05 jun 2020

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CRÓNICA

Estrella Morente, copla sin prejuicios en el Liceu

La cantante granadina estrenó su nuevo disco en una reivindicación del género con refinadas incursiones en clásicos como 'El día que nací yo' y 'Ay, pena, penita'

Jordi Bianciotto

Estrella Morente, copla sin prejuicios en el Liceu

LORENZO DUASO

Estrella Morente, sustituyendo los rigores del flamenco por otros, los de esa copla de bata de cola, arrebato de pasión y exuberancia orquestal. Así la vimos este domingo en el Liceu (festival Guitar BCN), estrenando la puesta en escena de un disco, titulado sin rodeos ‘Copla’, con el que defiende este género de canción atravesando las tinieblas del prejuicio ideológico.

Una Estrella colocada, pues, en una situación distinta a la habitual, cantando de pie, proyectando con poderoso gesto escénico un repertorio que el franquismo promocionó como ‘canción española’. Coplas en muchos casos con raíces más antiguas, que ella abordó apelando a la libertad, la atemporalidad de sus textos y la identificación sentimental.

Ante piezas como ‘Antonio Vargas Heredia’ o ‘El día que nací yo’, Morente imprimió su carácter refinado, con alta técnica, modulando con estilo los impulsos más físicos y recorriendo sin mácula versos con ocasional carga de erotismo: ‘La niña de Puerta Oscura’, de Quintero, León y Quiroga, con esos “ojos de calentura” y “la boca como un clavel”. Ni siquiera Estrella Morente es perfecta: pasó algunos apuros, en la primera parte del recital, en las zonas altas de piezas como ‘Miedo’.

Reflejos en blanco y negro

El cancionero se alzó con poderío instrumental en manos de la veintena de músicos dirigidos por José Enrique de la Vega, con profusión de metales y capacidad para trasladarnos a la banda sonora de una remota película en blanco y negro de ‘Cine de barrio’. Inmersión en un imaginario realzado por la aparición de figuras como Marifé de Triana, Juanito Valderrama o Rocío Jurado en la pantalla de vídeo. ‘Copla’ también es un homenaje a todos ellos.

La cantante se retiró y los músicos se adentraron en las ‘Danzas fantásticas’, de Joaquín Turina, frondosa composición de 1919 con ecos románticos. Regresó ella para una incursión flamenca, con guitarras, cajón y palmas, de ‘Los cuatro muleros’ a ‘La noche de mi amor’, pero la tarde no estaba dispuesta para las expresiones ‘jondas’, y el guion de ‘Copla’ se retomó y cerró con ‘Ay, pena, penita’ (“la cantaba la más grande, ¡Lola Flores!”), ‘Soledad’ y ‘Suspiros de España’. Estrella Morente dedicó ahí el concierto a su abuela Rosario, sentada en primera fila. Sobre ella se abalanzó para besarla largamente, imagen última del rescate de este repertorio a través del tiempo.