óbito

Muere Mark Hollis, el inconformista líder de Talk Talk

El músico británico, referencia tanto del pop electrónico como de las tendencias de vanguardia, fallece de una "breve enfermedad" a los 64 años

Mark Hollis (centro), con los otros miembros de Talk Talk, en 1984.

Mark Hollis (centro), con los otros miembros de Talk Talk, en 1984. / Rob Verhorst Redferns

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JORDI BIANCIOTTO

Sabor del mes de la era del ‘synth-pop’ e influyente artefacto vanguardista, podría verse a Talk Talk como un grupo con dos vidas, y un juguete roto a la postre autoexpulsado de la industria musical. Agridulce destino para el que fuera su cantante y principal compositor, Mark Hollis, fallecido este lunes, a los 64 años, tras una "breve enfermedad" no especificada, tras dos décadas de práctico retiro profesional.

Un caso de disociación entre imagen popular y 'underground': Talk Talk bien puede ser el grupo suministrador de ‘hits’ nostálgicos de teletienda, muy en particular ‘It’s my life’ (1984), si bien su obra tardía, muy diferenciada, ha sido valorada por su influjo en el pop experimental y el post-rock. El cambio de estilo y de actitud tensó hasta la ruptura la relación con su discográfica, la ‘major’ EMI.

Con ascendencia punk

Pero Mark Hollis (Londres, 4 de enero de 1955) estaba educado en la ética punk, hostil a priori a satisfacer demandas comerciales. Su hermano mayor, Ed Hollis, fue mánager de Eddie and the Hot Rods y su primera banda, The Reaction, apuntaba al guitarreo estridente. Una canción creada para ella, ‘Talk Talk’, dio nombre al nuevo grupo, lanzado en la estela de Duran Duran: mismo productor, Colin Thurston, y conciertos como teloneros.

La voz de Mark Hollis, frondosa y con un punto de afectación a lo Bryan Ferry, hizo un buen servicio al cancionero estilizado y emocional de aquel primer Talk Talk, que conectó con las demandas ‘new romantic’. Pero ya con ‘It’s my life’ (canción que tituló su segundo disco) el grupo lanzó un mensaje de disidencia al negarse a aparecer en el videoclip, que se limitó a un encadenado de imágenes de jirafas, morsas y aves zancudas, mensaje crítico contra el ‘playback’ y la simulación labial.

Un inofensivo aviso de lo que estaba por llegar, ya que, tras su tercera entrega, ‘The colour of spring’ (1986), que ya deslizaba cambios (canciones más largas y ambientales), llegó el disco del conflicto, ‘Spirit of Eden’ (1988). Piezas serenas, intrincadas, sin estribillos efervescentes y despreciando el colorismo del pop electrónico a favor de un uso muy elaborado de instrumentos orgánicos: guitarras, bajo, batería y teclados a los que podía sumarse el harmonio, el dobro, los metales o la armónica.

Demandos por la discográfica

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Hollis hizo saber a EMI que del disco no saldría ningún ‘single’ y que no habría conciertos para presentarlo. La compañía les demandó (sin éxito) por no haberle entregado un disco “comercialmente satisfactorio”, y tras la insalvable ruptura, Talk Talk publicó en Polydor su última obra, ‘Laughing stock’ (1991), más radical todavía, abocada a composiciones inquietantes, de una claustrofóbica emotividad.

Alegando necesidad de recogimiento familiar, Hollis liquidó la banda y, ya en 1998, lanzó su primer y último disco en solitario, sin título, obra arrebatadora en la que parecía querer fundir su inquietud musical con el silencio, asentándose en un majestuoso minimalismo. Última señal (exceptuando una pieza, ‘ARB section 1’, que en el 2012 entregó a la serie televisiva ‘Boss’) para un creador al que reconocerían los méritos músicos de diversas escenas, desde el post-rock hasta artistas como James Blake, Sigur Rós, Death Cab For Cutie o Antony.

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