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ENTREVISTA

Pedro Guerra: "El miedo, el terror, el lobo, es la posible subida de la ultraderecha"

El cantautor canario recupera en el Palau el repertorio de su primer disco, 'Golosinas', que está a punto de cumplir 25 años

Jordi Bianciotto

Pedro Guerra, en una imagen promocional

Pedro Guerra, en una imagen promocional

Pedro Guerra vuelve este viernes al Palau (festival Guitar BCN), el escenario en el que vivió noches pletóricas presentando discos como ‘Tan cerca de mí’ (1997) u ‘Ofrenda’ (2001). Lo hace a propósito de la reedición del primero de sus trabajos, ‘Golosinas’ (1995), que hace 25 años comenzaba a gestarse en sus actuaciones en la sala madrileña Libertad 8. La gira le llevará también al festival Strenes, de Girona (5 de abril).

¿Se reconoce en aquel trovador canario recién aterrizado en Madrid?
Sí, perfectamente. Yo llevaba ya entonces diez años en la música, primero en solitario, porque comencé a los 16, y luego con el colectivo Taller Canario, con el que hice cuatro discos. En Madrid, todo fue muy rápido, me vi tocando en Libertad 8 y a los pocos meses ya estaba firmando un contrato discográfico. Las temáticas de aquel disco sigue vigentes hoy y esas canciones las puedo seguir cantando perfectamente. Pero veníamos de una época en que la desnudez de la voz y la guitarra había estado mal vista. Pero recuerdo ver en televisión a Tracy Chapman, en aquel concierto de Amnistía Internacional, sola con su guitarra, y  pensé: “aquí está pasando algo”. Y luego aparecieron los ‘unplugged’.

Precisamente en 1994 salió el de Nirvana, con un Kurt Cobain cantautor. ¿Lo veía en una galaxia lejana?
Ese disco me llegó, aunque más tarde, pero yo he llegado a muchas músicas tardíamente. Los mismos prejuicios que se han tenido con los cantautores los he tenido yo probablemente con otras músicas, como el rock anglosajón. Pero ahí vi que Nirvana eran unos tremendos compositores de canciones y empecé a liberarme de muchos prejuicios. Yo nunca he tenido problemas para escuchar música en inglés, pero los míos eran Dylan, Cohen, Joni Mitchell, Rickie Lee Jones… A esos los conozco bien.

En ‘Golosinas’, ¿dominan las influencias cubanas y brasileñas?
En este disco se cristaliza una influencia triangular, sobre la que construyo todo lo que vendrá después. Ahí hay tres países: Cuba, con Silvio Rodríguez como referencia concreta; Brasil, con Caetano Veloso sobre todo, y Argentina, con Fito Páez como máxima influencia.

¿Cantautores catalanes?
Sí, Lluís Llach, ya desde la época de Taller Canario. Tuve un profesor en tercero de BUP que me descubrió el álbum ‘Gener de 1976’, que arranca con una canción al piano y eso para mí fue una revelación. Escuché mucho a Llach, a Maria del Mar Bonet, a Marina Rossell… Serrat vino después. Yo era más de Llach que de Serrat. Hablo de cuando tenía 16 o 17 años: ahora no cometería el error de hacer una elección entre uno y otro. Y cuando hice ‘Golosinas’, Madrid era un sitio en el que podías ver quizá una vez al año a esos cantautores catalanes, y a Ruper Ordorika, y a Oskorri… Ahora creo que cuesta más.

Como decía, la figura del cantautor parecía anticuada en los 90. ¿Cómo lo hizo para conectar con el público joven?
Pues no lo sé. Para mí, fue una sorpresa ponerme a tocar con mi guitarra en Libertad 8 y que la gente estuviera ahí aprendiéndose las canciones. Aparecimos Javier Álvarez y yo, y conectamos con un público joven. Las compañías vieron la posibilidad de dirigirnos hacia el pop, y fuimos criticados por eso, porque teníamos un público, más aún Javier, que incluía a chicas muy jóvenes.

