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NOVEDAD EDITORIAL

Maryse Condé, la otra premio Nobel

La escritora antillana, ganadora del galardón sueco alternativo, publica 'Corazón que ríe, corazón que llora'

Elena Hevia

La escritora guadalupeña Maryse Condé, en Barcelona. 

La escritora guadalupeña Maryse Condé, en Barcelona.  / SILVIA CORTADA BALLUS

El Premio Nobel llamado 'alternativo', es sabido, ese galardón que una serie de intelectuales suecos no ligados a la sacrosanta academia se inventaron como sustitutivo simbólico para el 2018 -el año en el que el Nobel oficial tuvo que agachar la cabeza a causa los escándalos sexuales- no podía haber escogido a una autora con más atributos que la guadalupeña Maryse Condé (Pointe-à-Pitre, 1936). Mujer, negra, madre soltera casi adolescente, conocedora del Caribe, donde nació hace 82 años, cronista del África negra, luchadora de los derechos civiles en Estados Unidos en la comunidad afroamericana, Condé ha acabado convirtiéndose en una riqueza secreta para la cultura francesa de ultramar. Y eso a pesar de que hoy asegure que ya no cree en las identidades colectivas ni nacionales: "He terminado por comprender que cada persona es diferente".

Lo dice con voz que lucha por salir de su garganta, consecuencia de una enfermedad degenerativa que la ha postrado en una silla de ruedas de la que pide desprenderse para hacerse las fotos. Y es raro porque aunque parezca frágil trasmite una gran fuerza. No ha tenido el menor problema en sufrir cinco horas de coche hasta Barcelona desde el sur de Francia donde reside. El libro que presenta, ‘Corazón que ríe, corazón que llora’ (Impedimenta), relata su infancia con sencillez y deslumbramiento, una niñez feliz cargada de colores y olores que cristaliza en un prosa viva salpicada de criollismos. 

Porque Maryse, hija de empresario y profesora, gente educada y de posición que viajaban cada año desde las Antillas a la metrópolis, a París, sintiéndose ciudadanos franceses, creció entre algodones. "Mi familia pensaba que para proteger a sus hijos era mejor no hablarnos de nuestro origen africano. No querían mentirnos sencillamente escogieron ser franceses". Poco podían imaginar ellos que su hija iba a acabar siendo la primera presidenta del Comité por la Memoria de la Esclavitud en Francia. 

Junto a una niña blanca 

La alienación puede ser muy dolorosa para la persona pero es motivo de enriquecimiento para la escritora. "Yo estaba muy mimada y sin la menor conciencia de la realidad. Empecé a sentir algunas contradicciones en Guadalupe, como cuando una niña blanca me dijo que si su madre la veía conmigo la iba a pegar.  Pero en realidad todo se me reveló en su total crudeza cuando a los 16 y 17 me trasladé a París a estudiar. Allí descubrí mi pasado y mi verdadera identidad".

En ese punto terminan las memorias de infancia que se complementarán con las de juventud, 'La vida sin maquillaje', que Impedimenta también piensa publicar en el futuro. La autora deja ahí un buen 'cliffhunger' cuando dice que a esa edad conoció a un haitiano, Olnel, un día que su "ángel de la guarda no hizo su trabajo". Con Olnel tuvo un hijo del que él no se responsabilizó. Luego se sumergió en la negritud de la mano de su primer marido, el actor Mamadou Condé, con quien vivió 12 años en Guinea, Ghana y Senegal. "En Guinea me llamaban 'tubal', que quiere decir mujer blanca, algo sorprendente para mí y en ese momento sentí lo que decía Frantz Fanon, que los negros no existen, que solo son seres humanos con influencias y problemas distintos".

Asegura que su conciencia como escritora (a los 40 años) y como mujer tardó en llegar, cuando conoció a su segundo marido, el británico Richard Philcox, hoy traductor de sus obras al inglés. Aunque ella ya antes había tomado decisiones importantes. "Fue Richard quien me dio fe y confianza en mí misma, me ayudó a realizarme y a luchar". El resultado de esa lucha la llevó hasta la universidad de Columbia, donde dio clases y se puso en contacto con jóvenes negras. "Veo que poco a poco se le va concediendo a la mujer el lugar que se merece. Durante años he luchado por ello, ahora prefiero ver cómo las nuevas generaciones construyen sus propias estrategias". 

Temas: Libros