Ir a contenido

OBITUARIO

Salvador Távora, el "andaluz trágico" que hizo del teatro un ruedo de lucha social

El fallecido director teatral sobresalió por su estilo renovador, alejado de los tópicos de Andalucía pero fiel a su esencia

Marta Cervera

Salvador Távora.

Salvador Távora. / ANDREU DALMAU (EFE)

El dramaturgo y director teatral Salvador Távora ha muerto en la madrugada de este viernes en la Clínica Fátima de Sevilla a los 88 años. Luchaba contra el cáncer desde hacía años. Será enterrado en el Cementerio de San Fernando.

El teatro español se ha quedado huérfano de una gran figura, alma de La Cuadra de Sevilla, cuyos montajes impactaron tanto dentro como fuera de España. Su lenguaje universal fiel a sus raíces andaluzas y a sus ideas liberales siempre se alejó de tópicos. Apostó por un teatro comprometido y en constante evolución. Basta ver el camino recorrido entre el grito por la libertad de 'Quejío', su primer y rompedor montaje realizado con elementos tan básicos como cuerdas, un bidón metálico y piedras, y su impresionante versión flamenca de la ópera 'Carmen' estrenada con éxito en el Festival Castell de Peralada, donde presentó algunos de sus trabajos más ambiciosos.

Un andaluz trágico

"Yo soy un andaluz trágico, casi un andaluz, como decía Lorca, de la vida y de la pena", aseguró cuando le concedieron el Premio Max honorífico. Criado en el humilde barrio del Cerro del Águila de Sevilla, Távora entró a trabajar en una fábrica de hilaturas con 14 años, algo que le marcó. Sus obras, realizadas desde la máxima libertad y honestidad, denunciaban la injusticia social. Dotó sus espectáculos de verdad, profundidad y poesía. La historia, la literatura, la lucha obrera y sus primeras pasiones, la tauromaquia y el flamenco, alimentaban su trabajo. Távora no cejó en sus intentos de transformar el mundo con la cultura. Al final de su carrera puso en marcha Távora Teatro Abierto, una sala en régimen de cooperativa en el extrarradio de Sevilla, en el mismo polígono industrial donde trabajó siendo adolescente.

"Fue un gran luchador por los derechos de los más desfavorecidos", ha recordado el Ministro de Cultura, Javier Guirao.

El sur y los cantes que mamó desde pequeño impregnaron sus creaciones, desde su primer y rompedor ‘Quejío’ (1972) al último, ‘Memorias de un caballo andaluz (2013). Cantaor -grabó varios discos- y torero, Távora se acercó al teatro con total libertad. Prefería la acción al discurso, la palabra cantada. Comunicaba a través de emociones, sonidos e imágenes. "Era uno de nuestros referentes. En sus espectáculos solía incorporar máquinas, algo que nos fascinaba", ha señalado Carles Padrissa, miembro de La Fura dels Baus.

Impresionante trayectoria 

Entre sus obras figuran piezas como ‘Herrramientas’ (1977), ‘Andalucía amarga’ (1979), ‘Nanas de espinas’ (1982) creada a partir de textos de García Lorca y ‘Piel de toro’ (1985), que se montó en el Mercat de les Flors convertida en una gran plaza.

Adaptó ‘Las Bacantes’ (1987) de Eurípides y ‘Crónica de una muerte anunciada’ de García Márquez. Esta última, estrenada en el Festival Latino de Nueva York, se convirtió en un canto a favor de la gente del sur tanto de América como de Europa. Su siguiente espectáculo fue una reflexión sobre su tierra: ‘Alhucema (Aires de historia andaluza)'. Después vendrían su incursión en el mundo de uno de los genios del siglo XX, ‘Picasso andaluz o la muerte del minotauro’ (1992), y su impresionante ‘Carmen. Ópera flamenca de cornetas y tambores’, que después de Peralada viajó por el mundo entero.

Su lenguaje atrajo pronto la atención internacional. Távora acostumbraba a realizar grandes giras con sus espectáculos por todo el mundo, especialmente con ‘Carmen’, uno de los más solicitados. ‘Don Juan en los ruedos’ (2000) resultó polémica en Catalunya por el uso de animales; de hecho se presentó en Peralada sin el fundamental toro de lidia. 

"Távora fue un gran defensor de su tierra y siempre sintió una conexión especial con Catalunya, tierra que admiraba", recuerda Toni Albadalejo, productor y exhibidor. El Poliorama acogió su última propuesta en Barcelona hace dos años, ese desgarrador 'Quejío', tan necesario ahora como lo fue en su estreno hace más de 45 años.