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CRÓNICA

Wilko Johnson en Apolo, como decíamos ayer

El guitarrista se mostró en forma rescantando clásicos de Dr. Feelgood y picoteando su nuevo disco, 'Blow your mind', en una noche que abrió con nervio el tejano Jesse Dayton

Jordi Bianciotto

Wilko Johnson, en la sala Apolo

Wilko Johnson, en la sala Apolo / FRANK VINCENT

Más allá del prodigio clínico y de la emotividad que ha envuelto su regreso al mundo de los vivos, tenemos a un Wilko Johnson que nos demuestra su plena recuperación haciendo lo que siempre hizo: conciertos fieros, de impetuoso trazo guitarrístico, con los que defender la vigencia eterna del rhythm’n’blues y el rock’n’roll. Como el de este domingo en Apolo, cinco años después de que la ciencia le diera por desahuciado.

El que fuera guitarrista de Dr. Feelgood en los años 70 no se estruja la cabeza a la hora de confeccionar sus repertorios, y el de la otra noche no se distanció demasiado del que ofreció hace tres años en la sala vecina, el Teatro Apolo, justo después de su recuperación. La novedad fueron las citas a su reciente ‘Blow your mind’, su disco de resurrección, como ese ‘That’s the way I love you’ que abrió la sesión a toda mecha. Johnson tuvo que esmerarse para marcar territorio después del fogoso pase de Jesse Dayton y su trío, muy aplaudido por su genuino rock’n’roll con acentos y especias tejanas, arrastrando una trayectoria con una decena de discos (y colaboraciones con Johnnny Cash y Waylon Jennings).

Salvaje delicadeza

Johnson no tardó en acudir a sus cartas habituales, como ‘If you want me, you’ve got me’ y el correoso clásico de Dr. Feelgood ‘Going back home’, con su voz hermosamente abollada y el rasgueo de las cuerdas con la mano desnuda. Hay que seguir admirando su técnica con la Telecaster, siempre sin púa, tanto los precisos manotazos en los que sustenta los ‘riffs’ como los despreocupados pero certeros arpegios que suministró a ese curioso esbozo de reggae llamado ‘Dr. Dupree’.

No pasó por alto una de las canciones recientes más oscuras, ‘Marijuana’, que compuso en un momento bajo de su tránsito hospitalario (“en la oscuridad hay un reloj que va marcando mi tiempo”), haciendo de tripas corazón y rearmándose para los furiosos asaltos al hito ‘Roxette’ y a un ‘When I’m gone’ en el que jugueteó con sus dos cómplices, el venerable Norman Roy-Watt al bajo y el batería Dylan Howe. Ahí rebajó un poco Johnson la intensidad, frenando la canción, retomándola, manoseándola y permitiendo (como en ‘Everybody’s carrying a gun’) fugaces lucimientos a sus colegas.

Fue, en fin, un Wilko Johnson que a los 71 resulta un poco menos devastador que en los viejos tiempos, si bien pocas quejas se pueden alegar ante asaltos expeditivos como los de ‘Back in the night’ y ‘She does it right’, últimas postales de sus días con el pobre Lee Brilleaux y sus Dr. Feelgood. Las revivió reservándonos algunas de sus poses de leyenda, apuntando al público con la guitarra como si fuera una metralleta con mirada de loco peligroso. La noche dio todavía para una propina, un ‘Bye bye Johnny’, de Chuck Berry, estirado con excesiva generosidad, con el que recordar los orígenes de todo.

Temas: Sala Apolo