¿Qué cree que veían en usted?
No lo sé, supongo que por mi imagen no sería. Quiero pensar que es por las cosas que cantaba. Luego vino Ismael (Serrano) y su público fue más claramente reivindicativo.

"No veía ‘Contamíname’ como un ‘hit’. Nunca vi ‘hits’ en mis canciones"

Un punto de inflexión lo marcó ‘Contamíname’, que antes de ser incluida en ‘Golosinas’ la cantaron Ana Belén y Víctor Manuel en ‘Mucho más que dos’. Ellos representaban cierto ‘establishment’ en la canción. ¿Tuvo reticencias?
No, Ana Belén ya había cantado una canción mía (‘Nadie sabe’) en el disco ‘Veneno para el corazón’ y los había conocido. No veía ‘Contamíname’ como un ‘hit’. Nunca vi ‘hits’ en mis canciones. Y nunca tuve problemas con ellos, todo lo contrario. Sé perfectamente lo que significan, pero también donde están, y considero que Víctor es un excelente compositor de canciones, aunque sé que hay gente que no lo valora en su justa medida. Y Ana me sigue pareciendo de las mejores voces. Mis canciones la grabaron más cantantes: ‘Las gafas de Lennon’ la grabó Paloma San Basilio. Si me llegan a pedir una canción para ella jamás le hubiera mandado esta, pero alguien se la hizo escuchar y dijo “la quiero cantar”. En aquella época, a quien me pidió canciones se las di, y quien se identificó las cantó. Y siempre me sentí responsable de la canción, no de la versión.

‘Contamíname’ quizá se adelantó a su tiempo con su loa a la convivencia entre culturas.
Carlos Fuentes, el escritor mexicano, escribió ‘El naranjo’, que habla del mestizaje, y en una entrevista utilizó el término ‘contaminación cultural’. Ahí se me ocurrió escribir la canción, que habla de la mezcla de culturas. Años después hice ‘Extranjeros’, más explícita, cuando ya habían empezado a venir pateras. Ese tema ya era uno de los ejes del Taller Canario. Porque Canarias, geográficamente es África, pero es Europa, y emocionalmente y de corazón somos más latinoamericanos. Ahí, lo de la emigración siempre se entendió bien.

Para grabar un disco a veces se dispone de unos meses, pero el primero puede incluir canciones hechas a lo largo de muchos años. ¿Fue el caso de ‘Golosinas’?
Sí, yo traigo a Madrid tres cintas de ‘cassettes’ llenas de canciones mías, yo era tremendamente prolífico entonces, tenía todo el tiempo del mundo para hacer canciones. En esas cintas hay cinco, seis o siete canciones que irán a ‘Golosinas’, y las otras las compongo en ese primer año en Madrid. ‘Golosinas’ es como el cierre, el resultado de todo ese año y pico en que estuve cantando en Libertad 8.

"‘Golosinas’ es un disco muy osado. Ahora sería imposible que lo sacara una multinacional"

¿Ve ahora los motivos por los que el disco tuvo éxito?
Pues no lo sé. Me he dado cuenta de que ‘Golosinas’ es un disco muy osado, un primer disco en directo con muchas canciones, 17, de las que tres cuartas partes son solo de guitarrra y voz. Ahora sería imposible que lo sacara una multinacional. En estos conciertos, las canto una detrás de otra, y veo que la gente va conectando con todas, no solo con una. Esto hacía años que no me pasaba. Y es verdad que recuperando este trabajo me vuelvo a encontrar con un público que había dejado de venir a los conciertos, que quiere revivir aquella época. Vuelvo al Palau, donde hacía una década que no actuaba, porque iba a locales más pequeños.

El primer ‘single’ de aquel disco fue ‘Biografía’, que pasados los años no figura entre sus canciones más populares.
No logré que fuera a la radio una canción a voz y guitarra como ‘El marido de la peluquera’. Esta y ‘Deseo’ son las canciones que más han llegado a la gente, por encima incluso de ‘Contamíname’.

