamericano. Se fue a pique en el 2008 con el terremoto financiero generado por sus propios productos de alto riesgo, las hipotecas 'subprime'. La entidad, a la que nadie quiso rescatar, dejó un agujero de 613.000 millones de dólares y casi 26.000 trabajadores en el paro. Convertido en icono de la crisis financiera global, el caso llega ahora al Lliure como ameno ejercicio teatral que permite entender de forma didáctica el trasfondo de la última crisis económica global.

Massini relata la historia de la saga Lehman con claridad meridiana en un texto muy libre, sin acotaciones y sin indicar tampoco quién dice qué. Permite montarlo de mil y una maneras. En Inglaterra, Sam Mendes dirigió una puesta en escena y en el Grec del 2016 se hizo una versión en catalán, dirigida por Roberto Romei, con fantásticos actores y apenas decorado en La Villarroel. Muy diferente es la que ahora se acaba de estrenar el Lliure de Montjuïc, un montaje adaptado y dirigido por Sergio Peris-Mencheta que ha cosechado un gran éxito desde su estreno en Madrid.

Está lleno de ritmo y ambientado en una especie de cabaret donde seis actores interpretan, cantan y bailan: Aitor Beltrán, Ferran González, Pepe Llorente, Darío Paso, Leo Rivera y Litus Ruiz, creador además de la banda sonora de un montaje que también utiliza proyecciones. Algunos de los seis actores cuentan con 'covers' (Óscar Martínez, Ignacio Rengel y David P. Bayona) para poder cumplir con las funciones previstas en Barcelona hasta el 24 de marzo. 

Máxima intensidad

A pesar de dar mucha información y datos, está estructurada de tal manera que pasa rapidísimo porque se apoya en la comedia y la música, aunque también tiene partes dramáticas. "El montaje dura unas tres horas, sin descanso y con una intensidad brutal. Nosotros lo hacemos todo. Cada uno hace un personaje protagónico, uno de los miembros de la familia Lehman, y también interpretamos otros roles muy variados. Es una locura porque también tocamos instrumentos. Algunos tenían conocimientos pero no todos cuando nos metimos en este proyecto", recuerda el actor Darío Paso. Él encarna a Robert Lehman, el último de la saga. Entre sus compañeros el que más papeles hace es Aitor Beltrán, con 21 de los más de 120 que aparecen.

"Cantar y tocar ha sido un reto", confiesa Paso. Utilizan de todo: xilófono, guitarra, violín, piano, bajo, armónica.... "Litus, que ha creado la música, es una máquina y lo sabe tocar prácticamente todo. Pero el resto se ha tenido que esforzar lo suyo para estar al nivel". Curiosamente él es quien menos canta y toca. "No pasé la prueba", suelta en tono burlón. 

De 1844 al 2008

La obra consta de tres partes. La primera abarca de la segunda mitad del siglo XIX hasta principios del siglo XX, cuando Henry Lehman, comerciante judío, deja Baviera y se instala en EEUU en 1844 en busca del sueño americano. La segunda parte se centra en los 20 primeros años del siglo XX. Y la última va del 'crack' del 29, crisis bursátil que abocó a la gran depresión, hasta la muerte de Robert Lehman en 1969. Aunque el montaje continúa hasta el 2008, año de la quiebra de Lehman Brothers.

La música dinamiza la pieza y sirve para situar al público en la época, al igual que los elementos del vestuario. "Todo está muy pensado y medido para poder interpretar a gente de todas las edades, de distintas etnias, clases sociales, hombres y mujeres. Hacemos de todo todo tipo de personas". El vestuario diseñado por Elda Noriega es otro de los elementos a destacar pues con muy pocos elementos, ha de permitir trasladar de época al espectador y diferenciar los personajes. "Acabamos agotados tras la función. Es lo más difícil que he hecho en mi carrera y, a la vez, lo más gratificante".