CRÍTICA DE CINE

Crítica de '¿No es romántico?': una metacomedia romántica sin encanto

Un fotograma de ’¿No es romántico?’

Un fotograma de ’¿No es romántico?’

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Juan Manuel Freire
Juan Manuel Freire

Periodista

Especialista en series, cine, música y cultura pop

Escribe desde Barcelona

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¿No es romántico? ★★

Dirección:  Todd Strauss-Schulson

Reparto:  Rebel Wilson, Liam Hemsworth, Adam Devine

Título original:   'Isn't it romantic'

País:  Estados Unidos

Duración:  88 minutos

Año:  2019

Género:  Comedia romántica

Estreno:  28 de febrero del 2019 (exclusivo en Netflix)

Hace unos años, el director y guionista Todd Strauss-Schulson sorprendió con 'The final girls', comedia de terror (con doble premio en Sitges-15) sobre unos jóvenes de hoy en día que quedaban atrapados en una película de cuchilladas de los 80. Su siguiente película, aunque no escrita por él mismo, parte de una idea parecida, solo que cambiando el 'slasher' más canónico por la comedia romántica contemporánea.

Natalie (Rebel Wilson) es una joven arquitecta a la que las cosas, como mínimo en lo profesional, no le van nada mal. Pero, aunque le cueste reconocerlo, quiere que su vida sea (toda la vida) como el final de una comedia romántica: tenerlo todo. Pero debería tener cuidado con lo que secretamente desea. Cuando se da un golpe escapando de un atraco, despierta en una nueva Nueva York, idílica hasta casi el hastío, donde la constante atención de los hombres resulta casi molesta y su principal pretendiente es un Liam Hemsworth de forzado acento australiano. Su vida es, ahora, 'romcom' pura y dura.

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Hemsworth es, con permiso de Wilson, el jugador más valioso de una exploración poco profunda e ingeniosa de los clichés de ese género casi en extinción. Una vez expuesta la divertida premisa, las guionistas (entre las que figura Dana Fox, de la estimable 'Mejor… solteras') no parecen saber qué hacer con ella, y '¿No es romántico?' se acaba convirtiendo en una comedia romántica estándar, de efectividad irregular, hasta desembocar en una epifanía solo lógica para la protagonista.

Quedan Hemsworth y su acento exuberante; un puñado de selecciones musicales, de Vanessa Carlton a Chris de Burgh, introducidas con buena mala baba; bromas ingeniosas sobre la imposibilidad de decir tacos o (en un guiño a 'The final girls') el absurdo de la cámara lenta, y la cierta elegancia formal de Strauss-Schulson, al que todavía no podemos, debemos cancelar. Hará mejores películas.