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LA DAMA DE NEGRO EN EL ESCENARIO

Dos flirteos con la muerte en escenarios catalanes

El mago puertorriqueño Reynold Alexander ejecutará en el festival internacional de magia de Badalona el número del hombre que atrapa una bala con los dientes

El festival internacional de circo Elefant d'Or de Girona acogerá el número de la rueda de la muerte de la compañía colombiana The Flyers Valencia

Mauricio Bernal

El mago George Grimmond ejecuta el truco de la bala.

El mago George Grimmond ejecuta el truco de la bala. / BETTMANN

Está considerado uno de los números más peligrosos en el mundo de la magia: atrapar una bala con los dientes. El libro ‘Twelve have died’, publicado en 1986 por el mago estadounidense Ben Robinson, documentaba los casos de 12 ilusionistas muertos hasta entonces en el escenario intentado ejecutarlo. En el 2005, en Sudáfrica, murió el número 13. A los magos les gusta decir que es un número maldito. Harry Houdini murió sin llevarlo a cabo: decía que le daba miedo. Pocos se atreven con el truco. De ese calibre son los antecedentes que envuelven la presentación del mago puertorriqueño Reynold Alexander en la 19ª edición del Festival Internacional de Màgia Memorial Li Chang, este febrero en Badalona. En el Teatre Zorrilla, Alexander se va a poner delante de una Magnum 357. Luego, en un momento dado, va a pedir que le disparen; y, damas y caballeros, va a atrapar la bala con los dientes. O no.

El libro 'Twelve have died' documenta la muerte de 12 magos en el escenario intentando el truco de la bala

Quizá porque los planetas están alineados en una combinación mágico mortífera, también este febrero y también en Catalunya los hermanos colombianos Carlos y Robinson Valencia, The Flyers Valencia, se presentan en Girona, en el Festival Internacional del Circ Elefant d’Or, con otro número de categoría espeluznante: la rueda de la muerte. No se llama así porque sí. Se llama así porque la dama ronda por ahí. Pasos en falso han acabado en largas temporadas en el hospital. El Cirque du Soleil tiene la suya propia, y los expertos la consideran uno de sus números más peligrosos. Dos hombres sin protección subidos a un artefacto giratorio. Dos cestas en cada extremo. Lo hacen girar con sus propios cuerpos, cada vez más rápido según avanza el espectáculo. Saltan, se dejan caer, cambian de cesta. Y burlan a la vieja dama.

Muerte en el escenario

"Es súper peligroso", subraya Alexander por teléfono. A principios de siglo, el mago puertorriqueño era conocido en su país por sus números extremos –actos con nombres elocuentes como ‘La tortura china’ o ‘Escape de la camisa de fuerza con la soga en fuego’–, y un día lo conquistó el convencimiento de que lo único que le quedaba por hacer era el número de la bala. "Mi público estaba acostumbrado a los retos peligrosos, así que decidí hacer el acto más peligroso de todos". Era el año 2008. El escenario, el Teatro de Bellas Artes de Puerto Rico. El recuerdo del 13º muerto aún estaba fresco, pero ya no había marcha atrás. Alexander salió airoso, y luego ejecutó el número dos veces más, para la televisión de su país en el 2012 y en una velada en la República Dominicana unos meses más tarde. Desde entonces no lo ha vuelto a hacer. "No es algo que haces todas las noches", dice. Su amistad de años con Enric Magoo, organizador del festival badalonés, lo ha persuadido de hacerlo otra vez.

"Tengo entendido que han muerto dos personas", dice uno de los hermanos Valencia de The Flyers Valencia

El caso más famoso y mejor documentado de un mago muerto intentando hacer el truco de la bala es el de Chung Ling Soo, el 23 de marzo de 1918 en el Wood Green Empire, en el norte de Londres. Ling Soo no atrapó la bala con los dientes; en cambio, murió instantáneamente en el escenario. Las cortinas se cerraron. Se especuló con la posibilidad de un homicidio, puesto que el encargado de disparar era el agente del mago, envuelto en una aventura amorosa con su esposa, pero la policía zanjó el tema con un dictamen de muerte accidental. El mago Alexander lamenta no haber hecho el truco en el 2018, para conmemorar el centenario del muerto más famoso del número de la bala, pero no demasiado, porque no era a Ling Soo a quien quería rendir homenaje la primera vez que probó el sabor de un proyectil, sino al mago Houdini, que nunca tuvo el coraje de masticar el plomo de una bala de Magnum recién disparada.

