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sexo con pelucas

Una videoinstalación de Albert Serra convierte al espectador en voyeur de una zona de 'cruising' del siglo XVIII

El cineasta explora el deseo en su forma más primitiva en la obra 'Personalien', encargada por el Reina Sofía

Beatriz Martínez

Albert Serra, en la videoinstalación Personalien, este lunes.

Albert Serra, en la videoinstalación Personalien, este lunes. / DAVID CASTRO

A Albert Serra no le gusta ser un provocador, pero con cada una de sus obras consigue generar una reacción convulsa que no deja a nadie indiferente. Estrenó su última película, 'La muerte de Luis XIV', hace tres años, pero durante este tiempo ha seguido explorando nuevos caminos en diferentes formatos y disciplinas que ponen de manifiesto su enorme libertad creativa y su continua búsqueda expresiva a través de las imágenes.

Estrenó en el Volksbühne de Berlín una obra de teatro titulada 'Liberté', que se desarrollaba en el siglo XVIII y que giraba en torno a un grupo de librepensadores franceses que antes de la revolución se dejaban arrastrar por el libertinaje.

"Me quedé con una espina clavada, porque había ciertas tensiones que en teatro eran muy difíciles de explorar, como el exhibicionismo o el voyerismo", cuenta a EL PERIÓDICO. "Entonces se me ocurrió que a través de imágenes se podía llegar a un lugar más sombrío, más existencialista".

De ahí parte 'Personalien', una videoinstalación encargada por el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía dentro del Programa Fisuras en la que el director pretende explorar la raíz del deseo en su forma más primitiva (pero también más sofisticada) inspirándose en la obra del Marqués de Sade.

Nos adentramos así en una sala totalmente oscura en la que la única luz procede de dos pantallas enfrentadas en las que podemos ver diferentes escenas de carácter sexual desde puntos de vista diferentes entre personas que no se conocen entre sí. No hay barreras entre los sexos, ni entre las clases sociales, solo una pulsión pura de deseo carnal. El espectador se adentra en una experiencia inmersiva, ya que al fin y al cabo también forma parte activa al mirar sin ser visto.

"Un bosque, un área de 'cruising' en el siglo XVIII, dos pantallas y el espectador en medio de esos encuentros azarosos -cuenta Serra-, como si estuviera dentro y no pudiera saber quién está mirando a quién, de dónde sale la gente y por qué, de forma que poco a poco se van difuminando las fronteras del placer, del dolor y del deseo. No quería hacer nada ideológico, ni establecer juicios críticos ni sanciones morales de las que hay ahora contra todo, la idea era plasmar cuerpos sin ninguno de esos condicionantes y donde lo racional se convirtiera en arbitrario".

Involución cinematográfica

El director reconoce que se siente más cómodo en un museo que en el mundo del cine, que le parece cada vez más aburrido. Con la explosión digital de principios de siglo, se abrieron muchos caminos y muchas posibilidades, pero en este momento, piensa que se ha involucionado hacia el adocenamiento, algo que hace extensible a las series de televisión y en general a internet.

"Mi obsesión siempre ha sido componer imágenes que no tuvieran ningún componente apriorístico, que tuvieran una atmósfera inédita, imágenes que no se hubieran visto antes, que no puedes reconocer, que te descolocan".

Directores radicales

Junto a la videoinstalación, que permanecerá activa del 27 de febrero al 13 de mayo, el Museo Reina Sofía también programará una 'carta blanca' cuyo título, 'Yo también. Deseo y delito', alude de forma directa al movimiento MeToo y a la involucración moral de la mirada del espectador. El director ha elegido películas que van en la misma línea que su nuevo trabajo, a directores tan transgresores y radicales como Koji Wakamatsu o Shuji Terayama, máximos exponentes de la 'Noveru Bagu' (Nueva Ola Japonesa), a Paul Morrissey o Ulrich Seidl, que utilizan la liberación psicológica a través de los cuerpos.

Otro de sus últimos trabajos, 'Rei Soleil', que ganó en el FID de Marsella, podrá verse en la Fundación Tàpies, de marzo a junio; una pieza que sirve como complemento a 'La muerte de Luis XIV'. Mientras, prepara su nuevo proyecto, que precisamente será una ampliación de 'Personalien' para cine. "Lo que vemos en la videoinstalación es una parte más 'trash' y cruda, pero habrá un desarrollo dramático distinto. Lo que quiero mantener es la pulsión del deseo en estado puro, y la atmósfera tenebrosa, de misterio". El cineasta pretende mantener las imágenes explícitas que aparecen en la videoinstalación (anos dilatados, penes erectos, masturbaciones…), pero tampoco parece importarle mucho si finalmente tiene que prescindir de ellas. "Yo no pongo ideas, las quito. Luchar por las imágenes es quitarles su libertad".