09 abr 2020

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CRÓNICA DE CONCIERTO

Jacob Collier, para el niño que hay en ti

El joven portento británico presentó el viernes su segundo disco en Razzmatazz

Roger Roca

Jacob Collier, en Razzmataz, el viernes.

Jacob Collier, en Razzmataz, el viernes. / MARTÍ FRADERA

Djesse eres tú y soy yo. Djesse es el niño al que le gusta jugar. Djesse es "el niño que hay en ti", remata Jacob Collier en la presentación en Barcelona de su nuevo disco, 'Djesse'. "¿Algún adulto en la sala?", pregunta. Un gran "¡nooo!" y muchas risas. Claro. Visto así, ¿quién quiere ser adulto? ¿Quién quiere ser aburrido? !Yo no!

Collier, con pinta de adolescente desaliñado y brillante anda arriba y abajo del escenario con un micrófono de diadema, como si en lugar de un concierto esto fuera una charla motivacional. Los directos del joven portento británico, que de la noche a la mañana saltó de Youtube a las giras mundiales y los premios Grammy, no son aptos para cínicos ni para gente que ya está de vuelta de todo. Aquí todo es pensamiento positivo, dinamismo e ilusión. "¿Todos tenemos nuestro propio universo musical, ¿verdad?", pregunta. "¡Sí!", responde Razzmatazz en pleno. "Pues yo tengo cuatro", dice sin ironía. Por eso 'Djesse' solamente es la primera parte de un disco cuádruple. Por eso 'With the love in my heart', el single hipercinético que abre el concierto, parecen varias canciones a la vez engarzadas una sobre la otra. Porque a Jacob Collier, chico prodigio del pop alambicado, se le acumulan las ideas. Y a su público le encanta toda esa maraña de armonías y ritmos complejos. Una maraña que se digiere bien porque en realidad envuelve un fondo romántico y dulzón. "¿Cuántos tiempos había en ese compás?", pregunta tras una canción de ritmo particularmente alambicado. "¡Cinco y siete!", responden sin dudar desde las primeras filas. Correcto. No es solo Collier, esto está lleno de mentes afiladas.

Hasta ahora, en directo Collier armaba esas filigranas él solo, pero en esta gira se acompaña de tres músicos. Y aunque todo suena más rico y contundente que antes, con una banda a su lado Jason Collier se vuelve más convencional. Parece más humano. O menos avatar. No es que haya perdido ninguna de sus asombrosas facultades, claro. Todavía salta de un instrumento a otro sin parar, maneja los tonos de las canciones como si la armonía fuera cosa de críos o se saca de la manga trucos con la guitarra que ponen los ojos como platos. Pero al final, solo frente al teclado, es cuando da la estocada. Primero con 'Lean on me' del soulman Bill Withers y luego con 'Blackbird' de Paul McCartney, Collier pone el público a cantar como si fuera una tecla más de su instrumento. La sala es un gran coro que se emociona un poco más a cada vuelta de estribillo, mientras Collier, radiante, pletórico, toca el teclado con una mano y con la otra dirige a la gente. Y al final tampoco es cuestión de creerse eso del niño que hay en ti, pero hasta el más descreído tiene que admitir que a Jacob Collier, además de las armonías y los ritmos extraños, se le da bien contagiar ilusión.