Uno de los hermanos Valencia en la rueda de la muerte. / EL PERIÓDICO

Una rueda peligrosa

Los hermanos Valencia son expertos reconocidos en el arte de la rueda más peligrosa: la de la muerte. Tercera generación de una estirpe de familia de circo, empezaron a jugar desde muy pequeños con lo que tenían a mano, un trapecio por aquí, una rueda de la muerte por allá. A los 14 años se dedicaron a entrenar en serio, se volvieron especialistas en la rueda y pocos años después emprendieron sendas carreras internacionales: Carlos en el Circo Nock de Suiza y Robinson en el Cirque du Soleil. Siempre en la rueda de la muerte. El año pasado decidieron juntarse y crear su propia compañía, The Flyers Valencia, los voladores hermanos Valencia, cuyo número estrella, por supuesto, gira en torno al artefacto con apellido oscuro. ¿Es posible que se llame así porque alguien ha perdido la vida jugando entre sus hierros? "Tengo entendido que han muerto dos personas en el escenario", dice Robinson, para acto seguido recordar que es un acto sin red de seguridad. "No hay espacio", explica. "La rueda se saldría de la carpa".

"Si en el momento en que mi hermano salta yo le cambio la velocidad, lo más seguro es que se caiga"

"El acto gira en torno a un aparato de 8 metros y 600 kilos de peso. En cada extremo hay dos ruedas de dos metros cada una y dentro de cada rueda estamos nosotros. En el centro de la estructura hay un eje que le permite girar 360 grados. La hacemos girar. Ejecutamos saltos, giros, acrobacias, inversiones de canasta a canasta y al final un salto mortal". Robinson explica que la clave de todo esto, el ingrediente fundamental que puede desembocar en un paso en falso y una caída, es decir: lo que más cuidan una vez que la rueda está girando, es la velocidad. "Si en el momento en que mi hermano va a saltar yo le cambio la velocidad, lo más seguro es que se caiga. Es un trabajo de dúo, de coordinación. Dependemos el uno del otro".

Una bala marcada

El ruido que produce el disparo de una Magnum 357 en un sitio cerrado puede crispar a mucha gente. Lo sabe bien el mago Alexander. Hay gente que durante la preparación del número no puede soportar la angustia y abandona la sala. Gente que llora. "Y por supuesto, gente que piensa que es mentira", dice. "Pero yo digo: no vale la pena arriesgar la vida y que después el público piense que es una patraña. Así que tomo medidas". Medidas: alguien del público examina el revólver. La bala es marcada, tanto el plomo como el casquillo. Se pone un cristal entre el revólver y el mago para que se rompa con el disparo. "Cuando atrapo la bala con la boca se puede identificar que es la misma bala, deformada por el disparo. El revólver se abre y también se puede ver el casquillo prensado". A la pregunta primordial pero sencilla de por qué un hombre querría por voluntad propia hacer algo en lo que otros han perdido la vida antes que él, el mago puertorriqueño responde con facilidad: "Es lo que hago". Un mago es un mago. Hace lo que hace y no revela sus secretos.

"Mi público estaba acostumbrado a los retos peligrosos, así que decidí hacer el más peligroso de todos", dice Alexander

La relación de caídas graves y menos graves en la rueda de la muerte está disponible en la caótica hemeroteca de internet, y lo que llama la atención no es tanto el inventario de meses pasados fuera de los escenarios o el número de huesos rotos por caída como el hecho de que en casi todos los casos, los protagonistas son latinoamericanos. "Sí, es así", dice Robinson Valencia. “Nos llaman los latinos locos". Dice que él nunca se ha caído, pero su hermano sí: "Una vez, por un fallo mecánico en la rueda. Cayó desde seis metros y cayó de espaldas, pero por fortuna no le pasó nada. Es un número arriesgado".

El hombre de la foto que acompaña este reportaje es George Grimmond, mago británico fallecido en 1985 que hizo el truco de la bala más de 100 veces. Ben Robinson, el hombre que documentó las 12 muertes en el escenario, también forma parte de este club del arrojo, aunque merece ser subrayado que la primera vez que lo hizo, a los 25 años, su novia acababa de dejarlo y estaba deprimido, y en el fondo no le importaba mucho morir. Pero sobrevivió.

El mago Reynold Alexander presentará su número 'Bullet catch' en el Teatre Zorrilla de Badalona los días 23, 24 y 25 de febrero. The Flyers Valencia actuarán en la Gran Carpa de Mart - La Devesa, en Girona, del 15 al 18 de febrero.

Temas: Magia Circo