música africana

Witch, los Stones de la mina de cobre

El festival Músiques Disperses de Lleida rescata al grupo de rock que sacudió a la juventud de Zambia en los años 70, forjado en una población minera

El grupo zambiano Witch, en una imagen promocional de la década de 1970.

El grupo zambiano Witch, en una imagen promocional de la década de 1970.

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Nando Cruz

El mundo está lleno de fabulosas grabaciones e historias de las que jamás hemos oído hablar, pero el festival Músiques Disperses lleva más de una década centrando su atención en esos artistas sepultados por el olvido. En su decimotercera edición, el festival se supera a sí mismo programando a Witch, un grupo de rock de los años 70 formado en una mina de cobre de Zambia, cuyos explosivos directos agitaron a la juventud de su país y que acabaron pasando alguna noche entre rejas. En sus años de mayor éxito jamás actuaron fuera de África, pero el sábado llegan a Lleida. Como afirma su líder, Emmanuel 'Jaggari' Chanda, de 67 años: "Dios ha gestionado este regreso".

Emmanuel 'Jaggari' Chanda, en una imagen actual.

El alias de Chanda, 'Jaggari', proviene uno de sus mayores ídolos, Mick Jagger, aunque su carrera es muchísimo menos conocida que la de los Rolling Stones. Witch se formó en Chamboli, ciudad minera de la región central de Zambia que, como toda ciudad minera zambiana, "tenía su grupo de rock representado por el dueño de la mina que compraba los instrumentos de los músicos", cuenta Chanda. Su banda grabó sus dos primeros discos en el estudio de otro empresario minero y los prensó en Kenia, pues en esa época no había fábricas de vinilos en Zambia. La única tienda de discos de su ciudad, Piano House, la regentaba un inglés. "El señor Garson era muy agradable", afirma, recordando una época en la que "la segregación racial era común en clubs y tiendas".

Objetivo: provocar el caos

Witch empezó pronto a llamar la atención. Por su sonido eléctrico y recio, heredero de favoritos anglosajones como Deep Purple, Grand Funk Railroad, Led Zeppelin, Badfinger, Bad Company y Thin Lizzy. También, por su colorista puesta en escena, pues lucían botas de plataforma, sombreros imposibles y ropa interior femenina. Eran unos pintas de cuidado y, bueno, las bandas del cinturón minero tenían fama de fumar mucha hierba. Chanda matiza la leyenda: "Muchos artistas y espectadores la fumaban, pero yo antes de tocar siempre preferí una cerveza. De hecho, compusimos la canción '81st crowd confusion' después de observar el comportamiento de varos fans en nuestros conciertos", desvela. Es hora de desvelar el significado de Witch. Son las siglas de We Intend To Cause Havoc. Traducción: Pretendemos Provocar el Caos.

Su desafiante nombre les perseguiría durante años. En 1975, debutaron en Lusaka, la capital, y la crónica del concierto ocupó la portada del principal diario local. Su fama había trascendido el cinturón minero y se disponía a saltar a Botswana, Zimbabwe, Malawi, Tanzania y Swazilandia. Su popularidad era tal que incluso fueron víctimas de algún pulso político. Un día la policía arrestó a la banda por hacer mucho ruido. "Estábamos tocando en un club a las afueras de Lusaka. El Ministro de Interior tenía un conflicto con el dueño del club, que también era el gobernador del principal banco de Zambia, pero, en vez de pedir que dejáramos de tocar, mandaron a la policía. Pasamos la noche en la cárcel de Kamwala", explica. De todo ello habla 'October night', cuya letra Chanda redactó en el interior de un paquete de cigarrillos que le dio un guardia.

Witch compraron una furgoneta para poder actuar por Zambia y los países vecinos y la pagaron con las ventas del tercer disco 'Lazy bones!!'. Pero entonces llegó la época de los toques de queda. "Sólo podíamos tocar hasta las seis de la tarde y ya no nos podíamos mover de la sala hasta las seis de la mañana del día siguiente, pero fue necesario para garantizar la seguridad de la gente, pues en esa época Zambia acogía a guerrilleros de Angola, Sudáfrica, Namibia, Rhodesia y Mozambique que luchaban por la independencia y los regímenes de sus países bombardeaban los campos de refugiados y puentes", explica. El público dejó de ir a esos conciertos diurnos, pero sus matinales en el cine 20th Century se erigieron en el nuevo destino para los roqueros de Lusaka.

Desencanto por los Stones

En apenas tres años, Witch pasó de ser un grupo de rock eléctrico y crudo a coquetear con ritmos autóctonos. Incluso dejaron de cantar en inglés. Parte de aquella evolución llegó gracias a Osibisa, grupo inglés formado por expatriados africanos que actuó a una hora de la ciudad de Chanda. Witch fueron sus teloneros y escucharon sus consejos. Discos como 'Lukombo vibes' prueban que "pese a la influencia del rock, nuestras raíces están enterradas en suelo africano". 'Jaggari' ha dejado de admirar a Jagger. "No entiendo qué significa 'Sympathy for the devil'. Parece que está cantando como si él fuese Satán y yo, como cristiano, no estoy seguro de querer seguir por ese camino", confiesa.

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'Jaggari' dejó el grupo para dedicarse a la docencia y, ya después, probar suerte como empresario en una mina de brillantes. Sus compañeros de grupo fallecieron y no han podido ver el documental que resume su fabulosa historia. En la formación que actúa en Lleida sí estará el teclista Patrick Mwondela, que se sumó a Witch ya en los 80, en una etapa más orientada al disco-funk. Completan la banda instrumentistas europeos como Jacco Gardner, joven músico holandés conocido por sus discos de pop barroco y psicodélico.

Desde Israel hasta Venezuela

El milagroso debut en España de los zambianos Witch, este sábado en el Cafè del Teatre de Lleida, se completa con otra actuación exclusiva, la del trío Ouzo Bazooka que, desde Israel, practica un folk psicodélico estratégicamente situado a medio camino de las influencias anglosajonas y las de Oriente Medio. Es otro de esos cientos de grupos que pasarán desapercibidos para el 99% de festivales, pero que encuentran un escaparate idóneo en Músiques Disperses.