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CITA DEL FESTIVAL BARNASANTS

Maria del Mar Bonet y José María Vitier, de isla a isla

La cantautora y el pianista funden sensibilidades de Mallorca y Cuba en una gira que comienza en el teatro Joventut, de L'Hospitalet

Jordi Bianciotto

Maria del Mar Bonet y José Maria Vitier, en Barcelona, el miércoles.

Maria del Mar Bonet y José Maria Vitier, en Barcelona, el miércoles. / ACN / PERE FRANCESCH

Las islas desprenden “un parentesco” a través del cual sus habitantes hacen buenas migas, como les gusta pensar a Maria del Mar Bonet y al pianista y compositor cubano José María Vitier. La alianza artística de ambos se estrenó en el último disco de ella, ‘Ultramar’ (2017), y ahora, tirando del hilo, da pie a toda una gira conjunta que estrenan este viernes en el teatro Joventut, de L’Hospitalet (Barnasants) y que les llevará el 24 de marzo a Tortosa.

Para la cantante mallorquina, Vitier ha representado toda una revelación, hasta el punto de que cree que ‘Ultramar’ habría sido “un poco diferente” si le hubiera conocido en las fases preliminares del disco y no en las últimas. “Ojalá nos hubiéramos encontrado antes, pero quizá de todo esto salga otro disco. Yo ya lo veo”, desliza Maria del Mar Bonet. Con todo, en ‘Ultramar’ hay dos músicas de Vitier con marcado peso específico, ‘Amor’ (sobre un texto que su padre, el escritor Cintio Vitier, dedicó a su madre) y ‘Danza de fin de siglo’. Ambas sonarán en el Joventut junto con canciones aportadas tanto por él como por ella, incluyendo ‘Nosaltres les dones’, la adaptación de Bonet del poema de Edith Södergran, recuperada en atención al Día Internacional de la Mujer.

Un brillo distinto

Para Vitier, esta alianza representa una innovación en su floridísimo currículo. “La música cubana tiene influencias españolas y africanas, pero no hay antecedentes de una colaboración como esta. Mis canciones, cantadas por ella en catalán, tienen un brillo diferente”, estima el pianista. Y hablamos de una enciclopedia de la música en sí mismo, autor del arreglo de ‘Unicornio’ (1982), el clásico de Silvio Rodríguez, con quien ha trabajado en otros álbumes (‘Tríptico’, ‘Cita con ángeles’), así como colaborador de Pablo Milanés en discos acreditados a medias como el recién publicado en Cuba ‘Flor oculta de la vieja trova’. Tanto ellos como Jorge Drexler, Ivan Lins o Aute han puesto voz a sus proyectos personales, recopilados en el ‘boxset’ de cuatro compactos ‘Música y silencio’. “Artistas muy generosos, porque los cantautores no suelen ser muy dados a cantar composiciones de otros”, destaca Vitier, que es asimismo el autor de bandas sonoras de películas como ‘Fresa y chocolate’ (1993).

Ha trabajado (por separado) con Martirio y con Maria del Mar Bonet, y considera a ambas voces “muy diferentes”, ya que “las dos tienen una denominación de origen muy marcada, andaluza y mallorquina”, subraya Vitier, músico de formación académica con hondos antecedentes familiares. “Mi padre era violinista, aunque no se dedicó a eso, y mi abuela, Josefina Badia Pagés, tocaba a menudo Lecuona al piano y formó una orquesta de mujeres”, explica. Su estilo refinado y de amplias miras bebe de una banda sonora doméstica que “iba de Bach y Vilvaldi a Benny Moré, Bola de Nieve, Édith Piaf y Maurice Chevalier”. Y a los Beatles. “Y al pop español de Los Canarios, eso ya a partir de mis 13 años”.

Algo misterioso

Pero lo de Bonet y Vitier no se queda en dueto sino que es un trío, completado por el contrabajo y las percusiones que toca Abel Acosta, músico y Viceministro de Cultura cubano, que se atreve con “un instrumento difícil y traicionero” como es el tambor batá, “que tiene 101 toques”, apunta él. Para la cantante mallorquina, Vitier y Acosta alargan así un poco más la lista de “músicos generosos, que te sacuden y te empujan a estar a su mismo nivel”, que le han acompañado en su carrera, “como Albert Moraleda, Lautaro Rosas, Manel Camp, Feliu Gasull o Javier Mas”.

Y el trío se convierte en cuarteto con la pintora y poeta Silvia Rodríguez Rivero, directora artística del espectáculo, además de esposa de José María Vitier. Responsable del complemento audiovisual del concierto, ha comprobado de cerca la química entre la cantante y el pianista. “Algo pasa ahí que les sorprende a ellos mismos”, observa. “Una cosa un poco mágica, misteriosa, una levitación”.