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ENTREVISTA

Cloud Nothings: "Descargamos toda nuestra rabia a través de la música"

Juan Manuel Freire

The Cloud Nothings.

The Cloud Nothings.

En tiempos de recesión guitarrera, la aplaudida banda de Cleveland (Ohio), una de las mejores del indie rock reciente, ha decidido hacer su disco más eléctrico y fiero, lo que es decir bastante. Este domingo presentan este agrio 'Last building burning' en La [2] de Apolo. Hablamos con su líder Dylan Baldi.

'Last building burning' es un disco que no toma prisioneros. Desde el primer segundo, va directo y a la encía, sin que uno tenga tiempo de cubrirse ni salir corriendo.
¡Gracias! (risas). Hay algunos compañeros de grupo que preferían empezar con un crescendo, como en otros discos [recordemos el maravilloso arranque de 'Up to the surface', en el anterior 'Life without sound']. Pero a mí me parecía más excitante empezar con un ¡bang! Eso es 'On an edge'.

¿Diría que este álbum es una reacción al anterior, más pop? Este parece la última parte de una trilogía rabiosa iniciada con 'Attack on memory' (2012) y continuada con 'Here and nowhere else' (2014).
Al final, todo es cuestión de qué te divierte más. He acabado viendo que hacer canciones rápidas y rabiosas me estimula muchísimo. Para mí es el instinto más natural. He de seguirlo.

En mitad de la recesión rock en que vivimos, con Spotify imponiendo la dictadura de un nuevo 'easy listening', este disco parece una declaración de resistencia.
Para serle sincero, no tengo ni idea de lo que pasa a nivel de tendencias. Hay cosas que mi radar no detecta. Nosotros solo tratamos de hacer música que nos haga disfrutar. Lo que más escucho ahora son cosas bastante raras, como Chronophage, de Austin, Tejas, y su disco 'Prolog for tomorrow'.

¿Entonces no le preocupa cómo está situado su disco en Spotify? ¿Ni de qué modo lo escuche la gente?
Sobre todo, me gustaría que lo escucharan de principio a fin. Porque me gustan los discos cortos, que disparan canciones como una metralleta. En cuando al formato, la verdad es que tampoco soy un purista; no soy capaz de distinguir entre el sonido de un vinilo y un CD.

Volviendo al tema de la energía, en este disco, como de costumbre, hay una pieza larga y lenta en mitad del metraje. Esta vez 'Dissolution'. ¿Lo hacen para que el oyente pueda repostar?
A nivel de estructura, funciona bien, porque crea un paréntesis y así puedes volver a golpear con fuerza en el siguiente tema. Por otro lado, es una especie de capricho que me permito. Me gustan las melodías, pero también trabajar con texturas y ambientes, y en eso se basan esas canciones.

¿De dónde viene la rabia del disco? ¿Fue el mundo? ¿Su país?
Cuando me lo preguntan, digo algo más aburrido, pero es la realidad. No se trata del mundo ni de mi país. Es mi cabeza. Funciona así, día tras día. No se me nota porque actúo de forma tranquila y calmada. Después, descargo todo a través de la música.

Su voz en el disco es un aullido casi constante. 'In shame' está al borde del 'screamo'. ¿Cuida de algún modo especial sus cuerdas vocales?
No, la verdad es que no, no sigo ningún tratamiento. ¡Durante diez años, tampoco me ha ido tan mal así!