El disco era variado de temáticas y tonos poéticos: costumbrismo social, intimismo, sensualidad.
Ninguno de mis discos va en una única dirección, excepto algún monográfico, como ‘Hijas de Eva’. En mis canciones suele haber una combinación de temática social, relaciones de pareja y luego hay otras que son más personales, canciones para intentar conocerte mejor.

Es común que los primeros discos de los artistas se conviertan en fetiches que parecen insuperables, con cuyo recuerdo y aura no pueden competir las obras posteriores del mismo artista. ¿Puede ser frustrante?
Yo mismo, al disco de Silvio Rodríguez al que le tengo más cariño es ‘Al final de este viaje’, el primero suyo que escuché, aunque puedo decir que hay canciones espectaculares suyas en otros álbumes. Pero hay que pensar en el momento en que la gente llega al disco: tienes una edad, descubres un artista y eso pasa a formar parte de un proceso vital. Vives un idilio con el artista y esas canciones, que pasan a formar parte de la banda sonora de una época. Luego, cuando llegan los siguientes discos, ya te conocen y las canciones llegan de otra manera. Probablemente muchas de mis mejores canciones están en ‘Golosinas’, pero hice otras luego que forman parte fundamental de mi repertorio. Pero ya no es lo mismo. Ya no está ese componente emocional.

"La primera vez que actué en el Palau canté con Marina (Rossell) y Lluís (Llach), y siempre he tenido un respecto enorme por Catalunya como cultura diferente"

Y los siguientes discos ya no llegan a la generación sucesiva porque las plataformas de difusión han cambiado de ciclo.
Exactamente, esa ola de los cantautores comenzó en 1994, duró dos o tres años, y luego se pasó a otras cosas. A artistas como Bebe, por ejemplo. Y entonces salieron 200 imitadores de Bebe. Yo pasé de sonar mucho en la radio a desaparecer. Y lo mismo con la televisión.

Vuelve a Barcelona, en  un momento delicado: juicios y tensión en torno al probable adelanto electoral. ¿Cuáles son sus sensaciones?
Mi relación con Catalunya y con la cultura catalana siempre fue muy potente. La primera vez que actué en el Palau canté con Marina (Rossell) y Lluís (Llach), y siempre he tenido un respecto enorme por Catalunya como cultura diferente. Yo soy de los que piensan que debería haberse hecho un referéndum de autodeterminación hace años. Ese derecho no se puede negar. A partir de ahí, ha habido un conjunto de errores. Lo de los juicios me parece una barbaridad. Que los vayan a juzgar por algo que no han hecho... Pero todo se ha ido enfangando y se ha llegado a una situación un poco delirante. Ahora mismo, para mí, el miedo, el terror, el lobo, está en la posible subida de la ultraderecha. Un panorama de tripartito con el PP, Ciudadanos y Vox sería terrible, para los catalanes y para todos. Yo, por eso, no sé si yo pondría el tema de la autodeterminación como prioridad absoluta por encima de todas las demás cuestiones. Y me encantaría que los catalanes siguieran formando parte del mismo proyecto en el que estoy yo, pero por supuesto en un estado diferente. Dicho esto, creo que da un poco igual lo que yo piense o diga. Mi posición: hay que buscar los puntos de encuentro, hablar, dialogar y buscar una salida donde no salga nadie perjudicado. Es lo que llaman ahora equidistante, ¿no? (ríe) No sé…

Bien, ¿cree que volver a ‘Golosinas’ con estos conciertos va a tener un influjo en sus siguientes pasos como compositor?
Seguro que sí. Hay episodios que son como puentes, momentos en que uno decide tomarse un tiempo para escribir canciones. Porque me preocupa mucho que mis nuevas canciones empiecen a parecerse mucho a otras anteriores. Lo he visto en artistas que he admirado mucho.