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CRÓNICA

Fito Páez, una montaña rusa emocional

El músico argentino ofreció un hiperintenso recital en solitario en el Auditori en la apertura del festival Guitar BCN

Jordi Bianciotto

Fito Paéz, en el Auditori, el jueves.

Fito Paéz, en el Auditori, el jueves. / ELISENDA PONS

Si el festival Guitar BCN precisaba de un artista de talante más grande que la vida para abrir su 30ª edición, una figura que resumiera el valor y el alcance de la canción en comunión con el público, Fito Páez era su hombre. Autor de altos vuelos y presencia expansiva, el cantante y pianista de Rosario metió este jueves al público del Auditori en una montaña rusa emocional dando contenido al título de la primera pieza, ‘El mundo cabe en una canción’.

Todo ello, sin más ayuda que su voz provista de deficiencias técnicas pero con poder de conexión con el oyente, y de un piano que tocó con espectacularidad. Así es Fito Páez, más intenso que intensito, porque la actitud vehemente con que defiende sus canciones suele ser proporcional a la nobleza de las materias primas, y la consistencia pesa más que la pose. Canciones que aborda como si le fuera la vida, como ‘Dar es dar’, que animó a cantar alzando los brazos y apuntando al público con los índices.

Bob Dylan, "la Biblia"

Esta gira en solitario, como la que le trajo al Palau en el 2008, le permite soltarse en improvisaciones con poso de blues como la que acompañó al ‘medley’ encabezado por ‘She’s mine’ y coronado por la breve cita (lástima) a ‘El amor después del amor’. Sí, una de sus grandes canciones, al igual que ’11 y 6’, que vino después, antes de citar a Dylan, “la Biblia”, en su adaptación de ‘Ring them bells’, que dedicó a su amigo el escritor Rodrigo Fresán. Un apunte irónico a favor de “las cosas importantes”, porque “no todo es la pelotudez de Instagram”.

Aunque Fito Páez se basta y se sobra para llevarse por delante cualquier escenario, hasta el del Camp Nou si se le pusiera a tiro, en algunas canciones le acompañó un invitado, Juani Agüero, con acordes de guitarra acústica y algunos punteos en piezas como ‘Tu vida mi vida’. De las gradas iban cayendo peticiones de canciones que él ventiló sin contemplaciones. “¿Pero te pensás que esto es un karaoke? ¡En la música no existe la democracia, solo en el free-jazz!”.

Argentina "ensimismada"

Sus composiciones suelen hacer gala de una riqueza melódica y armónica (ahí estuvo la evocadora instrumental ‘Waltz for Marguie’), pero también las hay más lineales y narrativas, de modelo ‘dylaniano’. Ahí la palma se la llevó la letanía de ‘La casa desaparecida’ con sus once minutos de descarnada historia moderna de su país. “Una canción que no hubiera querido escribir nunca”. De las Malvinas al “campo de espinas” de una “Argentina ensimismada” que, a pesar de todo, “contiene la enciclopedia de uno mismo”, con un fragmento, medio sentimental medio irónico, del ‘Libertango’ de Piazzolla.

Lecho doloroso desde el cual coger impulso para favoritos populares como ‘Mariposa tecknicolor’, ‘Yo vengo a ofrecer mi corazón’ (versión ‘a cappella’ y desenchufada) y ‘Al lado del camino’. Y un bis último con ‘Y da le alegría a mi corazón’, encontrando la luz tras dejarse, una vez más, la piel en el camino.